CriSSis

Ilustración de Manuel Martín Morgado.

Capítulo 15. González y Márquez (2).

 

—¿Pero tú te has vuelto loco de pronto?

Márquez dejó la cuchara sobre la mesa, el tazón de sopa china todavía humeante. Frente a él, González no había tocado tampoco el plato de wantún frito.

—¿Eso te parece?

—Joder, claro que me lo parece. ¿No tienes otra cosa que hacer o qué?

—¿La tienes tú?

Justo en la diana. Márquez bajó la mirada. González cogió una pieza de wantún y la quebró antes de meterse el interior en la boca. Dejó la cobertura rebozada sobre el plato: le incomodaba tanta grasa.

—No, claro que no la tengo —contestó Márquez—. Pero lo que propones es…

—Una locura, ya lo has dicho.

—Una chorrada.

—¿Qué hacemos entonces, Márquez? ¿Esperar que nos maten a todos, uno  a uno?

—A ti no te va a matar nadie.

—¿Y a ti?

—A mí tampoco.

—Hace un mes y pico me pediste una pistola.

—Era hablar por hablar.

—Ahora soy yo quien te la pide. Metafóricamente hablando.

—¿Te has vuelto poeta?

—Me he vuelto un gilipollas responsable.

—Pero gilipollas al fin  y al cabo.

—Márquez, ya has visto la que se ha liado en el entierro de esa pobre mujer esta mañana. La cosa está que arde.

—Me alegra que te hayas dado cuenta ahora. Pero lo que propones es una locura. Una tontería. Una salvajada, joder. Nos guste o no, vivimos en una democracia.

Ilustración de Manuel Martín Morgado.
Ilustración de Manuel Martín Morgado.

González no pudo contener la carcajada. El restaurante chino, medio vacío a estas horas, ni siquiera se hizo eco de la risa.

—Esa pobre mujer nos ha enseñado el camino.

—¿El del cementerio? No, gracias.

—El de la reacción. Se están burlando de nosotros, Márquez. De ti y de mí. De nuestros hijos y de nuestros nietos. Unos entran y salen de rositas de los juzgados. A otros los expolian. O los matan.

—Como nos matarán a nosotros si pones en práctica eso que dices.

—Como nos matarán de todas formas. Escucha, Márquez. Esto no tiene salida. Lo sabes. Lo saben. Nos exprimirán hasta que nos dejen secos. Ya has visto lo que pide el FMI: que tensen todavía más la cuerda. Ya no existe la democracia. Ya no mandan los ciudadanos. Mandan los mercados. Han convertido nuestra sociedad en un Monopoly.

—Siempre ha sido un Monopoly. O, peor aún, un juego de ajedrez.

—Exactamente. Pero en el Monopoly sólo hay dos opciones: te arruinas o te haces rico. Es lo que tenemos ahora. En el ajedrez se puede eliminar al que más manda: de eso precisamente se trata. El peón más insignificante puede coronarse y convertirse en una máquina imparable.

—¿Y ese peón soy yo?

—Ese peón es cualquiera de nosotros, Márquez. Sólo hace falta tener la cabeza fría y los cojones en su sitio.

—¿La lucha armada, González? ¿A eso quieres recurrir?

—Llámalo como quieras. Yo prefiero pensar en la guerrilla. En la resistencia.

—¿Por la libertad, como Robin Hood?

—Por venganza.

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