CriSSis

Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Capítulo 10. Micky & Borja.

 

—Micky, bandarra, ¿cómo andas?

—Ostia puta, Borja. Por aquí, tirando.

—¿Quemando rueda, mamón?

—A ver. ¿Y tú?

—Más liado que la pierna de un griego.

—Se dice que la pata de un romano, que no te enteras.

—Yo es que de dialectos, lo justito, ya sabes.

—Pues bien que sabes pedir los gin-tonics. ¿Cómo va la vida?

—De putísima madre. ¿Miraste lo mío?

—Lo miré. Lo miré. ¡Animal, mira por donde vas, hijo puta!

—Coño, ¿tan mala está la cosa?

—Que no, joder, un taxista de mierda, que no me deja pasar. Lo nuestro va viento en pompa.

—Oye, si estás conduciendo te llamo luego.

—Tengo el manos libres, descuida. Tú sigue a lo tuyo, niña.

—¿Es una taxista o qué?

—No me hagas explicar lo que tengo en el otro asiento, tontorrón. Que lo mismo tienes el teléfono pinchao.

—No me asustes, tío.

—Es broma.

—¿Entonces la cosa, bien?

—Que sí, joder. Mañana mismo vuelvo a llamar al banco. Tú no te preocupes. Es cosa hecha.

—¿Pero podré conseguirlo por ese precio?

—¿Un Lamborghini por tres mil euros? Pues claro. No es un Porsche, joder. Por ese te harían falta cinco mil.

—¿Y todo saneado?

—Como los bajos de una monja, sí. Cuidado con los dientes, niña.

—¿Y lo otro, cómo va?

—Mira, precisamente acaban de llamarme de la gestoría. Si no hay problemas, lo tenemos en dos días.

—¿Y la prensa y esas cosas?

Ilustración de Manuel Martín Morgado.
Ilustración de Manuel Martín Morgado.

—¿Qué prensa? A ver si tú te vas a creer que vivimos dentro de El hombre que mató a Liberty Balance. ¡Viva la libertad de prensa! Se callarán como putas, de eso ya se encargan los directores. Y si no, cuando destapen el pufo, no le importará a nadie.

—Que no son unos trajes, tú.

—No, ni tampoco una licencia de obras. Es legal.

—Dentro de lo que cabe.

—Y si no cabe, vaselina y a otra.

—¿Entonces los pisos serán míos?

—Ni hablar. Los pisos los pondremos a nombre de un paganini. No vaya  ser que de la vuelta a la tortilla y luego nos caiga un marrón con Hacienda.

—¡Pero si tu padre y el mío trabajan allí, mamón!

—Ya. Pero lo mismo se jubilan, o los retiran del cargo si entran los rojeras esos.

—No lo dices en serio.

—Claro que no. Pero mira, ya que no vamos a irnos con las maletas a Suiza…

—Todavía.

—Nah, mejor las Islas Caimán, que hay mulatas en tanga. Mejor que no nos localicen si hay algún fleco legal.

—Al paso que vas, mamonazo, te haces con un barrio entero.

—Siempre ganaba al Monopoly.

—Y yo al Cluedo. ¿Entonces lo de los coches, resuelto? ¿Y lo de los pisos expropiados también?

—También. Habrá que ir pensando en expandir negocios. Que el dinero quema.

—Te quemará a ti. Yo no puedo con tanto gasto.

—Deja la coca. Y las tías.

—Ya lo he intentado. Fueron las veinticuatro horas más horribles de mi vida.

—Mierda, te llamo luego. Niña, endereza.

—¿Qué pasa?

—La poli, joder. Que vienen flechaos detrás de mí y me están haciendo señas para que pare.

—Pues para.

—Un carajo. Que quemen gasofa un rato. Se van a enterar estos dos, como se pongan gallitos. Les va a caer un puro que ni se lo imaginan.

 

 

 

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