Se me olvidó que te olvidé

Un funcionario del Ayuntamiento de Cádiz se pasó seis años cobrando la nómina sin asistir a su puesto de trabajo. Como es de suponer que conocéis la noticia, la daré muy resumida. Al parecer, su plaza era fruto de un convenio entre el Ayuntamiento y una empresa pública. Al cabo de un año, la empresa pública supuso que el convenio había finalizado y que el funcionario había vuelto al ayuntamiento, y en el ayuntamiento pensaron que seguía en la empresa pública. Se olvidaron de él y él siguió recibiendo su sueldo como si nada.

Ayuntamiento de Cádiz.
Ayuntamiento de Cádiz.

Curiosas las cosas que suceden a veces por un olvido. Hay padres que se olvidan al niño en el coche y ancianos a quienes todos han olvidado y aparecen momificados en su casa años después. Hace poco, en Honduras, un cirujano tuvo que extraer del abdomen de una señora un juguete sexual que llevaba allí una década. Por lo visto, se lo introdujo en una noche de borrachera y se le olvidó sacárselo, así de simple. Por no hablar de esas fascinantes historias de soldados japoneses a los que alguien se olvidó de avisar cuando terminó la guerra y siguieron toda la vida en su puesto, como Hiró Onoda, que vivió oculto en la selva, en Filipinas, y no se rindió hasta 1974. Otro caso real es el de dos trabajadores norcoreanos que en 2008 fueron olvidados en la isla de Sajalín, en el Pacífico, por la empresa rusa para la que trabajaban. Cuando fueron a buscarlos, 18 meses después, uno había muerto de hambre y el otro se encontraba en condiciones lamentables. Eso sí, tras recuperarse, entre otras quejas, alegó que la empresa no le había pagado su sueldo durante los dieciocho meses. Eso también se les olvidó.

El de Cádiz no se quedó en ninguna isla, como los coreanos y como Hiró Onoda. Supongo que se quedó en casita muy a gusto. Se olvidó de que tenía un trabajo que hacer pero tuvo la precaución de no olvidarse de cobrar la nómina. O quizá sí y todos los meses se preguntaba: “¿Y esta pasta? Bueno, ya me acordaré”. No es picaresca, no: es mala memoria. Ahora un tribunal le ha condenado a devolver casi 30.000 euros. Seguro que no se le olvida la lección.

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