José Rasero Balón: “Benito Bram es un superviviente a todo, como tanta gente hoy en día”

El autor de 'Áticos y viento'.

Nos vemos en la facultad de Filosofía y Letras de Cádiz. Un lugar que nos trae recuerdos a ambos. Charlamos del pasado, de Cádiz y de literatura, pero pronto nos centramos en su última novela. Lleva publicada un año, pero todavía tiene mucho recorrido en prensa y en las redes sociales, tal vez por culpa de un elenco de personajes bien construidos que deambulan por las calles de Cádiz para dar forma a una historia emocionante y divertida a partes iguales.

Me comentabas que cuando empezaste este libro no tenías en el ánimo hacer una novela negra.

Para nada, mi idea al principio era jugar con la picaresca y con sus personajes. El protagonista era un ladrón (Cecilio Gelasio), pero apareció otro personaje,  que se hizo muy fuerte, que era el detective Benito Bram, y a partir de ahí todo cambió. Una vez acabada la novela, conocí a mi editora, Ana Mayi, que decidió apostar por ella. Durante la presentación, estuvimos  preguntándonos durante mucho tiempo si era novela negra o no.

Hasta entonces, siempre me había gustado la novela negra, pero sobre todo los clásicos. El boom de la novela negra no es que me cogiera por sorpresa, pero sí ha sido una sorpresa verme dentro de alguna forma y eso te hace, como ocurre con todo en la vida, estudiar el asunto. Es complicado hablar del boom de la novela negra, que no sé si es real o una burbuja. Desde mi punto de vista, se están dando premios a novelas negras que no lo son.

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De todas maneras, tu gusto por la novela negra parece venir de muy atrás. De hecho, hay un personaje en Áticos y viento que hace un verdadero despliegue de conocimientos sobre el género.

Al fin y al cabo, ese personaje es un contrapunto de Benito Bram. Lo va comparando, para dejarlo mal, con personajes de novela negra importantes.

En cuanto hubo un detective, de alguna forma, se me ocurrió un contrapeso de ese detective muy malo, muy desastre, que no deja de tener que ver con los detectives clásicos, que no son, desde el punto de vista norteamericano, ganadores, sino que son perdedores que tienen un pasado del que huyen.  Bram, desde este punto de vista, es bastante prototípico y ponerle un personaje al lado que le fuera dando caña mencionando los grandes detectives ante él me parecía interesante. Aparte de eso, como explica el escritor Antonio Orejudo, hay una referencia a Cervantes cuando contrapones a dos personajes. A final siempre venimos de lo mismo, aunque no lo sepas.

En todo caso, se trata de una novela negra atípica en el sentido de que no tiene un protagonista con un peso enorme sobre los demás, sino que ese peso de la acción se reparte, fundamentalmente, entre dos personajes: Cecilio Gelasio y Benito Bram.

Y eso viene del origen. Como te comentaba, Cecilio iba a ser el protagonista. Es el pícaro que anda por Cádiz y se busca la vida y de ahí el principio de todo: que era contar una historia en Cádiz. Tenía ganar de contar una historia que se desarrollase toda en esta ciudad.

Cádiz tiene una presencia importante en la narración, no solo desde el punto de vista de la escenografía, sino desde el punto de vista de la idiosincrasia de la ciudad, de su historia reciente, de sus costumbres… ¿Crees que esta historia podría haber sucedido en algún otro sitio?

Esta novela es de Cádiz y no podría haber ocurrido en otro sitio. Quizás no lo es en el argumento base: alguien roba un saxofón en un sitio  y un detective lo busca; pero sí es una novela de Cádiz en su conjunto. No son solo ciertos detalles, sino que Cádiz forma parte de la novela. De hecho, la idea de partida era escribir una novela que se desarrollara en Cádiz en la que no apareciera ni carnaval ni semana santa, y resultó imposible, me resultó imposible.

El origen de esta novela  está en mi novela anterior, Badián no es un anís, cuyo final ocurre en Cádiz. Hasta entonces no había escrito nada que ocurriese aquí.

Ya lo dijo algún escritor del que ahora no recuerdo el nombre: nos da cierto  pudor escribir sobre lo cercano, nos cuesta más meter personajes que cuando se trata de algo que está más alejado de nosotros. Y es cierto. Además, lo he hablado con  otros compañeros escritores de Cádiz y a ellos les pasa igual.

En Badián no es un anís lo hice y vi que me gustaba, que no me resultaba ridículo. Y eso fue el origen de Áticos y viento: una historia que sucediera en Cádiz en la que no saliesen comparsas ni semana santa. El primer objetivo cumplido, el segundo no tanto.

El carnaval y la semana santa aparecen pero de forma muy tangencial. Hay un fondo más social que folclórico de la ciudad,  ¿no te parece?

Pero aparece el carnaval en una escena en la que unos hombres cantan en un bar que, por circunstancias, está cerrado. Pero eso es Cádiz, al menos el Cádiz que conozco. Y en una parte muy loca de la novela, los personajes se encuentran en la calle de La Palma con una procesión para salvar de nuevo a Cádiz del maremoto, que  se une con un carnaval de verano, y todo es real. Yo vivo en La Viña  y esas cosas me las encuentro. No te voy a decir en mi día a día, pero sí ocurre. El carnaval de verano no me lo invento yo, y las procesiones son más que cotidianas.

Háblame de Benito Bram. ¿Qué clase de personaje es? ¿Cómo lo definirías? Has comentado que es un perdedor.

Lo de perdedor… Eso lo dice mi editora, Ana Mayi. Yo no es que no esté de acuerdo pero… De hecho en la novela hay detalles que hablan, para quien quiera enterarse, del concepto de éxito y de fracaso. Desde mi punto de vista es un concepto muy yanqui, muy de series de Antena 3, que nos lo han vendido y, como todo lo que nos venden, lo compramos y lo asumimos. Yo soy de los que piensan que el éxito y el fracaso son cosas distintas. Hay en la novela citas de algunos autores como Borges y Kipling que nos hacen ver que hay tener cuidado con las etiquetas, que la vida no es ese éxito o  fracaso que nos han dado cuadriculado.

Benito Bram, al fin y al cabo, es un superviviente a todo. No creo que sea una cosa rara, menos hoy en día, que cualquier persona se encuentre muy tirada, que pueda haber tenido una seguridad en su vida y que de pronto tenga que tirar para delante.

Por eso te decía que me parece una novela muy social desde el momento en que refleja un momento histórico que es éste.

Además que lo es. Están ahí las manifestaciones, por ejemplo. Quise mantener un tono para que no se convirtiera en un panfleto. Me costó trabajo porque políticamente tengo unas ideas, no sé si clara pero sí profundas, y se me podía ir la mano poniéndome a favor de unos y en contra de otros, subrayando ciertas cosas. Intenté que no, las manifestaciones existen. Hay cosas como que una pancarta salga volando que supongo que vienen de García Márquez, pero sí me propuse que el reflejo que la novela dé de la sociedad y de sus problemas no la convirtieran en un panfleto a favor de unos o de otros porque me parece mal. Hay que hacerlo muy bien en este sentido para que tenga sentido.

José Rasero Balón y su editora, Ana Mayi, durante la presentación de la novela.
José Rasero Balón y su editora, Ana Mayi, durante la presentación de la novela.

Esta es una novela muy coral, en la que hay muchos personajes distintos, que van entrando y saliendo, que forman parte de la trama y que terminan por confluir. Entre todos esos personajes, ¿cuál crees que tiene más fuerza desde tu punto de vista personal?

A mí me gusta mucho Carlota, me parece la esperanza que tengo yo y que tenemos mucha gente. Es la juventud, en este lugar en el que la gente joven está intentando hacer un nuevo futuro y un nuevo país.

De hecho apareció en un momento en el que la novela ya estaba avanzada.  Me quedé un poco perdido y me preguntaba qué hacer… Y apareció Carlota que le dio un empujón a todo.

Los personajes femeninos tienen una presencia fundamental en la novela. Aparecen mujeres de muchos tipos, incluso mujeres que tienen mucha importancia en la trama y que no conocemos hasta el final, como es el caso de Eva Bonet. Es muy interesante esa obsesión que tiene Cecilio Gelasio por ella, sin conocerla, prácticamente sin saber cómo es. Háblame de la construcción de estos personajes.

Eva Bonet es un símbolo. Es el placer, es el sexo, es la pornografía que, nos guste o no, es una cosa que es muy de este mundo. Creo que, tanto en el mundo capitalista más rico como el mundo que sea,  esto lo mueve todo, de una forma bastante vergonzosa para algunos, pero no deja de ser una realidad. Es una realidad en Cádiz, lo es, si investigas un poco, y de hecho en la novela soy más imaginativo que explícito, no cuento cosas o quizás les doy un barniz. El personaje de Eva Bonet está muy relacionado con el de su marido, un gran constructor.  No invento nada nuevo. Son realidades que pasan hoy en día.

De Carlota ya hemos hablado. Lidia es una gran admiradora de Eva y su mundo. Claudia, al final, por circunstancias, acaba con Benito Bram. Es una señora mayor a la que le gusta leer novela negra para evadirse y que arroja sus conocimientos al detective.

¿La trama de novela parte de alguna noticia o hecho real que tú conozcas o es completamente ficción?

Yo al principio creía que no estaba basada en nada concreto, pero una vez que la escribí y la presenté y pensé en ella, la verdad es que sí. Hay cosas que yo tenía olvidadas, pero es cierto que a un amigo mío que murió le robaron un clarinete y él vivía en un ático. No sé si tenemos que llamar a Jung o a Freud o a los dos.

Cuando se escribe salen las cosas que tenemos por la cabeza…

Yo al comienzo no era consciente, pero visto desde hoy día sí, sí. Para eso también sirve escribir, para sacar cosas que uno mismo no sabe que tiene. Desde luego, el punto de terapia de la escritura, en mi caso, es evidente.

La novela se llama Áticos y viento y se subtitula un “caso de Benito Bram”. ¿Va a haber más casos de Benito Bram?

Uno más seguro.

¿Estás trabajando en ello?

Cincuenta páginas. Ya está cogiendo un peso.

El autor de 'Áticos y viento'.
El autor de ‘Áticos y viento’.                                                                                   Foto: Natalia Bernárdez.

Es curioso como un personaje que en principio, como dices, no está destinado a ser el protagonista, cobra relevancia. ¿Muchas veces los personajes tienen vida propia, más allá del escritor?

Yo siempre lo he pensado. Mi experiencia es esa. Digamos que yo escribo de una forma muy rara por lo que veo a otros escritores, que hacen su esquema, e incluso algunos empiezan por el final para tenerlo todo muy claro… Pues yo soy un caos, he intentado cambiar pero no me sale. Yo empiezo a escribir y van ocurriendo cosas y apareciendo personajes, lo voy viendo y voy escribiendo y se va agrandando, como ocurrió cuando apareció Benito.

Cuando se va escribiendo salen las cosas. No sé quién lo dijo, creo que Vargas Llosa: hablaba de un puzle de tus recuerdos, de tus vivencias. Cuando te pones a escribir va encajando. La invención pura existe, pero poca. Todo viene de lo que hemos vivido, de lo que somos, de lo que hemos visto, de los amigos, mujeres, novias; y  de ahí vas cogiendo cachitos y vas haciendo el puzle.

¿Tienes idea de por dónde va a ir Benito Bram a partir de ahora?

Creo que una novela y poco más, pero nunca se sabe. De hecho nunca pensé que escribiría una segunda parte.

Tiene relación esta novela con otras cosas que has escrito anteriormente

Es el resultado. Mi primera novela Laila es de 1997, hace mucho tiempo, la escribí, se la enseñé a mis amigos y al cabo de los años, encontré un editor de El Puerto que publicaba novela erótica y ahí encajaba la mía. La publiqué, pero no me acababa de convencer, salvo en el aspecto de que conseguía darle sentido a una historia. Aunque la historia no me convenció, vi que tenía un cierto algo.

Con los años, todo tiene que ver. Uno aprende leyendo, básicamente, y escribiendo. Aunque el tema de ésta no tenga nada que ver con las otras, todo es resultado de ese proceso.

Me gustan los personajes secundarios de Áticos y viento: Gipsy, el policía Rodolfo Amores, Huberto… No son personajes accesorio, sino que impulsan la trama.

Es evidente, quizás porque yo veo la vida así, llena de gente. Aunque yo sea un tipo solitario, que lo soy, pero siempre hay personas alrededor y lo que hagas influye para bien o mal. Mi barrio se caracteriza porque hay mucha gente distinta…

Yo pienso que también esto viene del sustrato cervantino creo que lo tenemos todo: por mucho personaje principal que uno quiera conseguir, si no está apoyado por secundarios buenos y potentes no vamos a ningún lado. Curiosamente eso es contradictorio: en las novelas de Philip Marlowe, que me encanta, no suele haber muchos personajes solo él, una mujer y el investigado. No son novelas corales.

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