Hambre de vida

‘Vozdevieja’. Elisa Victoria. Blackie Books S.L.U.. Barcelona, 2019. 245 pp.

La protagonista de Vozdevieja, primera novela de la sevillana Elisa Victoria, se llama Marina y tiene nueve años. Nos cuenta sus vivencias en primera persona, en presente de indicativo. La autora parte de una apuesta arriesgada pues no adopta la voz gamberra, limitada o mágica que atribuimos a la infancia. En lo que narra, Marina se comporta como una niña, pero reflexiona como una adulta. Y así, en ocasiones predomina la mirada de la niña que juega en silencio con una amiga a colocar sus muñecas en orden o agarra una rabieta porque no quiere bañarse (y una vez dentro de la bañera, se coge otra porque ya no quiere salir), o la de la adulta, que reflexiona con ironía, a veces con humor y siempre con una enorme lucidez, acerca de lo que significa ser una familia normal (consciente de que la suya no lo es), de los problemas que tendrá que afrontar cuando abandone lo que llama “la cárcel de la infancia», de por qué se siente en sintonía con los niños rebeldes aunque ella es la que saca las mejores notas de su clase, de la muerte, de la vejez, del sexo que está deseando experimentar cuando tenga edad para ello, y de sí misma.

Marina se autodefine como insegura, asustadiza, inadaptada al igual que su madre, inmersa en su papel de niña fuerte dispuesta a enfrentarse a la tragedia que se vislumbra en el horizonte: «Si me entregara al devenir de los acontecimientos […] y mi madre me pillara deshaciéndome por las esquinas, la moral de este hogar caería en picado», afirma con esa “voz de vieja” a la que en ocasiones resulta difícil otorgar verosimilitud, dada la edad de la protagonista. Sin embargo, el lector se ve desarmado por la honestidad que rezuma el texto, y acaba por aceptar esa simultaneidad extraña, que es como si a la fotografía de una niña le superpusiéramos otra transparente de ella misma ya adulta, y esa imagen doble fuera la que nos hablara sin imposturas.

Marina es hija única. Vive en un barrio obrero con su madre, gravemente enferma, y con Domingo, su actual novio. Hace mucho que no sabe nada de su padre. En su corta vida, la niña ha cambiado de casa, de barrio y de colegio varias veces. Su infancia tiene poco de idílica: «Mi madre ha ido empeorando en el último año a un ritmo precipitado. Cuando nací ya le habían previsto dos muertes inminentes […]. La enfermedad es un miembro más de mi familia, uno con capacidad para decidir lo que será de mí después de este verano», dice, pues la obra se desarrolla durante el verano de 1993, en el que Marina pasa gran parte del tiempo en la casa de su abuela, vegetando en el calor asfixiante de Sevilla mientras su madre se somete a un tratamiento médico en el hospital.

Por la novela pululan un sinfín de niños y niñas con los que Marina comparte juegos. Pero, además de la protagonista, otros tres personajes destacan en la narración, cada uno con su idiosincrasia. Se trata de su madre, su abuela y Domingo. La madre de Marina es una mujer de carácter fuerte, de profesión limpiadora, preocupada por la educación y el futuro de su hija, a la que no intenta engañar respecto a la gravedad de la situación. Una mujer que rechaza el papel tradicional de ama de casa y que lucha contra la enfermedad con todo el coraje del que es capaz. La abuela, por otra parte, comparte con su nieta la total desinhibición en asuntos escatológicos (Marina suele explayarse a la hora de hablar de ellos), se siente subyugada por Felipe González, permite que la niña se acueste tarde si el programa de la televisión le interesa, deja que se levante a la hora que quiera y, en general, le brinda el refugio que necesita para olvidarse de la pérdida que se cierne sobre ella. Con Domingo, mucho más joven que su madre (parece más “un hermano mayor con trabajo que un padre”, dice la niña), Marina mantiene una simpática relación de complicidad: él la llama “socia”, la trata como a una igual y a ambos les gusta dibujar mapas de un territorio enemigo imaginario y jugar a la guerra como forma de descargar tensiones.

Elisa Victoria.

La llegada de Domingo a su vida ha tenido el efecto colateral de permitir a Marina acceder al mundo de los cómics para adultos, al que es aficionado y que ella sustrae a escondidas de la mesilla de noche: “El Víbora, el Tótem, el Creepy, el Mazoky y Zona 84 son revistas para adultos y se supone que yo no tenía que haberlas visto nunca, pero es tarde. A estas alturas son tan importantes para mí que se han convertido en una necesidad básica […]. En multitud de situaciones difíciles soy capaz de resistir con una sonrisa porque en las imágenes que contienen estas revistas encuentro una fuerza oscura y libre que me llena de esperanza”. Historias gráficas de sexo y violencia, tabla de salvación a la que se aferra una niña hambrienta de vida para sobrellevar el dolor que la acompaña desde su nacimiento.

Se podrían destacar de este libro su excelente edición, sus magníficos diálogos o los estupendos hallazgos verbales, salpicados aquí y allá, que sorprenden como sin proponérselo. Pero Vozdevieja es, fundamentalmente, el relato exento de sensiblería, escéptico siempre y humorístico a veces, de una infancia sobre la que planean la enfermedad y la muerte. Es el canto de amor de una hija a su madre (“Nuestra relación es muy intensa, muy estrecha. Me ha tocado nacer en un hogar frágil y cambiante. Lo único que permanece en mi vida es ella. Donde esté ella estará mi casa”). Es el homenaje a una abuela que hace lo que puede por aliviar la situación, y al hombre que recorre junto a su pareja el camino de la enfermedad. Y es una celebración de la vida, a pesar de todo.

Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

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