La víctima de un escritor pedófilo toma la palabra

‘El consentimiento’. Vanessa Springora. Lumen. Barcelona, 2020. 192 pp

En 1990, el escritor Gabriel Matzneff, miembro eminente del establishment literario francés, acudió al legendario programa televisivo Apostrophes a presentar el último volumen de su diario íntimo. Matzneff había saltado a la fama a raíz de la publicación en 1974 de su ensayo Les moins de seize ans (Los menores de dieciséis años), en el que defendía sin ambages que no había nada mejor para un niño o niña que ser iniciado en el sexo por un adulto con experiencia, tal y como se hacía en la antigüedad. No era su única apología de la pedofilia, pues llevaba publicada una larga lista de diarios, confesadamente autobiográficos, en los que contaba con todo lujo de detalles sus relaciones sexuales con menores, además de incluir en ellos las apasionadas cartas de amor escritas por sus amantes adolescentes.

Durante la emisión del programa, Bernard Pivot, el crítico literario más famoso e influyente en Francia, bromeó varias veces en torno a la larga lista de amantes de Matzneff, en edades comprendidas entre los diez y quince años, mientras el pequeño grupo de escritores que lo acompañaban sonreían cómplices o reían abiertamente. Solamente la escritora canadiense Denise Bombardier manifestó su escándalo ante esa defensa descarada de la pedofilia. “¿Y cómo les va después a todas esas niñas a las que describe en sus libros?”, preguntó. “¿Alguien ha pensado en ellas?”.

La escritora, cineasta y editora Vanessa Springora (París, 1972) fue una de esas niñas. Tras treinta años de silencio, ha decidido contar su versión de la historia.

Las primeras páginas de El consentimiento están destinadas a situar al lector ante el telón de fondo de su infancia y adolescencia, entre los cinco y los trece años. “Un padre ausente que ha dejado un vacío insondable en mi vida. Una gran afición a la lectura. Cierta precocidad sexual. Y sobre todo un enorme deseo de que me miren. Ahora se cumplen todas las condiciones”, resume. Conoce a Gabriel Matzneff en una cena con personalidades del mundillo literario, a la que su madre ha sido invitada y a la que ella también asiste. Matzneff, alma de la reunión, no le quita los ojos de encima. Enseguida empieza a escribirle encendidas cartas de amor. La adolescente, que adora los libros y admira a los escritores, se siente tremendamente halagada y, con catorce años (él tiene entonces casi cincuenta), se convierte en su amante. La madre de Vanessa, reticente al principio, acaba por aceptar la situación.

A partir de ahí, la autora desmenuza las tácticas empleadas por el escritor en su empeño de controlarla, mientras reflexiona acerca del efecto que producían en ella: “A los catorce años, se supone que un hombre de cincuenta no te espera a la salida del instituto, se supone que no vives con él en un hotel ni te encuentras en su cama, con su pene en la boca, a la hora de la merienda. Soy consciente de todo ello. Pese a mis catorce años, algo de sentido común tengo. De algún modo, convertí esa anormalidad en mi nueva identidad. Por el contrario, cuando mi situación no sorprende a nadie, intuyo que a mi alrededor algo no funciona bien.”

Pues, efectivamente, otro de los aspectos que denuncia El consentimiento es la complacencia de toda una época que, siguiendo los postulados de mayo del 68, consideró que prohibir la sexualidad juvenil era una forma retrógrada de opresión social. Narra Springora el posicionamiento de los intelectuales franceses de izquierda más prominentes del momento a favor de abolir la mayoría de edad sexual y flexibilizar el Código Penal en lo que respecta a las relaciones entre adultos y menores. Destaca en este contexto una carta abierta promovida por Matzneff y titulada “A propósito de un proceso”, que se publicó en el periódico Le Monde en 1977, en la que aparecen, por ejemplo, las firmas de Roland Barthes, Gilles Deleuze, Jean-Paul Sartre o Simone de Beauvoir (y, junto a ellas, la significativa ausencia de Marguerite Duras).

Vanessa Springora.

Casi todos los firmantes de esa y otras peticiones similares se disculparán con el correr del tiempo. Pero no se trata solo de los intelectuales. La tolerancia de la madre de Vanessa, de su entorno y de la propia Brigada de Menores, poco dispuesta a investigar la conducta de un escritor tan insigne, así como el relato del ginecólogo que, con su mejor intención, ofrece a la niña rasgarle el himen con un bisturí de forma indolora para que pueda disfrutar del sexo con su novio, son igualmente reveladores.

Para la Springora adolescente, su relación con Matzneff atraviesa diferentes fases hasta llegar a la progresiva toma de conciencia de que el hombre del que está perdidamente enamorada es en realidad un depredador sexual, que no solo viaja a Manila con cierta frecuencia para copular con niños de once o doce años, sino que utiliza esos encuentros, al igual que sus conquistas femeninas, como materia para sus obras.

Después de romper con él, Springora asiste impotente a su conversión en personaje literario: “Con G. descubro por mí misma que los libros pueden ser una trampa en la que encerramos a aquellos a quienes decimos amar, y convertirse en la herramienta más contundente de la traición. Como si su paso por mi vida no me hubiera devastado lo suficiente, ahora tiene que documentar, falsificar, registrar y dejar sus fechorías grabadas para siempre.” Un aprendizaje lacerante que la lleva a afirmaciones como esta: “Sería un error creer que [los escritores famosos] son como todo el mundo. Son mucho peores. Son vampiros”.

Gabriel Matzneff.

La publicación en Francia de El consentimiento en 2019 supuso un revulsivo en el país vecino, al evidenciar el beneplácito otorgado al abuso sexual de menores por las élites literarias y políticas, de las que Matzneff recibía favores y con las que confraternizaba hasta hace muy poco. El libro ha provocado su caída en desgracia, y la denuncia al escritor por parte de un grupo antipedofilia, juicio cuya celebración está prevista para septiembre de este año.

Al enorme éxito de ventas de El consentimiento ha contribuido sin duda el estilo con el que está escrito, exento de efectismos, pero atravesado por un dolor sincero del que nacen sus numerosas reflexiones, lúcidas e implacables. En un ejercicio catártico de autoafirmación, Vanessa Springora ha descrito la desolación de una víctima de abusos sexuales, incapaz de reconocerse como tal durante años (al fin y al cabo, ¿no había dado su consentimiento?), y acosada a lo largo de su vida por el hombre que no quiere perder el control sobre ella. Una víctima que finalmente decide dejar de serlo y reapropiarse de ese capítulo de su vida a través de las palabras.

Puede que la literatura haya servido para justificar conductas abyectas. En el caso de El consentimiento, ha cumplido el papel redentor de desmontar coartadas, iluminar rincones oscuros en los engranajes del poder, y acaso contribuir a evitar que se repitan.

Imagen de portada: ‘Thérèse sobre una banqueta’. Balthus.
Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *