Clásicos básicos: ‘A Tribute to Jack Johnson’ de Miles Davis

4 de julio de 1910. Un joven boxeador negro llamado Jack Johnson convierte en metáfora su aplastante victoria sobre el decadente ídolo blanco James J. Jeffries. Rompiendo los dóciles roles que la sociedad norteamericana adjudicaba a su raza, el primer campeón negro de los pesos pesados extendía su desafío al ámbito social, adquiriendo lujosos coches, incluyendo entre sus hábitos a la literatura y la música, y presumiendo de virilidad con un ajustado calzón. En definitiva, asimilando su posición a la del blanco dominante. Johnson pagó cara su osadía aunque sesenta años después Miles Davis se encargaría de restituir su gloria de la mano de… Miles Davis. A Tribute to Jack JohnsonColumbia, 1971

“Tenía en mente aquel movimiento deslizante que los púgiles empleaban, como paso de danza o como el avanzar de un tren”. Miles explicaba en su autobiografía (Miles Davis, Quincy Troupe: Miles. La autobiografía. Primer Plano. Ediciones B. 1991) el punto de partida de su flamante trabajo. Absolutamente imbuido y convencido de una orientación eléctrica próxima al rock que había levantado ampollas entre sus veteranos seguidores acústicos, además de dar históricos frutos de la dimensión de In A Silent Way (1969) o Bitches Brew (1970), el trompetista de Alton, Illinois, recibía el encargo de elaborar la banda sonora para un documental dirigido por William Clayton y centrado en la biografía de Jack Johnson. En la propuesta, Miles encontró el justo punto de conexión entre su entusiasmo por el boxeo, su reivindicación racial y un apasionado interés por el rock y el funk, derivado de la influencia de Sly & The Family Stone, James Brown o Jimi Hendrix. Tampoco faltaron en el cóctel ciertos paralelismos entre su vida y la de Johnson, dos negros de espíritu rebelde triunfando en un mundo de blancos.

Partiendo de un elemento rítmico de sincopada marca y rotunda definición donde se entrelazaban rastros de blues, jazz, funk y rock, Miles construyó el álbum sobre dos extensas composiciones que, a modo de cómodo colchón improvisador, superaban los veinticinco minutos de duración. “Right Off” surgió de una espontánea e intensa jam felizmente grabada. Le seguía “Yesternow”, una pieza más espaciosa y cuidada, dedicada a James Finney, el peluquero que Miles compartió con el amigo Hendrix. El propio Miles, inmerso en una centrada etapa física y mental, y el guitarrista John McLaughlin marcaron en gran medida los momentos álgidos de ambas sesiones, encastrados en un exuberante turno de intervenciones con una guitarra que equiparaba su rol al que jugaba en el rock y con la relación individuo-grupo deparando episodios mágicos. De hecho, la nómina de músicos tiraba de espaldas y muchos de ellos lideraron posteriormente  sobresalientes aventuras a su propio nombre, instigadas por las sonoridades eléctricas de este A Tribute… y de otros álbumes de Davis: Steve Grossman (saxo), Herbie Hancock (teclados), Michael Henderson (bajo) y Billy Cobham (batería), además de McLaughlin, aportaron un brillante discurso, más ordenado y accesible que los fragosos ecos de posteriores entregas, bajo la producción del habitual Teo Macero.

El álbum no obtuvo demasiada resonancia ni siquiera en los círculos más cercanos al Miles eléctrico. Y en ello tuvo bastante que decir la escasa promoción que Columbia otorgo al disco, mucho más interesada por los rentables y fundamentales capítulos del Davis acústico o por otras obras eléctricas más renombradas. La edición de la caja remasterizada de cinco CD The Complete Jack Johnson Sessions (2003) ensanchó su perspectiva histórica, contextualizando con generosidad su pulso creativo de la mano de un extenso lote de temas, inéditos y demos, alguno de los cuales se publicaron en su momento en postreros discos como Live Evil (1971), Big Fun (1974), Get Up With It (1974) y Directions (1981).

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Salvador Catalán

Autor/a: Salvador Catalán

Desde hace más de veinte años desarrollo mi labor profesional en el ámbito de la gestión cultural universitaria. Durante este tiempo también he abordado una permanente colaboración como crítico musical en medios generalistas (Diario de Cádiz, Diario de Sevilla, La Voz de Cádiz,...) y especializados (Rockdelux) y como programador de festivales y ciclos musicales.

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