La libertad, querido Sancho

Creo que todos hemos dicho u oído alguna vez esta frase tan sentenciosa de Don Quijote (II, LVIII): “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Pero no todos, sin embargo, nos hemos parado a leer el resto de la intervención del Caballero de la triste figura, probablemente porque la primera parte de la sentencia no nos deja resquicio para la duda y, ya se sabe, perezosos e inseguros como somos, ¿a qué poner en jaque una mínima certeza que tenemos?

La libertad (como la sinceridad) no tiene una única cara, y sobre todo no es válida per se. Por eso el párrafo cervantino sigue así: “Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre”.

Andan muy revueltos, en estos tiempos críticos, algunos mezquinos señores del mundo (y otros muchos esclavos de aquellos, no menos mezquinos) echándose a la calle (y al cuello) para exigir libertad. Tengo la amarga impresión de que quienes tal cosa reclaman son los mismos sátrapas, curas y fanáticos ignorantes que, en momentos no tan lejanos, rechazaron con ardor la libertad de las mujeres para abortar, la de los seres humanos para morir dignamente, la de las personas homosexuales para amar o la de los niños venidos de otro continente para recibir educación y protección. Y los mismos que, más atrás en el tiempo, apretaron filas junto a los que ganarían pero no convencerían.

Mientras esto ocurre, menudean cada vez más las intervenciones, en la televisión y en la radio, de músicos, poetas y pintores que aseguran sentirse durante el confinamiento casi en su salsa, es decir, en plena libertad, tanto que hasta incluso suelen pedir disculpas por el extraño bienestar que están experimentando en medio de esta tragedia social.

Interpretemos esta paradoja. La libertad no nos la quitan ni nos la conceden. Es una conquista personal y depende (mucho, todo) de dónde situemos nuestra mirada. He recibido las más grandes lecciones de libertad de enfermos terminales, de cuidadores confinados largos años por la atención a un dependiente, de un preso, de una prostituta y de un ciego. Ninguno de ellos echaba la culpa a otros de no ser libres, seguros de que eso no haría más que hacerlo esclavos de su propia incapacidad para ser libres.

Nuestra libertad se parece mucho a ese experimento de la física cuántica en el que un haz de luz se emite hacia una pantalla con dos rendijas: si el científico observa una partícula, esta pasa obedientemente por una de las dos rendijas; si el científico no está observando, la partícula pasa por las dos rendijas al mismo tiempo… El observador define la realidad, así como nuestra única mirada puede definir nuestra exclusiva libertad, librándonos, por tanto, de la necesidad estresante de tener razón.

De esta crisis saldrán mejores los que observan, quienes se observan, quienes se han atrevido a entender las paradojas de la libertad y han degustado sus contradicciones. La verdad, siento una pena infinita por ese chico que compró un máster en Aravaca y que no está aprovechando el tiempo de la cuarentena para estudiar y leer la segunda parte del discurso de Don Quijote sobre la libertad.

 

Imagen de portada: Cabeza de Don Quijote. Salvador Dalí.
María Jesús Ruiz

Autor/a: María Jesús Ruiz

María Jesús Ruiz es doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Cádiz desde 1987. Ha dedicado su docencia e investigación a la narrativa del Siglo de Oro, la literatura española del exilio de 1939 y fundamentalmente a la tradición oral, el folklore, la cultura popular y el patrimonio etnográfico. Sobre estos temas tiene publicados una docena de libros y más de un centenar de artículos.

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2 Comentarios

  1. Clarificador cien por cien Gracias MJesús por mandármelo.
    Me encanta vuestra REVISTA
    No dejeis de hacerlo
    Seguid siendo libres de vuestra propia libertad.
    Muy bueno
    Charo

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    • María Jesús Ruiz

      Gracias, Charo, feliz desescalada

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