CriSSis

Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Capítulo 38. Moguer.

… y ahora es el momento de ponerse serios. Y hay que decirlo para que todos se enteren. Señores del gobierno, señores de la oposición, clase política en general: No podemos más.  Hay que decirlo muy claro. Habrá que decirlo muchas veces. No podemos. Otros dirán que sí se puede, pero la verdad es pura y dura. Es innegable. Estamos hartos.

Hartos de que nuestra sociedad se haya convertido en el lejano oeste. Harto de vivir en el miedo y con el miedo. Hartos de vivir para el miedo. No nos merecemos este castigo. Nunca más, que decían en otro tiempo que parece tan lejano que bien pudo haber pasado en otro país. Estamos hartos. Hartos de tener miedo. Hartos del miedo.

No sabemos qué está pasando aquí. Cuando se rompió todo esto tan larga y generosamente conseguido. Cuándo y quiénes rompieron en espíritu de la Transición y nos llevaron de nuevo al borde del año 36. Nadie se hará responsable pero es momento de exigir, como hacemos desde este su programa, Palos de Moguer, que alguien ponga freno.

Ustedes, como yo, como cualquiera, queridos radioyentes, lo que quieren es vivir tranquilos, vivir en paz. Salir a dar un paseo con los hijos. Tomarse unas cañas en el bar con los amigos. Ver un partido de fútbol sin que tengan que exigirle a ninguno que prácticamente se desnude antes de entrar en el campo.

Pero ese tiempo ya ha pasado. Estamos perdiendo la batalla contra el terrorismo. Porque se trata de esto, así de claro, y hay que decirlo así de claro también: los terroristas nos han vencido. Puede que vengan de desiertos lejanos o de selvas misteriosas, pero están aquí, y no sólo eso: están aquí y ya son como nosotros porque son nosotros. Cualquiera de nuestro entorno, el vecino, el que sirve la compra a domicilio, el que sella las quinielas, el portero de nuestras casas es un terrorista en potencia. Y algunos, sin duda, lo son. No se puede explicar de otra manera esta espiral de violencia decadente que nos rodea.

Ilustración de Manuel Martín Morgado.
Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Es un nuevo tipo de terrorismo. Cuando el problema vasco, salvo en ocasiones contadas y dolorosamente recordadas, se escogía a las víctimas por su valor de escándalo. Eso ya pasó a mejor vida. Ahora el terrorista ha aprendido. Tiene un máster en su negocio del horror. Mata a placer. Y mata a cualquier. Pone bombas en los trenes o acorrala a sus víctimas en un paso a nivel, o lo encierra en una puerta giratoria y lo acribilla.

¿Adónde hemos llegado? Y aún más, ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿Cómo se puede tolerar esto? ¿Hasta cuándo van nuestros políticos a mirar hacia otro lado y admitir que si no actúan ellos otros lo harán? ¿O es que el terror forma parte de una campaña en la que los propios políticos, supuestamente elegidos por el pueblo, están involucrados? ¿Qué hacen las fuerzas de seguridad del estado? ¿Es que ya no sirven? ¿Es que tendremos que dejar que sea el ejército el que patrulle por nuestras calles y nos permita pasear, tomar una caña con los amigos, ir a un espectáculo futbolístico?

Esto es intolerable y no se quieren enterar. Porque no tienen idea o porque les interesa que la situación siga como hasta ahora. O que empeore incluso. Los terroristas están entre nosotros porque son como nosotros. Son nosotros. Y cualquier cuidado que pongamos con ellos no servirá de nada si no hay un plan formado para combatirlos. Un plan duro que no deje títere con cabeza. Si se combate al fuego con el fuego, quizás tengamos que plantearnos que al terror se le combate con el terror. Casa por casa. Puerta por puerta. Muerto por muerto.

La policía fue incapaz de proteger la vida de Trajano Bermúdez, y eso que ya había sufrido hace unos meses un primer atentado. Bermúdez, como todos ustedes saben, queridos radioyentes, fue acribillado a la puerta del hotel donde vivía. Su escolta no pudo evitarlo. El asesino o asesino, enmascarado con el pasamontañas típico que es la marca del terrorismo, escapó sin que nadie, ni siquiera las cámaras de seguridad, pudieran localizarlo luego. Porque (¿y por qué no nos extraña?) las grabaciones de esas cámaras de seguridad han desaparecido. Y si un hombre como Trajano Bermúdez, con sus contactos a todos los niveles y su custodia policial y judicial ha caído víctima de esos pistoleros, ¿quién puede asegurarle a usted, señor que me oye, a usted, señora que me escucha, que no puedan convertirse en víctimas de este mal que azota a nuestro país?

Es hora de pasar a la acción. Es nuestra seguridad cuatro o cinco supuestas comodidades que en este momento quizá están de sobra. Porque hay que pasar a la acción. Porque la gente de bien quiere salir a pasear, tomarse una caña en un bar, ir al fútbol sin temor a no volver nunca. Porque estamos hartos y vivimos en la emergencia.

Sépanlo, pues, señores diputados y senadores: estamos hartos. Sépanlo, ministros y ministras del gobierno: hay que pasar a la acción. Si se va a derramar sangre, que no sea más la nuestra.

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