Cuando nos enfrentamos a la enfermedad

‘Sacrificio’. Marta Agudo. Bartleby Editores. Madrid, 2021. 70 pp.

Una sensibilidad poética esencial no halla complacencia sino en el desvelo, en el mecanismo que tensa, aísla y armoniza el ser con el mundo. Una sensibilidad que se repliega sobre sí misma para hallar la herida y hurgar en ella hasta encontrarse. Sacrificio es la cuarta entrega lírica de Marta Agudo.

Tras interrogarse por la existencia, el dolor y la enfermedad en su anterior libro de poemas, Historial (2017), es en este último, Sacrificio, donde la propia escritura poética condensa un nuevo orden, una propuesta de desandar lo andado, de convencernos que el ser no tiene salvación; una obra que nos hace reflexionar sobre la esencia de persistir tras un proceso convaleciente.

Una cincuentena de textos componen el libro, en concreto, cuarenta y nueve textos numerados y un epílogo. La escritora madrileña ha elegido la tensión y la fuerza expresiva que debe contener todo poema en prosa que se precie en serlo. Esta elección de Agudo es, ante todo, un modo de ver(se), porque importa la revelación de todos los recovecos del ser, desde la luz y la sombra. Con todo, tiene la poesía de Mata Agudo un componente narrativo, pues necesita dar cuenta de los estratos más profundos de la realidad. La soledad, el daño, la enfermedad, el tránsito de la vida a la muerte, la curación nunca aparecen de un modo abstracto, sino que se conectan con el cuerpo, son términos corporeizados, mediante el uso de un lenguaje surrealista, dotado de plasticidad y de movimiento interior. Aunque el sujeto poético está muy presente, no cae en sentimentalismos ni tampoco en un estado patético; se vale de un uso del lenguaje que desbordaría el cauce del verso. Como puede verse ya en el segundo texto: “No busqué más nombre que el común, su timón de neuronas. Mira esta cicatriz sin herida, oscuridad sin noche…”. Si bien es verdad que la pausa del verso figura en estas líneas, como ella misma teorizase y compilase, junto a Carlos Jiménez Arribas: Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005). En otras ocasiones, no evita caer en el aforismo: “Rehenes de una tecla. Distopía del viejo examen”; o en este otro: “Depender es tener que dar las gracias permanentemente”.

De acuerdo con Alberto García-Teresa, este libro destaca por combinar “la resonancia del poema-río con la construcción por acumulación”. Los recursos de repetición, tales como la gradación y polísindeton, refuerzan la cohesión del conjunto. El inicio de la exploración radica en el mismo centro de la herida: “No es un estado, es una condición. / Estar enferma. / Puro centro, puro milímetro donde asentir lo humano”. Más adelante matizaría: “No es la espina, es la enfermedad desde el momento uno de la existencia”. También cuando el agotamiento llega al límite y la mente hace flaquear: “Vuelvo a este decir retráctil porque mi hígado va olvidando el interior de mi cuerpo. Voluntad suicida. Nada puedo entonces recriminarle”. La resignación llega a reconfortar en las composiciones séptima y múltiplos de 7, cuya reiteración desemboca en un mantra esperanzador: “He tenido que llegar hasta aquí para”. Otros recursos como las sinestesias cobran un valor de evocación: todo recuerda a algo, así: “Piensa el tacto, huele la escucha, saborea hasta el hueso tanta hoja incendiada”. Todo ello provoca que su lectura sea recurrente, pues los referentes ocultan otros senderos que recorrer, una especie de laberinto por el que llegar al centro: “Sólo la idea de poder matarme me ayuda a vivir”. Sin embargo se dice a sí misma: “no quieras confesarte, no cedas sin más a este dolor que se diluye, origina y vocea su burbuja encendida”.

El decir breve en Sacrificio contribuye a crear un lenguaje elíptico, una atmósfera misteriosa, en las asociaciones ilógicas “saltar, serenamente, con la firmeza del pájaro en extinción”. Estas metáforas y el uso de términos médicos actúan reveladoramente sobre la profundidad del mensaje. En una de esas la escritora madrileña equipara la gramática al estado de salud, las relaciones entre los componentes y distintos niveles del lenguaje necesitan un orden como lo necesita nuestro cuerpo, se diría que reclama un orden espiritual sui generis: “Y la gramática: otro posible orden al que brindar la razón del sacrificio”. Cuando se nos enfoca la muerte parece difuminarse. Las aposiciones elípticas: “el hombre primero […], el hombre segundo […], el hombre tercero […] Ninguno supo entender”. También las interrogaciones que visten imágenes sorprendentes: “¿las huellas iniciales del sacrificio?”; y otras más existencialistas: “¿ser testimonio del transcurrir ajeno acelera su fin?”. Estas concisiones del hallazgo guardan una relación de concomitancia con la poética de Valente: el poema nace con voluntad de conocer todas sus propiedades pero no siempre saltan a la vista. Son numerosas las apelaciones a un tú, “ven aquí”, “pon”, “piensa”… De ahí se deduce que asociar realidad y concepto nace con el deseo de comunicación, aunque en una primera lectura no sea más que producto de la intuición. Son las capas que perturban y conmueven en Sacrificio, que propician un testimonio en la conciencia, donde Marta Agudo nombra lo que tanto nos cuesta nombrar, y ella procede con una creación intensamente lírica.

Jesús Cárdenas Sánchez

Autor/a: Jesús Cárdenas Sánchez

Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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