En pleno verano. Zsuzsa Bánk. Traducción de Marina Bornas Montaña. Acantilado. Barcelona, 2016. 144 pp.
Zsuzsa Bánk (Fráncfort del Meno, 1965) debutó como narradora en 2002. Su primera novela, El nadador, obtuvo un notable éxito. Inició su carrera literaria desde la madurez, sabiendo claramente lo que quería contar, y en ese tono se ha mantenido a tenor de los relatos contenidos en este volumen: una docena de cuentos breves que ponen el acento en la complejidad de las relaciones personales, en la imposibilidad de comunicar efectivamente los sentimientos.
Bánk construye personajes sólidos, creíbles, verdaderos. Los dibuja con pinceladas breves, borrones de tinta apenas intuidos y que despliegan toda su dimensión únicamente vistos en la distancia, que recobran la nitidez de sus perfiles tan solo a través de los recuerdos de otros personajes.
La mayoría de estos relatos están protagonizados por mujeres, que conforman un espléndido y poco habitual catálogo de personajes femeninos. Está especialmente dotada Bánk para definir estas historias de amor y de amistad entre ellas. Lo hace con sobrecogedora naturalidad, penetra con aparente facilidad en los recovecos de sus corazones, en los vericuetos de sus mentes; es capaz de mostrarnos la verdadera dimensión de sus vidas.
El verano, ese tiempo sin tiempo de la infancia, se reviste simbólicamente de nostalgia en este volumen. En todos estos relatos el clima es extremo, como los sentimientos. La vida, sus mentiras y pequeñas mezquindades, brota a sorbos de agua clara bajo el frío de la nieve (“Bosque navideño” o “Tiempo de hielo”) o transcurre amortiguada con licores y cerveza que hagan más llevaderos los días de calor y el paso inefable de las estaciones, como ocurre en uno de los textos más sobresalientes del conjunto, el titulado “Larry”.
Bánk insiste en la extrañeza de estar vivos, en el peso del azar, en lo inevitable de reproducir patrones aprendidos con las personas a las que alguna vez nos sentimos unidos, a los que seguiremos unidos para siempre, como en el relato titulado “18, quizá 19 de diciembre”, desolador ejemplo de la incapacidad de sus protagonistas para cambiar un ápice de su propia historia personal.
Especialmente interesante es su particular maneras de introducir la naturaleza, las peculiaridades del paisaje, en estas narraciones. Utiliza estos elementos para subrayar situaciones, pero también para ampliar el significado de otras, porque son los árboles, la montaña o los extraordinarios paisajes del remoto continente australiano, pero sobre todo el cielo y el mar, los que logran concretar situaciones apenas intuidas.
En pleno verano, Zsuzsa Bánk nos permite asomarnos a un puñado de historias íntimas escritas desde la reflexión y la sinceridad, nos invita a descubrir su particular manera de enfrentarse a la realidad.
Una historia incomprensible y otros relatos. Odilon Redon. Traducción y prólogo de Mercedes Roffé. Vaso Roto. Madrid, 2016. 144 pp.
El pintor y grabador Odilon Redon (1840-1916) es reconocido como uno de los maestros fundamentales del simbolismo europeo. Su arte enigmático, sutil e inquietante está íntimamente ligado a la literatura, ya que muchos de sus trabajos, principalmente en los gráficos, se desarrollaron en intensa conexión con las obras de algunos importantes autores como Edgard Alan Poe, Charles Baudelaire o Gustave Flaubert.
Pero su relación con la literatura no se limitó a la lectura interesada y crítica de sus escritores favoritos, tampoco a la ilustración de algunas de esas obras, sino que él mismo mostró a lo largo de su vida un verdadero interés por plasmar por escrito algunas de sus ideas e impresiones. Como crítico de arte fue conocido en vida, como escritor, no. Fue su biógrafo André Mellerio, que se encargó de organizar todos los manuscritos del artista, aunque la mayoría de los textos incluidos en su archivo están aún por explorar. Un pequeño e interesante adelanto fue la publicación en 2005 de Odilon Redon: Écrits en edición crítica de Claire Moran. Vaso Roto publica por primera vez en español una traducción de este libro, bajo el título Una historia incomprensible y otros relatos, que ha traducido y prologado Mercedes Roffé.
Roffé ha optado por modificar el orden original en el que fueron publicados estos textos de Redon en la edición de Moran, que prefirió ordenarlos teniendo en cuenta la secuencia cronológica de las experiencias que en ellos se cuentan. En la edición de Vaso Roto se opta por agruparlos atendiendo a su “valor o interés literario” y también a su naturaleza fantástica, autobiográfica, lírica o de ficción. Además, se prescinde de uno de los publicados en la edición inglesa, “Perversité”, por considerarse que “no coincide con el carácter narrativo” del resto. El resultado de esta nueva propuesta de ordenación es interesante porque permite explorar las muchas vertientes de los escritos de Redon y disfrutar de la experiencia de adentrarse paso a paso en la personalidad poliédrica de un artista singular.
Los textos de Redon recogidos en Una historia incomprensible y otros relatos son reflejo de la compleja personalidad del autor, rica en matices y centrada en los retos de su tiempo. De su gusto por la literatura fantástica, de su devoción por Edgar Allan Poe, nos hablan los dos primeros relatos de la recopilación, los titulados “Noche de fiebre” y “Una historia incomprensible”.
De marcada índole autobiográfica son los dos textos siguientes: “Una estancia en el País Vasco”, en el que el carácter idílico y de exacerbada pasión hacia la naturaleza se personalizan en el temperamento noble de los aldeanos y en la belleza y valía de la mujer vasca, un tópico recurrente en otros escritos del autor. En “Diciembre de 1870” Redon realiza una hermosa y combativa reflexión sobre su participación en la guerra franco-prusiana.
En “Él sueña”, “El grito” y “Ronda de amor” Redon se adentra en un mundo poético personal y recurrente, en el que los sueños y los estados de semiinconsciencia se muestran como el escenario deseable para el desarrollo de la creación artística. Cierran el volumen de “El Faquir” y “El relato de Marta la loca”, que Roffé califica como “textos narrativos en los que la ficción –apoyada en elementos decididamente autobiográficos– logra llegar a una finísima sátira”. Mención especial merece el segundo, una breve e impactante pieza maestra en la que Redon reelabora un recuerdo familiar para teñirlo de la impronta onírica, trascendente y, en cierto modo, irónica que impregna toda su obra.
Cuentos completos. Carlos Pérez Merinero. Ilustraciones de Ion Arretxe. El Garaje Ediciones S.L. Madrid, 2016. 450 pp.
Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950-Madrid, 2012) es conocido por su trabajo como guionista en películas como Amantes de Vicente Aranda y series de televisión como La huella del crimen. Se dedicó al séptimo arte con pasión y devoción. Sobre cine publicó varios libros, fue también argumentista y director de películas propias y muy personales como Rincones del paraíso o la trilogía Franco ha muerto.
Pero fue también un constante y prolífico escritor que publicó una docena de novelas, en su mayoría del género negro, un par de libros de poesía y una larga colección de relatos que fue sacando en revistas y antologías colectivas. Muchos otros cuentos quedaron sin publicar tras su muerte. Su hermano David Pérez Merinero los ha rescatado del olvido para integrarlos en el volumen de más cuatrocientas páginas que conforman los Cuentos completos del autor, que ha publicado recientemente El Garaje Ediciones.
Muchos de estos relatos son encargos para publicaciones como Penthouse, Interviú, El Caso o el semanal de Diario 16. Pérez Merinero es capaz de adaptarse a las “exigencias” de cada medio. Conoce el oficio, parece disfrutar con él y es capaz de desarrollar en estos cuentos un estilo propio, un sello personal. Iconoclasta, políticamente incorrecto, directo, audaz y exento de artificios, Pérez Merinero traza en estos relatos un mundo sórdido poblado por psicópatas, asesinos, prostitutas, policías corruptos y gente del malvivir. Su prosa directa mira a los ojos del lector, lo seduce, lo hace cómplice. Subyace sin embargo en estos cuentos un miedo ancestral a las miserias humanas, una comprensión sobrecogedora de la naturaleza del hombre, una compasión descarnada hacia el que sufre, hacia el que está solo y no encuentra más salida que el sexo brutal, el suicidio o el crimen.
Algunos de estos relatos se ajustan entre sí como piezas de un rompecabezas, es el caso del estupendo “El día que enterraron a Don José Ortega y Gasset” que más tarde desarrolla una de sus posibles líneas argumentales en “Vida de burdel”. En otros casos juega al despiste con cuentos que empiezan exactamente igual y que luego despliegan desarrollos muy distintos, como “Nuevos días, nuevas noches” y “Ojo por diente”.
Los últimos relatos del volumen, que se corresponden, en su mayoría, con los inéditos rescatados por el hermano del autor, parecen participar de una misma voz narrativa, un personaje maniático, obsesivo y confuso, con una peculiar forma de enfrentarse a la vida. Valga como ejemplo “Otro cuento de navidad”, que dio lugar, además, a un cortometraje dirigido por el autor.
A Carlos Pérez Merinero le hubiera gustado ser como esos guionistas de Hollywood a los que pagan por estar encerrado escribiendo. A su manera fue precisamente eso: el protagonista de una de esas viejas películas de perdedores que continúan adelante hasta encontrar un nuevo motivo para seguir. Pérez Merinero no ganó el éxito, pero sí un montón de amigos que se empeñan en recordarle.

