La España sin España de Luis Rius Zunón

‘Cantares y poemas’. Luis Rius Zunón. Edición de Pedro Cerrillo y César Sánchez Ortiz. Renacimiento. Sevilla, 2018. 352 p.p.

Nunca España fue tan luminosa como desde el exilio. Las pinturas negras de Gutiérrez Solana y los sombríos esperpentos de Valle-Inclán parecían extinguirse en los años veinte del pasado siglo. Asaltados por las utopías republicanas, las sotanas, las mantillas, los ayunos, los niños iletrados, los rezos y las resignaciones parecían que iban a quedar atrás, empezaban al menos a ser parte de ese pasado mísero y agrietado en el que los del 98 habían hallado la médula de la tragedia. Buñuel ponía luz (la del cinematógrafo) a la tierra sin pan que nos avergonzaba y miles de maestros enfrentaban la farsa de Adán y Eva a los galápagos de Darwin y explicaban a sus alumnos que las mariposas tienen lengua. Toda esa luz se fue de aquí con el exilio.

Los Cantares y poemas de Luis Rius Zunón, editados ahora por Pedro Cerrillo y César Sánchez Ortiz (Renacimiento, 2018) se abren con una cita certera de Ángel González: “Lo que comienza a vivir, o a resucitar, en España al fin de la contienda no es un país. El exilio dejó a España sin una parte importante de sí misma. Tanta España se iba de España con aquellos españoles que la emigración, más que un fenómeno exclusivamente humano, fue una especie de catástrofe ecológica: un gran desprendimiento de tierra”.

Cierto. Luis Rius Zunón, nacido en el precioso Tarancón, criado en la amable tierra manchega que se abraza a La Alcarria, creció entre la escuela de voluntad krausista fundada por su padre y las casas horadadas en las cuevas que le mostraba su tata, la Tía Valentina, la misma que le enseñó a cantar lo que cantaba el pueblo pobre y lo apegó a la rima asonante de las coplas populares. Luis Rius estudió derecho, fue maestro algún tiempo y desde 1932 hasta 1937 pudo ser alcalde de Tarancón, presidente de la Diputación Provincial de Cuenca y gobernador civil de Soria y Jaén. Como Federico García Lorca y tantos otros, comprendió que aquel privilegio –el suyo– de beber tanto de los libros de los autorizados como de las voces de sus iguales debía tener frutos inmediatos: ayudar a educar y a regenerar su país. Fundó, por eso, con otros, la Agrupación Republicana de Tarancón, cuya existencia explicaron así en la octavilla repartida entre los vecinos del pueblo: “Nosotros los ciudadanos que autorizamos con nuestra firma este escrito, sin otro mérito que el serlo ni otro anhelo personal que luchar unidos por el triunfo de nuestros comunes ideales, en los que creemos encontrar el orden, la libertad y la justicia que se necesitan, abandonamos hoy una cómoda y antipatriótica actitud, dando vida a la organización que nace con el nombre de Agrupación Republicana…”. Toda esa luz se fue con el exilio.

Rius Zunón, su mujer y sus hijos llegaron a México en 1939, tras dos años en Francia (esperando inútilmente que la contienda tuviera un buen fin) y unas pocas semanas en un Nueva York que les resultó hostil por la atropellada civilización y por el idioma. En el México de los desarraigados españoles amparados por el gobierno de Cárdenas, la familia Rius subsistió primero con empleos muy menores del padre y, andando el tiempo, con sus trabajos como maestro y como administrador de dos importantes cines de la ciudad.

Luis Rius Zunón.

Según cuentan sus nietos en el hermoso prólogo de estos Cantares y poemas, Luis Rius escribía los lunes (el día que libraba de su trabajo en los cines), y sobre todo grababa sus canciones ayudado de “una pequeña grabadora de carrete”. Durante toda su vida mexicana no interrumpió la composición de poemas y canciones elaborados con la urdimbre del folklore manchego: jotas, nanas, romances, villancicos…, que fue publicando en su Cancionero de Tarancón o en Bailes y canciones de La Mancha Alta, muchos de los cuales llegó, además, a grabar en los discos editados por el grupo musical que el mismo Rius fundó, El Candil.

La obra completa que ahora publica Renacimiento (póstuma para Rius, póstuma también para uno de sus editores, Pedro Cerrillo, que cuidó hasta el último momento de la buena edición de estas canciones) da una idea conmovedora de todo ese folklore arrebatado por la Dictadura y de toda esa memoria luminosa que quedó para siempre en el exilio. La claridad de las canciones de Luis Rius, la belleza y la musicalidad del mundo campesino que evocan, responden afirmativamente a la pregunta que otro exiliado, José Otero Espasandín, se hacía en 1942 en la lejana Buenos Aires: “¿Es posible volver a los lugares luminosos…?”.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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