La luz de la luna cae como una piedra grande, lisa y blanca.
Fue pequeña antes de los visigodos. Con los árabes creció hasta ser capital de la Cora de Saduna. Con las invasiones almorávides y almohades sufrieron persecución. 1264, tras la reconquista cristiana, huyeron hacia Granada. Xerez se repobló con una numerosa comunidad, sobre todo de Castilla la Vieja y del Algarve portugués. Se les separó del resto de la ciudad por una amarillenta muralla de piedra con una puerta, llamada de la Judería, que se cerraba desde el crepúsculo hasta el amanecer. Fue un barrio anexo a la collación de San Dionisio y al barrio intramuros del Algarve. Hubo además de casas; una alhóndiga, dos sinagogas y un hospital. Cruzaban por sus paredes y se escapaban, ruidos que corrían por sus tejados y caían por las cañerías. Entre la Puerta de Sevilla y la Puerta Real, las calles de Tornería, Judería (antaño llamada Calle de la Sinagoga), Eguilaz, San Cristóbal, Álvar López y Cuatro Juanes y las Plazas del Banco, la del Progreso y la de Santo Ángel. Empezó con noventa habitantes, llegó a tener más de tres mil. Una de las sinagogas estuvo en el actual nº 6 de la calle Tornería. La segunda, menor, en la actual Plaza de Santo Ángel. Cerca las casas de los rabinos. Había un contacto interreligioso fluido y floreciente. La mayoría de los residentes tenía sus trabajos fuera, aunque se tenían que recoger antes de que se cerraran las puertas. El único terreno fuera de los límites fue el cementerio, o fonsario, ubicado en la zona extramuros de la muralla, en la calle Honsario.
Se produjeron conversiones al cristianismo. A los conversos se les llamó, despectivamente, marranos. Crearon la saeta para aumentar la poca confianza que puso la Iglesia en su cristiandad. El cante jondo deriva del Kol Nidrei, “Todos los votos, obligaciones, juramentos y anatemas,… que nos atan desde este Yom Kipur hasta el siguiente quedan anulados”. Suplican a Dios, que les anule el juramento prestado a la Iglesia Católica. Al cante por Petenera se le conoce también por “Cante de Sinagoga”.
Ciertas horas de la noche y del alba acostumbran a susurrar un consejo mudo y misterioso. En lo “escuro” todo es uno. Se les llamó seguidores del Diablo, brujos y envenenadores. Los acusaban de sacrificar un niño cristiano durante su Pascua. Decían que maltrataban hostias, hasta que brotaba sangre de ellas, para producir prodigios. Que propagaban la peste negra y que contaminaban el agua para acabar con los cristianos.
1483, la Inquisición decide expulsarlos. En este tiempo la peste andaba por Xerez. Se recurre a los Reyes Católicos. Estos conceden una prórroga de seis meses para el destierro.

Pedro Sepúlveda, con las patillas blancas, rizadas. ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Di-s, al mirar a su rabino en Jerez? Derramando el polen de las estrellas. El lenguaje en su aspecto mágico. Las veintidós letras del alfabeto Hebreo y los setenta y dos nombres de Di-s. Los arcanos de las Letras, del Tiempo y del Espacio. Fluían palabras, revivían. El Séfer Ietziráh, El Libro de La Creación. No era un libro lo que hablaba, era una voz. El Golem tenía escrita la palabra «emét» en la frente. Esta palabra quiere decir verdad y se escribe con un álef. Desde ese momento, cada treinta y tres años, un ser surge caminando desde la calle Judería, envuelto en un traje antiguo y raído, dando traspiés como si a cada momento fuera a caerse hacia delante y, de repente…, se hace invisible. Se sabe exactamente cómo es y sin embargo no se puede describir. Cúmulo de tierra con miembros humanos. “Kien ve al guerko, le keda el cesto”. Generalmente da la vuelta a una esquina y desaparece. Se dice que otras veces describe un círculo en su camino y que vuelve al punto de partida: una casa antiquísima cerca de la antigua sinagoga. Cada treinta y tres años aparece en la ventana con rejas de una habitación sin acceso en la Judería de Jerez, incapaz de hablar. Un cuarto cuya entrada nadie puede encontrar.
Al final la prórroga para el destierro, queda indefinida.
El 31 de marzo de 1492, el Decreto de la Alhambra, la expulsión bajo pena de muerte. A todo judío que se encontrara en el país o a los que los ampararan, luego de los cuatro meses, se les retirarían todos los bienes y se los condenarían con la pena de muerte.
El 2 de agosto de 1492, llega el destierro definitivo. Decenas de miles de refugiados murieron buscando un lugar seguro. Navíos Españoles cobraban a los pasajeros sumas exorbitantes, para luego echarlos por la borda en medio del océano. Corrieron rumores de que los refugiados se habían tragado diamantes y oro, y muchos fueron acuchillados por bandidos intentando encontrar tesoros en sus estómagos.
“Kuando muncho escúrese, es para amaneser”. Borrando la letra álef de la frente del Golem queda formada la palabra «met», la cual significa muerte, y el Golem se deshace.
Los judíos se fueron, el Golem se quedó.
1584, el Maharal Judah Low ben Bezalel crea otro Golem en Praga.

