La experiencia de vivir

‘Alfabeto’. Paul Valéry. Prólogo, traducción y notas de Javier Vela. Edición bilingüe. Pre-Textos. Valencia, 2018. 103 pp.

A Paul Valéry (1871-1945) le encargaron en 1924 una serie de textos que debían cumplir el requisito de empezar, cada uno de ellos, por una letra del alfabeto, excluyendo las poco usadas K y W, y que estarían destinados a acompañar la edición de otros tantos grabados que representaban precisamente las restantes veinticuatro letras. A esas condiciones añadió Valéry la de que cada uno de los textos se refiriese a una hora del día, de modo que el resultado fuera una especie de poema sobre la experiencia de vivir tal como se modula a lo largo de toda una jornada: un asunto, si se quiere, muy a la altura de la ambición del poeta y de las preocupaciones intelectuales que constituían el fondo de su obra.

Valéry, al parecer, no abordó el encargo hasta un año después y alargó el proceso de escritura, para desesperación de su editor, durante lustros, hasta abandonarlo definitivamente en 1939. A la luz del espléndido resultado, que permaneció inédito cuarenta años, no se entienden muy bien las posibles reticencias o el desapego del poeta hacia un texto que aúna la capacidad de sugerencia de la mejor poesía con la precisión y el rigor intelectual que caracterizaban la que podemos considerar su obra magna, los Cuadernos en los que anotaba diariamente sus reflexiones sobre los asuntos más diversos, siempre desde una perspectiva de curiosidad indagatoria y de máxima exigencia a su propio intelecto.

Alfabeto es, en efecto, un texto en el que, característicamente, Valéry aplica a un conjunto un tanto vago y difuso de percepciones –las que se suceden en la conciencia desde el momento mismo del despertar hasta el declinar del día– la precisión con la que un entomólogo abordaría su objeto de estudio. “Una secuencia de modulaciones imperceptibles –dice el poeta, interpelando al Sueño– extraerá mi presencia de tu ausencia;  mi ardor, de esta pereza; mi voluntad, de esta plenitud de equilibrio y abatimiento”. Pero pronto esta rigurosa indagación casi bergsoniana en los “datos inmediatos” de la conciencia se impondrá una exigencia mayor, de naturaleza estrictamente poética: “Eleva[r] lo que es misterio en nosotros a lo que es misterio en sí”; lo que implica la ampliación del foco de atención a otros hechos aparentemente banales, pero quizá igualmente misteriosos: a que el cuerpo, por ejemplo, “intuya su disolución” en el agua que lo baña, o a que el vuelo intermitente de una mosca haga preguntarse al observador, atento al misterio de la identidad, por la “rara facultad de no ser otra” que asiste incluso a un ser tan insignificante.

Es esta curiosa mezcla de mirada a lo cotidiano y rigurosa indagación poético-filosófica lo que otorga al denso texto de Valéry –magníficamente recreado en una sugerente prosa rítmica por Javier Vela– su cualidad de continua fuente de deslumbramientos. La simple jornada de un hombre común contiene, como intuyó también Joyce, todo lo que la vida puede ofrecer como objeto de reflexión y motivo de asombro. A Valéry le bastaron medio centenar de apretadas cuartillas para expresarlo.

José Manuel Benítez Ariza

Autor/a: José Manuel Benítez Ariza

José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) vive escribiendo y escribe sobre la vida: un poco cada día, un poco de todo, en una profusión hecha de muchas brevedades. Narrador, poeta, traductor y articulista, el hilo conductor de esta aparente dispersión de fuerzas es su "diario abierto" Columna de humo, en el que trata de explicarse.

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *