Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos: morir de éxito

El patrimonio arqueológico de la Sierra de Cádiz constituye uno de sus elementos más atractivos pero a la vez más desconocidos.  Restos de poblados, de asentamientos, de ciudades, de fortalezas, de villas, de calzadas y caminos, que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Media, son exponentes de un inmenso y rico legado histórico representado en un buen número de yacimientos arqueológicos diseminados por toda la comarca y que, sin embargo, no han servido para que esta zona se convierta en un referente del turismo cultural. Y no porque no se haya intentado. Hemos hablado con el arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa para que nos cuente por qué.

Luis Javier Guerrero Misa es arqueólogo y una de las personas que mejor conoce el patrimonio cultural de la Sierra de Cádiz. Su trabajo ha sido crucial para la recuperación de un buen número de enclaves emblemáticos de la riqueza histórica y patrimonial de una comarca integrada por diecinueve municipios unidos por el paso sinuoso del río Guadalete y separados por su variada situación geográfica, viejas rencillas históricas y dispares intereses políticos.

A estas alturas, ya nadie duda de los valores naturales de la comarca: dos parques naturales y una reserva de la biosfera así lo avalan. Aunque tampoco este reconocimiento ha sido casual, también es fruto del trabajo, de la labor de concienciación de personas que un día creyeron que los recursos naturales de la zona podían generar riqueza desde el respeto y la conservación.

¿Por qué no ha ocurrido esto mismo con los valores patrimoniales de esta zona? Dieciséis yacimientos arqueológicos como el Dolmen de Alberite (Villamartín), el Dolmen de El Charcón (El Gastor),  los Dólmenes de Tomillos (Alcalá del Valle),  la Necrópolis Prehistórica de Fuente de Ramos (Puerto Serrano), la Ciudad romana de Sierra de Aznar (Arcos de la Frontera) , la Ciudad Íbero-romana de Carissa Aurelia (Espera-Bornos), la Ciudad Íbero-romana de Ocvri (Ubrique) la Ciudad Íbero-romana de Saepo (en el Cerro de la Botinera de Algodonales), la Villa Medieval de Zahara de la Sierra, la Fortaleza Islámica y Villa de Setenil de las Bodegas, el  Barrio Nazarí de Benaocaz, la Fortaleza Medieval de Olvera, las Murallas de Torre Alháquime, la Calzada de Villaluenga del Rosario y la Calzada de Grazalema no han sido suficientes.

Luis Javier Guerrero Misa tenía en su cabeza la idea de recuperar esta riqueza patrimonial desde inicios de los años 90, cuando todavía expresiones como “poner en valor”, que hoy todos usamos a discreción, se acababan de inventar. Entonces, Guerrero Misa era funcionario de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía, pero no es hasta 1996, cuando se traslada a la Sierra de Cádiz, en concreto como arqueólogo de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra, cuando empieza a madurar y a trabajar en su idea de recuperar una serie de yacimientos arqueológicos diseminados por la comarca. Lo acompaña en esta aventura otro referente de la arqueología provincial: Luis Cobos. Juntos dieron forma y coordinaron un proyecto para cumplir este objetivo.

Calzada de Villaluenga.

Calzada de Villaluenga.                                                                                                                                                              Foto: Luis Javier Guerrero Misa.

“En aquellos años, no había infraestructura comarcal, ni local ni nada, únicamente una serie de proyectos y actividades que terminan por cuajar en la idea de montar una ruta arqueológica que sirva para conservar el patrimonio histórico pero también para que se le dé un uso, esencial para el desarrollo local. Nuestro lema era ‘solo se conserva lo que se usa’. Eso en el 96 era una especie de quimera para la Consejería de Cultura, que no quería ni oír hablar del tema”, explica Guerrero Misa.

Desde entonces, las cosas han cambiado y desde todas las instituciones se habla de aunar conservación y sostenibilidad económica pero en aquellos años la Consejería de Cultura, explica el arqueólogo, era “el censor, el represor de este tipo de proyectos. No creía para nada en esa idea”, pese a que se había puesto en marcha en otros lugares de España con éxito.

Como arqueólogos Guerrero y Cobos creían que el proyecto, que cuajó bajo la denominación Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos e integraba la recuperación de cinco yacimientos y su integración en una ruta dotada de infraestructuras interpretativas, “no debería superar ciertos límites, aunque luego terminó siendo un monstruo”. “Por decirlo de alguna manera, morimos de éxito”, sentencia Guerrero.

¿La razón? La política, o mejor dicho, las diferencias partidistas, se colaron, una vez más, en el trabajo riguroso y mesurado de los profesionales.

Ábside restaurado de la antigua iglesia de Santa Maria de la Mesa de Zahara.

Ábside restaurado de la antigua iglesia de Santa Maria de la Mesa de Zahara.                                              Foto: Luis Javier Guerrero Misa.

La recuperación de los cinco yacimientos que primitivamente iban a integrar la ruta –El Dolmen de Alberite, las ciudades romanas de Carissa Aurelia, de Ocvri y Sierra Aznar, junto al castillo medieval de Zahara de la Sierra- se estaba llevando a cabo a través de una escuela taller que estaba financiada por el Ministerio de Trabajo.

 “El entonces ministro, Manuel Pimentel, amante de la arqueología y vinculado familiarmente a la Sierra de Cádiz, fue a visitar el proyecto, en concreto, el yacimiento de Carissa Aurelia. Le gustó mucho lo que estábamos haciendo porque la idea no era solo recuperar el yacimiento, sino crear una cooperativa para su explotación y abrir nuevos nichos de empleo. Tanto es así que, cuando vuelve a Madrid, desde su departamento se encargan dos proyectos pilotos, uno para la Sierra de Cádiz y otro para Aragón. El proyecto piloto estaba muy bien financiado para que pudiera salir adelante, pero la premisa era que se incluyeran otros yacimientos serranos, entre ellos la ciudad íbero-romana de Saepo, en el término municipal de Algodonales, patria chica del ministro”, detalla el arqueólogo.

Esto, que podría haberse traducido en un espectacular espaldarazo al proyecto, se convirtió en una soga que poco a poco lo fue ahogando: “Ahí empezamos a morir todos. La mancomunidad era del PSOE,  Pimentel  del PP, lo cual se tradujo en una enorme disputa. Cuando se vio que tal cantidad de dinero (unos 600 millones de las antiguas pesetas) iba a ir a parar a solo seis o siete municipios… En un pleno de la Mancomunidad se dijo aquello de ¡O hay café para todos o no hay café! Eso, desde el punto de vista técnico, era una locura. Es verdad que el interés arqueológico de la sierra es formidable, ¡pero cómo se va a trabajar en poner en valor dieciséis yacimientos!”.

Al final, se terminó “forzando el proyecto” y se hicieron inversiones en los diecinueve municipios. En dieciséis de ellos, en yacimientos arqueológicos. “Luego se amplió a través del programa Arqueosierra y algunos otros de Diputación, pero el reparto ocasionó que se tuviera que bajar el nivel de inversión tanto en tareas arqueológicas, como en puesta en valor, como en infraestructura turística. Hubo varias inversiones potentes del Ministerio de Trabajo. Ante todo esto, la Consejería de Cultura se echó las manos a la cabeza. No era el concepto de conservación arqueológica que practicaban por entonces y, además, que la Sierra de Cádiz tuviese más dinero para intervenciones arqueológicas que toda Andalucía junta era algo que no podían controlar ni digerir. La arqueología para ellos tenía que estar donde estaba: en los museos provinciales y controlada por gente de la universidad”, comenta Guerrero Misa.

Castillo de Olvera.

Castillo de Olvera.                                                  Foto: Luis Javier Guerrero Misa.

Al principio, desde la Junta de Andalucía “se había apoyado verbalmente el proyecto cuando era pequeño y de escasa financiación (solo fondos europeos marginales ligados a la creación de empleo)”, pero luego se quiso desvincular del mismo y desde ciertos sectores de la mancomunidad se entendió la financiación del Ministerio de Trabajo como “una especie de colonización del PP”: “Se volvió en contra nuestra, se nos hizo la vida imposible. A mí, literalmente, me costó el agravamiento de mi  enfermedad (diabetes). Pese a eso, sacamos adelante la mayoría de los yacimientos. Muchos de ellos se conocían, pero nadie había ido nunca. Se hicieron talleres, casas de oficios, cursos de especialización, de reproducciones arqueológicas e incluso se montó alguna empresa de guías turísticos”.

La primitiva Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos había adquirido tal magnitud que se decidió dividirla en tres sub-rutas para hacerla más operativa: la prehistórica, la romana y la medieval.

Pero la historia no acaba aquí: “Cuando ya se había hecho todo lo posible para la recuperación de los yacimientos, se intentó vender el producto, pero eso ya no le interesó a la mancomunidad porque se le escapaba de las manos. Nos habíamos planteado hacer una empresa matriz o incluso una fundación para que se pudiese gestionar toda la ruta. Pero esto ya no interesaba a los políticos, ni tampoco a la Junta. El equipo multidisciplinar (arquitectos, arqueólogos, técnicos de restauración, de turismo, etc…) que se había creado se disolvió. Cobos terminó por irse y montar su propia empresa y yo le seguí dos años más tarde. En esos dos años (2005-2007) intenté que con el  proyecto trasnacional Ma’arifa y el Culturcad de la Diputación se hicieran algunos museos y centros de interpretación como los de Espera, Arcos, Olvera, Zahara o Ubrique”.

Casa fortificada en el Barrio Alto de Benaocaz.

Casa fortificada en el Barrio Alto de Benaocaz.                                           Foto: Luis Javier Guerrero Misa.

En 2007, Guerrero Misa propuso dar un paso más en el proyecto y proponer la  “musealización de la Sierra” para integrar medioambiente, patrimonio, turismo, geografía y “crear así una marca turística de la Sierra que lo integrara todo, pero de nuevo las disputas políticas lo hicieron inviable”.

“Una vez ejecutada la inversión por la mancomunidad, la gestión pasó a manos de los ayuntamientos de los municipios en los que se encontraban los yacimientos y la mayoría fue incapaz de sacarlos adelante. Tenían que contratar personal o bien no había emprendedores. Nadie quería invertir. Nosotros creíamos en el proyecto, creíamos que podía funcionar y generar riqueza para la zona, pero nos encontramos con el muro infranqueable de cada ayuntamiento”, explica el arqueólogo.

La ruta murió en 2007 como tal: “Por ejemplo, en Arcos nunca se quiso saber más del yacimiento de Sierra de Aznar y la mayoría quedaron abandonados. Hay sitios en los que sí se está aprovechando el potencial que tiene este patrimonio arqueológico». Guerrero Misa destaca el caso de Zahara de la Sierra, “que lo tiene muy bien porque el castillo está en medio del pueblo”. “El que tiene el yacimiento dentro o cerca del pueblo lo tiene más fácil como también pasa en Olvera”, apunta.

Cisternas de decantación del Castellum Aquae de Sierra Aznar.

Cisternas de decantación del Castellum Aquae de Sierra Aznar.                                                                                              Foto: Luis Javier Guerrero Misa.

En otros casos la situación es lamentable: “como en  Carissa Aurelia, que está en mitad del campo. Desde que se jubiló el guarda que habían contratado para su cuidado no se ha invertido más”.

“Era un proyecto ilusionante, pionero e innovador, hay rutas y centros en todos sitios. La propia Junta de Andalucía ha recuperado el espíritu que tanto cuestionaba en ese momento. Se hicieron muchos logros. Se recuperaron yacimientos desconocidos, se investigó y se creó documentación que no existía sobre los yacimientos. Se han dado todos los pasos para la venta de todos los productos. Se crearon centros de interpretación, infraestructura turística… pero ahí están, muchos de ellos nunca se han abierto”.

La fragmentación territorial de la zona no ayuda a la hora de trabajar en común: “La Sierra sigue siendo una especie de frontera. Es un atavismo histórico que aún no se ha disuelto, desde prácticamente la Prehistoria, y lo sigue siendo hoy en día. No existe la comarca como tal, la cohesión territorial no existe”.

Mª Ángeles Robles

Autor/a: Mª Ángeles Robles

Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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6 Comentarios

  1. María Jesús Ruiz

    Magnífico trabajo, información desoladora, pero nada sorprendente. Tenemos que ir contando qué han hecho con la cultura políticos mediocres y funcionarios indolentes en las últimas décadas. Hay más ejemplos en este territorio. A ver si un día hablamos de qué ocurrió con el Bicentenario…

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  2. Bueno hay que recordar que el caso de Olvera, uno de los castillos sí está completamente olvidado. Y ni siquiera está prospectado el término, todos los restos aparecidos han sido casuales. Mucho trabajo por hacer en esta materia… seguimos a la espera de encontrar la supuesta ciudad romana que fuentes ubican a la altura del convento de Caños Santos o la que nos puede hacer pensar que no debe de andar lejos si pensamos en la columna a Trajano (monolito). Buen artículo.

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    • Íñigo Blanco Alegre

      Muy buen artículo Mari Ángeles. Es toda una ruta arqueológica por los senderos del hombre primitivo que entre todos somos hoy día en España.

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Enlaces externos

  1. Ocvri: un paseo por la historia y la naturaleza - CaoCultura - […] intervenciones en Ocvri, no es hasta 1987 cuando el yacimiento fue prospectado por el arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa…

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