Tres propuestas orientales para viajar con la imaginación

Laberinto de hierba. Izumi Kyōka. Traducción y prólogo de Iván Díaz Sancho. Satori Ediciones. Gijón, 2016. 224 pp.

laberintodehierbaIzumi Kyōka (1873-1939) es considerado el Edgar Allan Poe japonés. Con el autor norteamericano comparte ese peculiar gusto por los cuentos de fantasmas recreados en lúgubres escenarios, el papel simbólico y central que ambos ceden a los personajes femeninos y  una afín manera de entender la imaginación como vía para conectar con ese plano espiritual que se le revela únicamente a unos pocos.

Con Laberinto de hierba el lector se encuentra ante una novela sobrecogedora e inquietante. El mismo título propone una inmersión evocadora en un camino cuyo destino desconocemos. Los elementos tradicionales y los hallazgos novedosos, tanto estilísticos como narrativos, del autor conviven en este texto jalonado de elementos de evidente carácter simbólico. Algunos de estos elementos, como la serpiente, están presentes en otras obras del autor. Otros deslumbran por su belleza y profundidad como la pelota, que es la luna, que es también una cara de mujer empolvada de blanco oculta tras un abanico.

El tema central de esta obra no es otro que la realización de los deseos y sus a veces terribles consecuencias. El protagonista, el joven Akira Hagoshi, busca hacer realidad un sueño en apariencia inocente: volver a oír una vieja canción que escuchó de niño de los labios de su amadísima madre muerta, que es trasunto doloroso de la madre del propio autor, desaparecida cuando él era aún muy joven. Para oír de nuevo la canción, para hacer realidad el deseo, Akira Hagoshi deberá traspasar el umbral, en este caso, un umbral físico: la Puerta Negra, una mansión abandonada en la que se enfrentará con terribles experiencias sobrenaturales. La Puerta Negra simboliza el espacio conmovedor y terrible de la imaginación. En este espacio de revelación todo es posible, la realidad cobra toda su dimensión, la visible y la invisible.

En Laberinto de hierba Izumi Kyōka adentrar al lector en un ambiente onírico y le permite vislumbrar lo que se esconde tras el umbral que separa dos mundos que a veces se confunden.

Relatos. Ionam Park Ji-Won. Edición y traducción de Lee Hyekyung Mercedes. Hiperión. Madrid, 2016. 152 pp.

9788490020692Ionam Park Ji-won (1737-1805) es uno de los autores clásicos más representativos de las letras coreanas, aunque son muy pocas las referencias previas que podemos encontrar sobre su obra. Hiperión lo rescata para el lector español con esta colección de cuentos escogidos que suponen para la mayoría un primer acercamiento a la literatura clásica de Corea.

Ionam Park Ji-won comenzó a escribir cuando todavía era un adolescente, y a este menester dedicó la mayor parte de su vida. Fue para él la escritura un arma reflexiva y crítica con la que puso en tela de juicio la sociedad de su época, dominada férreamente por los preceptos del confucianismo.

Para él escribir era una sutil manera de enfrentarse a esta sociedad de convenciones asfixiantes. Su escritura está forjada desde el compromiso, desde la voluntad de transformación. Frente a las convenciones literarias de su época, desarrolló una literatura realista en la que tenían cabida personajes de las más diversas esferas sociales. Y lo hizo con respeto y sentido del humor, cuestionándose el papel que a cada uno de estos personajes les ha tocado vivir.

El lector encontrará en los diez relatos incluidos en esta recopilación una serie de historias, en muchos casos apenas esbozadas, en las que el autor cuestiona los roles tradicionales, en los que se critica el papel de la aristocracia acomodada en sus prebendas, en los que se recrea la forma de vivir de una serie de personajes olvidados que han optado por apartarse del camino recto para ser dueños de sus propias vidas. No son, sin embargo, héroes dispuestos a enfrentarse al poder. Su “batalla” es silenciosa, hecha de pequeños gestos que terminan siendo contundentes ejemplos de otra forma de enfrentarse al destino impuesto.

Puede que el lector occidental esté desacostumbrado a la estructura que mantienen algunos de estos relatos. Tal vez también se impaciente un poco ante las múltiples alusiones a personajes históricos de la tradición china que sirven para ilustrar, a modo de comparación, las venturas y desventuras de algunos de los personajes. Pero merece del todo la pena sorprenderse, recrearse y conmoverse con estas historias fuera de lo común.

La bailarina de Izu. Yasunari Kawabata. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Barcelona, 2016. 240 pp.

bailarinaizuYasunari Kawabata se ha convertido en el referente indiscutible de la literatura japonesa moderna en Occidente. Seix Barral recupera, bajo el título genérico de La bailarina de Izu, un puñado de historias del primer Kawabata, unidas por un desigual carácter autobiográfico.

En la primera parte del libro, el lector se enfrenta a un conjunto de relatos que contienen las querencias, obsesiones y afinidades que empiezan a definir el carácter de una obra sólida y extensa que se prolongará por más de cincuenta años: la soledad, el desarraigo, el miedo a perder la cordura en medio del dolor y la escritura como catalizadora de la desventura.

En la primera de estas historias, la deliciosa novelita que da título al volumen, un joven estudiante, trasunto del autor, realiza un corto viaje con un grupo de cómicos en pos de los pasos de una joven bailarina en la que encontramos el germen de los personajes femeninos, enigmáticos, puros y distantes, que lograrán forma definitiva en otras novelas de madurez del autor. La belleza femenina como reflejo de un estado interior, mezcla inquietante de espiritualidad y carnalidad, toma forma en la figura menuda y el rostro encantador de la jovencísima bailarina.

Tras este pórtico de sensualidad exacerbada, otras cuatro historias que giran en torno a la pérdida, la soledad y el desasosiego de saberse solo en el mundo y que responden a la realidad vital del autor, huérfano desde muy niño y que perdió al último de sus parientes directos, su abuelo, a la temprana edad de catorce años. Fruto de esa pérdida dolorosísima es el “Diario de mi decimosexto año”, en el que el joven Kawabata relata su vida junto a su abuelo ciego y moribundo.

Incide en este aspecto el brevísimo relato “Recolección de cenizas”, en el que Kawabata reconstruye desde la ficción en episodio real del entierro de su abuelo. También la reconstrucción de la memoria juega un papel fundamental en Aceite. En este relato intenta poner en pie, desde la ausencia de recuerdos reales, los sentimientos vividos ante la pérdida de sus padres siendo él muy pequeño. En “Experto en funerales” la muerte y sus ritos se perfilan como elementos definitorios de la propia existencia.

Dieciocho “historias escritas en la palma de la mano”, que no habían sido traducidas hasta ahora al español, completan el volumen. Kawabata empezó a escribir estos pequeños relatos en 1923 y siempre volvía a ellos de manera intermitente. Para él estas pequeñas joyas escritas en una prosa sutil y evocadora eran “la esencia de su arte” y como tales nos revelan la esencia de su escritura.

Autor

  • CaoCultura

    Entendemos la cultura como proceso, no como producto. La cultura implica transformación individual y social. CaoCultura es un espacio para la creatividad, la imaginación, el disfrute, la reflexión y la emoción.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *