Volver a los lugares luminosos

Julio Llamazares publica ‘Primavera extremeña’ (Alfaguara, 2020), un relato, o unas memorias, o un diario, o un libro de viajes, o una acuarela, sobre el único ser que no guardó el confinamiento durante la pandemia: la naturaleza.

Aunque la poesía nos aconseje no regresar nunca a los lugares donde fuimos felices («Donde fuiste feliz alguna vez / no debieras volver», Félix Grande), aunque los libros de los escritores exiliados (de la infancia, de la patria) estén plagados de lágrimas por la imposibilidad del regreso a los sitios luminosos de la niñez y la juventud, Primavera extremeña desafía tan tristes convicciones y relata la vuelta del narrador a la misma primavera que alentó su infancia. Un atrevimiento casi obsceno, porque es la pandemia, esa suerte de muerte colectiva que nos mantiene a raya, quien se lo permite.

Julio Llamazares asegura que, más que buscar al libro, fue el libro quien lo busco a él, o mejor dicho, fue lo que estaba sucediendo a su alrededor lo que le impuso la escritura de Primavera extremeña, que lleva como subtítulo Apuntes del natural, ya que fueron las acuarelas de Konrad Laudenbacher, esos brochazos verdes, violetas, amarillos y blancos que salpican las páginas del libro, las que, mirando, reclamaron la mirada (la escritura) del autor. Escribir es como pintar: una especie de traducción, para quienes no miran, de lo que solo el que contempla puede ver.

Primavera extremeña se parece a los libros de viajes de Llamazares (El río del olvido, Tras-os-Montes, Cuaderno del Duero) porque quien escribe, quien describe, tiene la misma mirada, idéntica actitud contemplativa y pulcramente respetuosa de lo que sucede, pero no es un libro de viajes porque no hay desplazamiento humano: el ser humano está inmóvil y son los árboles, el río, las flores, los animales y el cielo los que se transforman a cada instante, libres de la intervención del hombre, desenlazados al fin de la cadena del tiempo del reloj, potentes en su propio tiempo circular, eternos, desafiantes ante nuestro pobre tiempo histórico.

Se parece también Primavera extremeña a sus novelas hermanas, La lluvia amarilla o Distintas formas de mirar el agua, porque en todas ellas hay un discurso lírico, romántico y nihilista que vincula a quien en el texto habla con un pasado echado a perder por el falso progreso, o con un destierro desgarrador de la vida con sentido, de la vida vivida para los otros y vivida al ritmo de las estaciones. Detrás de todas estas escrituras está Vegamián, la aldea en la que Llamazares nació hace sesenta y cinco años, sepultada desde hace más de cincuenta bajo las aguas del embalse del Porma, la aldea cuya primavera el narrador se permite revisitar en el tiempo onírico que le regala el confinamiento.

Porque si en algún género canónico encaja Primavera extremeña es en el de la poesía, que es el género donde tanto dice el silencio, y en el que cualquier ensoñación resulta convincente. Hay un poema en el libro, o el libro es un poema (sobre todo visual, casi un caligrama) en el que los versos reflexivos miran hacia la ciudad gris y enmascarada que queda tan lejos como una pesadilla, y los versos místicos lo hacen hacia el huerto, el monte, las cabras, las vacas y los caballos, ingrávidos todos, como los vemos en sueños.

Llamazares dice que este libro ni es novela, ni es relato de viajes, ni es diario. Dice que es una redacción escolar, como aquellas que el maestro nos mandaba hacer después de unas vacaciones, aquellas en las que nos resultaba tan fácil narrar lo felices que habíamos sido fuera del colegio. Tiene razón. Como las redacciones escolares, como toda la gran literatura, es un libro inservible, ajeno a modas y escarmientos, ácrata y honrado. Solo sirve para emocionarse.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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