‘Patria’: continuar la partida

Todas las partidas de ajedrez terminan con el jaque mate al Rey. La trascendencia de esta acción es absoluta: derriba y hace desaparecer del tablero al resto de las piezas. Es lo que esperan aquellos que dan el mate y lo que sabemos todos que debe ocurrir. A nadie se le ocurre continuar la partida con las que quedan en pie, salvo a Fernando Aramburu, que en esta novela se ha dedicado a mover negras y blancas, supervivientes de un atentado terrorista, con una habilidad admirable. De hecho, si tuviéramos que resaltar un aspecto estilístico propio e inimitable de este autor, yo destacaría su precisión en el lenguaje, rigor sin el cual no hubiera sido posible la fabricación para este libro de personajes tan sólidos como piezas de ajedrez, incuestionables.

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Y es que estamos ante una novela de gran calado y profundidad destinada no solo a perdurar en la memoria, sino a removerla por completo, como un dardo eficaz contra la diana impérterrita y bravía de la singularidad vasca. Esto no podría haberlo conseguido Aramburu, pese a su veteranía literaria, sin tomar esa distancia necesaria que le ha proporcionado el fin de la violencia en el País Vasco. Ya que se trata de un escritor a la que ésta no le es ajena, que la ha vivido y presenciado (atentado de Enrique Casas) y que la ha reflejado previamente en distintos prismas mediante un libro de relatos inolvidable: Los peces de la amargura. Pero ocurre también que las grandes cuestiones de la existencia (el amor, el peso de la culpa, la devastación que produce la muerte de seres queridos) no pueden ser desplegadas con suficiencia en formato breve, ya que exigen ir ganando progresiva intensidad para ser descritas. De ahí la necesidad de esta novela, que resulta para todos aquellos que vivimos lejos, que ignoramos lo sucedido salvo por la pantalla de un televisor, aleccionadora y luminosa. Nos enteramos de lo que ha pasado, compartimos sentimientos con los personajes y por descontado, tomamos partido a favor de la paz.

Capítulos breves, progresiva intensidad, silencios y diálogos equilibrados entre personajes de distinto sexo y carácter buscando su destino, nos enganchan sin remedio. No son pocos los que huyen como pueden del fanatismo, otros se enrocan sobre sí mismos. Destacaría ante todo a las dos Reinas (Bittori y Miren), blanca y negra, muy representativas del matriarcado vasco, que no solo son las más fuertes, sino también las que verdaderamente pueden poner fin a la locura. Como también prestamos atención especial al contrapunto conmovedor que pone Arantxa, hija de Miren (reina negra), a quien la vida le golpea fortuitamente. El mensaje que ella aporta nos enternece y apabulla pues, si el simple hecho de vivir nos somete a grandes desgracias imprevistas, por qué y con qué objeto nos la complicamos tanto. Por eso, sin dar mítines, el autor nos lo explica. Vamos a ello.

Fernando Aramburu.
Fernando Aramburu.

A lo largo de la Historia, los seres humanos hemos sufrido distintos periodos históricos de fanatismo, constatable en todas las sociedades. Ni una sola se salva. El nacionalismo político vasco, llevado a sus extremos, es uno más, otro más igual de terrible. Por ejemplo, durante todo el siglo XVII, Europa entera vivió una ola de locura que le llevó a masacrar a miles de mujeres, acusadas de brujería. Esta misoginia desaforada, que solo nos podemos explicar bajo régimen absolutista y de ortodoxia religiosa, la entendemos perfectamente cuando nos molestamos en analizar casos individuales. Efectuando precisamente esa misma operación que lleva a cabo Fernando Aramburu con esta novela. Tomando como referencia un caso típico, el más repetido en la llamada caza de brujas, descubrimos entonces que en el hogar de la supuesta hechicera no hay demonios, sapos, ni culebras, ni siquiera ungüentos: lo que allí se escondía no era más que una anciana sin familia, pero con un techo bajo el que cobijarse y patrimonio propio. Ahí está la clave. Es por ello que solo la codicia y el ansia de poder que esconden miembros de la comunidad en la que vive, fueron las verdaderas razones que llevaron a acusarla de bruja y acabar con ella. Al igual que ocurre con el Txato de Patria, vasco por los cuatro costados. Añadiendo que el verdugo, aquel que lleva a cabo la ejecución de la anciana, o dispara al empresario lejos de ser el más cruel y abyecto, no es más que otro desgraciado, y sobre todo, tan solo es el último eslabón de una cadena social muy cercana (ojo a ese tabernero y a ese cura del pueblo) que tiene al afán de lucro y al dominio sobre los demás, como metas. Si comparamos el fanatismo político nacionalista con el fanatismo religioso en este caso, diferencias no encontramos. Son idénticos en su forma criminal de proceder. Aunque esta solo sea una de las múltiples lecciones que podemos extraer de esta atinada e inteligente novela.

Hay muchas más, siguiendo la trayectoria de cada uno de los personajes, que son los que verdaderamente importan. No son pocos los que exploran, se descubren a sí mismos y conocen la libertad fuera del tablero vasco. Y es que a la idea feliz del tablero y las piezas blancas y negras se une un formidable y complicado trabajo de ensamblaje con saltos en el tiempo y distintas localizaciones geográficas, para que podamos seguir a la perfección una historia que busca cerrar ciclo y extraer conclusiones, labor sin la cual nos hubiéramos perdido sin remedio. Hay que agradecérsela. Porque la novela concluye como si fuera un cuento, o mejor, como una Caja de Pandora, quedando en ella la compasión, la esperanza y la necesidad de compartir culpas. Por eso dista mucho de ser un libro sobre los vascos o sobre la ETA, ya que eso solo es la superficie y va mucho más allá. Ahonda en esas sombras oscuras de nuestra naturaleza al relacionarnos con otros. Y es que estamos ante un libro de los grandes, con vocación de clásico: aborda con toda lucidez y plena intención, la misteriosa y compleja condición humana.

Autor

  • Ángeles Prieto Barba

    Angeles Prieto Barba es natural y residente en el gaditano barrio de la Viña. Es historiadora, profesora de educación vial y escritora de cuentos, artículos y reseñas. Desde hace cinco años ejerce como crítica literaria en la web 'La tormenta en un vaso'.

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