Marisol-Pepa Flores, la voz a ti debida

El escritor Luis García Gil publica ‘Marisol. Pepa Flores. Corazón rebelde’ (Milenio), una detallada y rigurosa biografía musical y cinematográfica de la mujer que fue icono de nuestros convulsos años sesenta y setenta.

Apegado a la Historia y con una tremenda curiosidad por la intrahistoria, Luis García Gil (Cádiz, 1974) es, además de poeta, un documentalista minucioso y reflexivo, de un talante que lo aleja de su juventud y lo acerca a la forma de mirar y recordar de los de la generación anterior a la suya. Siendo aún más joven que ahora, en 2004, hizo su primera incursión en la biografía de cantautores con Serrat, canción a canción (Ronsel), un libro en el que ya el torrente de información que García Gil maneja con inexplicable modestia fluía en el mismo discurso ameno, interesantísimo y fundamentado que ahora sostiene esta obra sobre Marisol. El éxito y la buena acogida de aquel primer libro —citado por el propio Serrat como inexcusable referencia para quien quiera saber de sus canciones— lo llevaron, “casi por puro azar, a seguir indagando en territorios que han sido siempre familiares para mí”, de modo que en estos años ha dado a la imprenta obras similares sobre Luis Eduardo Aute, Jacques Brel, Sabina, Yupanqui, Joan Isaac o Javier Ruibal.

¿Son sus libros el resultado de un interés historiográfico por la música de los últimos cincuenta años o prevalece más bien una cierta mitomanía?

Mi educación sentimental e intelectual es lo primero que me lleva a estos intentos de explicar la canción popular, de reivindicarla, más allá de los cantautores. Hacerlo es explicar la mentalidad de un país, los suspiros tolerados de los que solía hablar Vázquez Montalbán. El libro de Marisol consolida esa búsqueda y ese viaje a nuestra intrahistoria.

Cita usted a Vázquez Montalbán y en este libro queda explícita la vinculación con obras como Cancionero general del franquismo o Crónica sentimental de España

Indudablemente. Vázquez Montalbán es una referencia fundamental para mí, fue él  quien inició esa reconstrucción del cancionero sentimental no solo en sus ensayos, sino también en su poesía. En el caso de Serrat, por ejemplo, sentó cátedra con un temprano trabajo sobre el cantautor publicado en 1972.

Hay un manejo ingente de fuentes diversas…

Soy muy obsesivo en este sentido. Me gusta rastrear multitud de fuentes. Los años 60 y 70 son una época muy especial para mí y he ido recopilando mucha documentación sobre aquellos años. En cierto modo hay que saber diferenciar lo que puede ser interesante y lo que no, aquello que ayude a construir el retrato de un personaje, que en el caso de Marisol está lleno de complejidad.

A la figura de Marisol se han acercado nombres tan diversos como Gironella, Marsé o Umbral, ¿se siente identificado o al menos próximo a alguno de ellos?, ¿cómo ha querido diferenciarse en su libro de esos otros?

Bueno, todos esos acercamientos son puntuales y ayudan a enmarcar el interés que el personaje ha tenido en escritores y estudiosos muy distintos. Lo que me llamaba la atención es que no hubiera un libro que atendiera el personaje musical y lo enmarcara en su contexto. Lo que se ha publicado sobre Marisol no ha dignificado el mito, sino que lo ha llevado al terreno sensacionalista o a la imagen meramente cinematográfica. Yo quería dar un primer plano al icono pop y preferentemente musical.

Me parece que ha conseguido de forma ejemplar desligarse del amarillismo en un asunto tan complicado como biografiar la trayectoria vital y profesional de Marisol-Pepa Flores. ¿Qué estrategias se ha planteado respecto a esto?

A eso iba en la anterior respuesta. Estamos en un país de cotillas, de vergonzantes shows televisivos donde  la intimidad se asedia constantemente con la complicidad de los asediados. Había que salir de ese tipo de relato indigno. Siento un desprecio muy profundo por la prensa rosa, por el periodismo sensacionalista. Pero, claro, hay un público que consume eso, incluso hay gente muy seria como Vicente Verdú que hasta legitiman programas como Sálvame. Al abordar a Marisol tenía muy claro que mi libro debía alejarse del morbo, aunque fuera inevitable atender a su biografía, sus casamientos, su desnudo en Interviu etcétera, pero con moderación y respeto.

Marisol es la heroína infantil de los sesenta y sin embargo, como usted bien apunta, desde el primer momento se aleja de la canción infantil propiamente dicha y canta al amor. ¿Puede explicar esta interesante paradoja?

Yo lo llamo evolución. Para mí la Marisol más fascinante es la de finales de los 60, principios de los 70, esa Marisol con infinitas posibilidades, la que ya se siente mujer, la que viene de ser yeyé y se encuentra con los mejores compositores del país, por ejemplo Juan Carlos Calderón o el injustamente menospreciado Juan Pardo. Marisol va a la conquista de su identidad, se aleja de su etapa infantil, y creo que es una figura enormemente moderna, como lo podía ser la Bardot filmada por Godard en Le mépris o Françoise Hardy. A ese nivel.

Esa evolución la traza usted magistralmente tanto en lo referido a la faceta musical como al cine, y además dibuja trayectorias paralelas entre los “productos Marisol” y la propia España. Me llaman la atención frases del libro como esta: “A medida que avanza la filmografía de Marisol crece el cosmopolitismo”.

Bueno a veces da miedo encontrarse con frases que uno ha podido escribir, me imagino que te pasará también a ti. Es decir, que cuando se escribe un libro como éste uno maneja muchas sensaciones y reflexiones. En este caso, lo que trato de recalcar es que Marisol es una figura que va más allá del cine español nacional-folclórico del que parte. Hay indicios de cultura anglosajona, beat, pop, muy en consonancia con lo que estaba sucediendo a nivel musical en Europa. Hasta una película tan inclasificable como Carola de día, Carola de noche tiene su interés como documento de ese intento de Marisol de indagar en su propio mito. No tendrá suerte en el cine, pero me gusta fantasear con Marisol, actriz internacional, dirigida por Truffaut. Creo que su talento hubiera merecido ese encuentro con un cine europeo de calidad, se atisban sus enormes posibilidades en las colaboraciones con Saura o con Jaime de Armiñán. Por intuición establezco, además, paralelismos de Marisol con otras actrices que prosiguieron con su trayectoria, Romy Schneider, por ejemplo, que pudo ir desde Sissi hasta la desgarradora Muerte en directo de Tavernier.

Pepa Flores y Antonio Gades.

¿Por qué cree usted que la sociedad española vivió de modo tan traumático el hecho de que Marisol creciera, de que se hiciera mujer y se convirtiera en Pepa Flores?

El mito Marisol, el mito de niña prodigio es una ficción arteramente construida, un producto Goyanes. Hay una España que se queda ahí, en la inocencia del mito, pero que es incapaz de comprender hasta qué punto Marisol representa la propia evolución del país, la conquista de la libertad, la toma de conciencia, la rebeldía…, una rebeldía que el amarillismo atribuye a Gades en exclusiva, pero que ya existía en la Pepa Flores anterior a su encuentro con el artista, con el comunismo o con la Cuba de Castro.

La discografía de Marisol comprende 228 canciones, grabadas entre 1960 y 1983. Usted insinúa que la interpretación que hace Marisol de “Tu nombre me sabe a hierba” de Serrat, en 1969, marca un antes y un después. Entiendo que este momento desdobla en dos no solo la trayectoria de la cantante, sino también la historia reciente de España, ¿lo ve así?

Totalmente. Creo que es interesante ese encuentro con Serrat, excepcional —porque no se repite—, pero simbólico. Creo que es un reflejo de una España nueva, de una canción con contenido lírico que se cruza con el pop español. De ese encuentro sale algo trascendente. Y además revela las posibilidades de Marisol como intérprete. Su discografía es tan densa como irregular, pero tiene hallazgos, chispazos, destellos que no se han puesto en valor.

Entre los sesenta y los ochenta Marisol canta canciones edulcoradas, baladas sentimentales, melodías yeyé, himnos del pop, boleros, canción-protesta… ¿A qué España representa Marisol?

A todas por igual. Es una heterogeneidad que tiene más sentido de lo que parece. En cierto modo ella termina encomendada a Aute o grabando un disco tan militante y feminista como Galería de perpetuas, pero antes había tocado todos los palos. Miradas —o escuchadas— muy de cerca, sus canciones nos dan las claves de los momentos más interesantes de la música española de la época y también de los músicos más decisivos: Algueró, Serrat, Juan Pardo, Juan Carlos Calderón, Manuel Alejandro, Arcusa… Es un cancionero que retrata muy bien cómo en las grises postrimerías de una dictadura la diversidad musical está en plena ebullición, se canta en catalán, en gallego, en castellano, la música es heterodoxa, avanzada, diversa, todo lo contrario de lo que ahora ocurre, ahora tengo la impresión de que el contexto democrático solo produce una sola música estándar. A Pepa Flores le faltó grabar un disco flamenco, seguramente lo hubiera bordado.

Luis García Gil, autor de ‘Marisol. Pepa Flores. Corazón rebelde’

Los escritos de Juan Marsé sobre Marisol hacen que usted hable del “machismo imperante” de  los  sesenta-setenta y  de  la cantante como  modelo  erótico (“mito carnal del agonizante tardofranquismo”). ¿Hasta qué punto fue Marisol víctima de la moral machista?

Pues fue víctima absoluta. Marsé me parece un escritor admirable pero escribió también textos sonrojantes y de un machismo embrutecedor. En el caso de Marisol ello fue evidente. De Umbral, otra enorme referencia para mí, podría decirse lo mismo.

Usted cuenta una interesante controversia, en los ochenta, entre tres mujeres importantes, mujeres que han creado —cada una a su modo— opinión: Maruja Torres, Pepa Flores y Rosa Montero. ¿Retratan —a su modo de ver— la diversa izquierda española?, ¿retratan el diverso feminismo?

Esta polémica con Maruja Torres es, como bien dices, muy sintomática de esas diversas izquierdas y de las dificultades de la Marisol militante, que fue muy despreciada e incomprendida desde frentes muy diversos. No digo que esta Marisol no tuviera sus contradicciones, pero la opinión pública se cebó con ella. Este es un país muy cainita. No me extraña que Marisol decidiera retirarse, fue un acto de responsabilidad, de dignidad. En ese gesto que dura hasta hoy fue más Pepa Flores que nunca. Recuperó su intimidad. Y huyó de la fiera España, que no hace otra cosa que embestir.

¿Puede comentar el significado de los últimos autores vinculados a la música y al cine de Pepa Flores: Aute y Lorca?

A Lorca ya le cantaba en sus primeros tiempos, siempre estuvo ahí, aunque fuera de manera inconsciente. El encuentro con Aute lo considero importante. Para Aute fue maravilloso grabar esos discos con Marisol, sobre todo el último, Clima. La admiraba mucho y su cancionero sentimental, amoroso, de deseo estallante, tenía mucho que ver con la figura liberadora de Pepa Flores, con su madurez como artista, con su manera de cantar y de frasear. Lástima que no fructificara aquel proyecto con Gil de Biedma. Mariana Pineda tuvo su polémica pero supone una muestra de lo buena intérprete que era Pepa, como Los días del pasado de Camus.

En el tercer capítulo cita a Borges: “El hombre dura menos que la liviana melodía”. Hace unos días oí decir a Serrat algo parecido hablando de su “Mediterráneo”: “En estos últimos cincuenta años el mar se ha deteriorado mucho más que la canción”. Creo que necesitamos más crónicas musicales como la suya para conocer nuestra memoria.

La canción nos explica, nos ayuda a comprender muchas cosas. Somos esa memoria que está escondida en una canción, incluso en las malas canciones. Ellas resisten y suelen definir las emociones de un tiempo concreto. Hay libros —no solo los míos— que caminan en esa senda emocional. Citaría, por ejemplo, el de Fidel Moreno, ¿Qué me estás cantando?, o todo ese esfuerzo de revisión que ha hecho José Ramón Pardo con el sello Ramalama. Todo eso nos ayuda a desentrañar un periodo que necesita ser reivindicado para así comprendernos.

María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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