Reflejo íntimo

‘Este mar al final de los espejos’. Marina Casado. Premio Carmen Conde de Poesía 2020. Ediciones Torremozas. Madrid, 2020. 64 pp.

La mejor poesía del yo requiere un desdoblamiento, esto es, colocar la anécdota lejos del ser, así veremos que lo que sangra no es el autor del texto sino el papel donde se encuentra un sujeto poético. No se trata de fingir ni de mentir sino de un punto de vista. Como lectores nos identificamos con la herida del otro, con lo que la experiencia personal termina trascendiendo, y lo hace gracias también a la forma en que está expresado.

El desdoblamiento es la técnica empleada por Marina Casado en Este mar al final de los espejos, Premio Carmen Conde de Poesía 2020, editado en la colección Torremozas. Corresponde con la cuarta entrega de la autora madrileña, tras Los despertares (2014), Mi nombre de agua (2016) y De las horas sin sol (2019); una estela donde puede verse a una poeta con oficio.

El título responde a la calma hallada tras el dolor. El camino hasta encontrar el orificio de la herida corre paralelo al hallazgo de la verdad, a encontrarse con uno mismo. Marina Casado no oculta la herida, ni olvida, tampoco se esconde. Deja que se revele. La voz que toma su verdadera voz intuye que debe expresar, gritar lo vivido, los reveses del amor. Acompañan a la voz de Marina referencias intertextuales, citas literarias de poetas del 27 y Alejandra Pizarnik, que implican un sentido amplio, connotando implicaciones semánticas que hacen tanto de la sección como del poema círculos perfectos.

Este mar al final de los espejos está conformado por un poema pórtico, tres secciones y una coda. Integran este volumen apenas una cuarentena de composiciones bien cohesionadas desde su comienzo hasta su conclusión. Podría decirse que el libro tiene una estructura inductiva, ya que la tesis se encuentra al final después de haber entregado una poética íntima, del yo y de la anécdota, del zarpazo del yo en los otros, poesía entendida como refugio, el poema es cauce donde expresar la fuerza devastadora del amor y del desamor. Lo dejó escrito Leopoldo de Luis: “Respiro por la herida”.

El primer poema, “Tres espejos sonámbulos” actúa como aglutinador del resto, conecta con las secciones posteriores y se vincula con la parte final. Marina Casado expresa la importancia que tuvo el género lírico como refugio, tabla de salvación, catarsis: “la poesía que vino a salvarme de la vida. / Mi vida: tres espejos / y al final este mar que a todos nos aguarda”.

Los dos primeros espejos, sendos apartados, podrían verse como un doble cristal, “El hueco” y “La herida”, como una prolongación de un yo desdoblado que no sólo describe el estado anímico sino que reflexiona una vez que ha sacado fuera lo terrible, el desengaño sentimental. La voz de la poeta en el otro crea un sentimiento de nostalgia de ilusiones perdidas. El discurso poético de Marina Casado está lejos de patetismos y melodramas; más cerca del trazado sentimental de un sujeto que trasciende lo experimentado.

En el inicial, “El hueco”, la escritora madrileña refleja la sensación de pérdida remontándose a su primera juventud e incluso infancia. Destacan la serie “Nat King Cole”, “John Lennon”, “Cernuda y las flores”. El último podríamos transcribirlo completo, pero mejor que lo disfruten los lectores en el propio libro, he aquí un puñado de magníficos versos: “con la misma pasión me asomo ahora / a los espejos quietos / o perfilo poemas en los que me persigo / al fondo de un reflejo y le pregunto / – y me pregunto- / por el enigma de aquello que cambió / sin percatarme”.

Marina Casado.

El fracaso amoroso conduce al olvido, pero la memoria horada esos lugares interiores, socavando la memoria, motivos temáticos de “La herida”. La expresión desgarradora necesita de una mayor extensión, el verso se alarga, y del versículo se pasa a la prosa poética, y vuelta a la contención del poema breve, acotado en su arañazo y pleno de sugerencias, donde los versos responden, casi sin aliento, a las puyas amorosas, como se aprecia en el magnífico poema “Espejo para tarde sin cuerpo”: “La orilla es el reflejo, también, / de nuestra ausencia. / Si pudiera volver para decirte / que el mar está vacío ahora sin tu cuerpo”. Nos detenemos en una de las mejores composiciones del libro, “A la muchacha rubia de Roy Lichtenstein”, con hallazgos irrefutables e imágenes sorpresivas como “El desamor te embarca ahora / en un taxi de lluvia”; “Es pronto para hablarte del invierno”. Difícil seleccionar un puñado de versos.

El tercer espejo o sección corresponde al poder que ejerce el lenguaje. Marina Casado da rienda suelta a la pérdida en una topografía entre real (Granada) y literaria (Madrid y Roma), entre lo que siente el sujeto poético y la identificación con algunos poetas del 27 como Cernuda y Alberti. El amor se representa como la noche o la muerte en “Los gritos caídos”. Al leer “El largo, cálido verano”, la fragilidad se apodera de un lapso de tiempo, “quince años”, conectando lugares, a John Lennon y a Paul Newman. En un tono donde se rebaja la desilusión, asoma la aceptación y se vislumbra cierta esperanza se cifra el desdoblamiento el poema “Legado”: “De la voz se me escapan otras voces / que ahora encuentro mías / y lo comprendo: / somos todos los muertos / que nos amaron”.

El cierre último está constituido por cuatro composiciones que responden al título del libro. En ellas se refleja que la poesía ha servido para sacar de dentro la desilusión, y a través del acto poético no sólo ha servido de terapia sino que ha sido fuente de conocimiento, de sentir su propia identidad, como se expresa en el cuarto: “Hay un mar al final de todos los espejos / donde mirar y recordarnos”.

Para terminar, se recomienda volver al comienzo y poner, en volumen ambiente música, una de esas canciones de Lennon: “But listen to the color of your dreams / It is not leaving, it is not leaving / So play the game “Esistence” to the end / Of the begining, of the begining”.

Jesús Cárdenas Sánchez

Autor/a: Jesús Cárdenas Sánchez

Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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