Mel Mustefaga: “El poema es de quién lo lee”

El falso espejo. René Magritte.

I

Mary Arnold-Foster fue una psicóloga británica que en 1921 publicó Studies in Dreams, un libro donde recogía sus experimentos de autosugestión sistemática de los sueños y de control del contenido onírico. 

Foster se entrenaba para despertarse cuando algo interesante estaba sucediendo, se decía a sí misma que si ocurría alguna locura tenía que ser un sueño y por tanto se despertaría. Inmediatamente tomaba notas de lo que acababa de soñar.

Cien años después de su búsqueda por sistematizar lo que su mente creaba, la curiosidad por lo que aparece mientras intentamos descansar de la realidad sigue siendo un motor creativo, incluso un juego.

Así lo cuenta la poeta brasileña Mel Mustefaga en un café de Barcelona a la hora de hablar sobre su primera publicación llamada El quinto sueño (Ril Editores, 2026). Uno esperaría que cuando sueña podría alejarse del mundo real. Dejar de lado las responsabilidades y poder habitar espacios imposibles de conseguir en nuestras rutinas. Pero el sueño sigue condenándonos con lo humano. 

En una obra tan divertida como compleja, Mel sabotea todo lo misterioso del sueño, transformando en verso esas imágenes que uno alcanza a tocar antes de que suene la alarma. “Se trata de un juego que busca sabotear todo lo que pueda ser un mundo velado o inalcanzable, jugar con eso y traerlo todo a la realidad”, precisa.

II

Se suponía que esta entrevista iba a ser en español, pero al momento de preguntarle a Mel sobre cuándo recibió el llamado de la poesía, no hubo forma de volver al castellano, salvo contadas palabras.

Ella dice que no hubo llamado, sólo insistencia, “insistência e prática”. Aún no sabe qué es lo que la llama de la poesía, pero escribe en verso porque ve algo en este código que lo vuelve enigmático, misterioso. “Me gusta que, a veces, escribo sin saber por qué y, cuando termino, entiendo algo; el significado llega después, ¿sabes?”, responde.

A Mel la conocí en una lectura donde al tercer poema leído advirtió que sería en portugués, esperando que hubiese alguien dentro de los asistentes que pudiera entenderla. Su voz es diferente en ambos idiomas pero tiene algo, una gracia al declamar que imagino que al lector que no entendió se quedó con la resonancia de sus palabras.

Como dice uno de sus versos, «nació melancólica pero brasileña». Nació y creció en Brasilia, vive en Barcelona desde 2012, se vino a Europa con una niña ahora adolescente que tuvo a los 23 años y consiguió su primer contrato indefinido en 2022. Ahora, a los 40 años, publica el primer libro. 

El título nos remonta a una frase muy común entre los brasileños para referirse no sólo a quien está plácidamente dormido, sino también, en palabras de Mustefaga, a un estado tão profundo que llega a tocar la realidad.

Mel Mustefaga durante un recital en Barcelona. Foto de Ricardo Olave.

Aquí, mientras recibe una caña de cerveza, recita una frase que es motor para el libro: «O divino para mim é o real«, escrita con lucidez por su coterránea Clarice Lispector. La frase, escrita en La pasión según G.H. (1964), libro que la poeta ha leído muchas veces, la acompaña desde que la conoció en su adolescencia.

III

Algo bueno para todos los humanos es que uno no sueña lo que sueña dos veces de la misma forma. Si algo nos demuestra Mustefaga en este conjunto de poemas es que no hay una única forma de escribir un sueño.

A veces en prosa, otras veces en rima, o algunos versos que dan una sensación de trava-línguas, la autora se dispersa entre diferentes situaciones que la hacen ser ella. Hablar sobre los estados de una mujer abortando, embarazada o después de dar a luz también puede esconder lo mucho que le gusta la comida, o como un mantra sobre una mujer trotando puede esconder entre líneas que recorre siete kilómetros para llegar a llorar al mar. Lo mismo pasa cuando a veces dialoga sobre su rol como madre, pasando a otra escena sobre su búsqueda del deseo. 

La tarea de Mustefaga por entender no sólo la poesía como el formato habitual que conocemos, sino por sacarnos una risa en medio de la brutalidad es algo que no se elige al azar, la lleva a hablar de su insistencia.

“Creo que voy descubriendo al escribir, en el acto de escribir poesía; algo de escribir con el cuerpo, con la intención, con el deseo, e insisto cada día en saber más, perfeccionarme, aprender formas, temas diferentes, para conocerme mejor”, complementa.

De hecho, si hay algo que la poeta no soporta es el estereotipo de la poesía. Días antes de esta conversación, ella fue a la manicurista. Con sus manos estiradas, comenzó a contarle a la menina que había publicado un libro de poesía, y la mujer respondió con entusiasmo: “Recita una poesía para que la gente llore”. Mel se indigna todavía al recordarlo: “¿Por qué llorar? La poesía no es sólo para eso”.

IV

Un punto crucial en su escritura nace con su acercamiento al psicoanálisis. Uno podría imaginarse a la poeta disociada en un sillón freudiano mientras la psicóloga le dice algo, pero también uno puede imaginar a la poeta perdida en algún bosque cercano a Barcelona, ciudad que  tiene un rol en esta historia. 

Con sus treinta y cuatro poemas íntegramente traducidos al castellano (de España) como al portugués (de Brasil), El quinto sueño complejiza su propuesta, entregando en dos caras un poema que a veces nos habla de «sovacos” y luego de axilas, o de “moleque” para luego hablarnos del “chaval”.

La decisión de migrar a una ciudad con un idioma completamente diferente ayudó a Mel Mustefaga a construir ese sueño del libro. Lleva años escribiendo estos poemas en diarios, la forma que encontró para dessalgar (desalar), expulsar o destrabar la palabra que diera el impulso del poema. 

Si bien la traducción fue hecha de forma autodidacta, la poeta encontró asilo y respaldo en el consejo de Aníbal Cristobo, poeta argentino fallecido en marzo de 2026, quien vivió largos años en Brasil antes de elegir Barcelona como su casa definitiva.

El poeta, traductor, editor, escritor y creador de la editorial Kriller71 comenzó a reunirse periódicamente con ella desde 2024, hasta una semana antes de su muerte, cuando alcanzó a escribir el texto que acompaña a la contraportada del libro. 

En el primer encuentro, Mel llegó con todos sus papeles y había de todo. Un poco en portugués, otro en español, y ella confiesa que no sabía por dónde empezar. Lo más estructurado estaba en castellano, ya que para la autora era una especie de reto personal para querer aprender mejor el idioma. 

“Como é que eu consigo falar isso que eu quero falar em espanhol, entendeu?”, dice en su lengua. Ante la duda sobre qué idioma elegir, Mel ya sabía que el camino final era llegar a la publicación de un libro físico. Si era en portugués tendría que publicar en Brasil, pero no sabía cómo. Hace años que no vive allá, vuelve cada cierto tiempo para ver a sus padres a quienes llama a diario, pero nada más que eso. 

Mel mantuvo esa duda con Aníbal por mucho tiempo, hasta que él simplemente dijo “¿Pero por qué no lo haces en los dos idiomas?”. Así comenzó con la tarea casera de traducir todo al portugués.

Portada de ‘El quinto sueño’.

Tudo que eu escrevo em espanhol, eu traduzo para o português. E é complicado”, reconoce. Ahora, con el libro terminado, admite lo difícil que es traducirse a uno mismo, porque traducir también es reescribir, y escribió dos veces el mismo poema.  

Una tarea noble que puede sacar algunas canas en el largo cabello de la autora, en pleno apogeo de la destrucción del oficio gracias a la Inteligencia Artificial. Pero el proceso fue más duro de lo que parece. 

“No me siento tan cerca de las versiones en portugués. Las siento un poco distantes”. Esa honestidad es poco común. Mel admite que traducirse a una misma es meterse en un terreno complicado, donde cada palabra es una decisión política y afectiva. Y lo hizo hasta el último segundo. Hasta que el libro se fue a la imprenta.

Por eso, quien escribe esta entrevista, cuando conoció el libro por primera vez en una lectura de mayo, trató a la autora de “loca”, sin que eso fuera peyorativo.

V

El quinto sueño se presentó un 17 de abril, un mes exacto después de la muerte de su amigo Aníbal y el mismo día de su cuarenta cumpleaños. Ella lo cuenta con una mezcla de alivio y orgullo: “Llegaré sabiendo mucho mejor quién soy, mucho más segura de mí misma”.

Mel Mustefaga siempre quiso llegar a tener cuarenta años. Sus amigas más grandes cuando era más jovenzinha le advertían que ya iba a saber cómo iba a empeorar todo al llegar a ese número. Pero eso no pasó. Y hoy, con un libro en sus manos, con el que lloró la primera vez que lo vio,  marca un inicio de una década donde espera que la poesía esté aún más presente.

Al final de la conversación, le pregunto qué pasaría si pudiera sentarse con John Ashbery, Clarice Lispector y Anne Carson, autores citados en algunos poemas del libro, en una mesa de bar. Si les pediría consejo, si les confesaría sus dudas. Mel se ríe. “Me quedaría en silencio, muy nerviosa. Moriría de vergüenza”.

Eso sí, cuenta que una vez soñó con Ashbery y con el músico Robert Wyatt. Anotó el sueño para convertirlo en poema. No me extraña. 

Antes de apagar la grabadora también le pregunto qué es para ella la trascendencia, una palabra que suena tan grande como solemne, sobre todo para alguien que, si recordamos la clásica frase, sólo le faltaría plantar un árbol.

“Adoro trascender, es maravilloso”, responde con ironía. Pero enseguida se pone seria. Publicar, para ella, fue liberar un objeto. “Cuando uno ve la portada, el texto de la contraportada de Aníbal, los epígrafes, todo ese conjunto… Esto ya es otra cosa”.

El libro ya no es un montón de poemas sueltos de noches desveladas. Es un ser que puede pasar de mano en mano, que puede emocionar o que puede quedarse perdido en el asiento trasero de un taxi. “El poema es de quien lo lee”, sentencia. Y con esa frase, el libro ya no le pertenece.

Autor

  • Ricardo Olave Montecinos

    Ricardo Olave Montecinos (Temuco, Chile, 1997). Poeta y periodista. Su estética radica entre la nostalgia y la poesía situada. Ha trabajado en medios culturales aportando artículos y traducciones. Publicó en Chile 'Enclaustro' (Tortuga Samurái, 2022), el cual en 2023 fue traducido al francés. Sus cuentos han sido seleccionados en las ediciones 2021 y 2023 de Araucanía en 100 palabras. En 2024, inauguró el festival Poetas a la Calle en Fundo El Carmen, con la instalación de un memorial al poeta chileno Jorge Teillier. En 2025, recibió la beca de creación literaria del Fondo del Libro chileno por el poemario inédito Portugal Blues. Acaba de publicar el libro digital 'Lo ruiziano: definiendo qué (chucha) es un Raúl Ruiz'.

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