Construirse a uno mismo

‘Educated. A Memoir’. Tara Westover. Random House, Nueva York, 2018.

Aunque hoy en día no es habitual cuestionarse el derecho a la educación, que impone a los padres como contrapartida el deber de escolarizar a sus hijos, existen quienes ven en la enseñanza pública obligatoria un poderoso mecanismo de lavado de cerebro al servicio del Poder y de sus intereses. Educated. A Memoir, de Tara Westover, publicada en España con el título de Una educación (Lumen, 2018), saca a la luz estas dos visiones contrapuestas. Y no lo hace desde presupuestos teóricos, sino desde la experiencia personal de su autora, nacida en Estados Unidos en 1986, en el seno de una familia de mormones fundamentalistas contrarios a la intervención del Estado en estos y otros asuntos.

Antes de comenzar la narración, Tara Westover, como si deseara curarse en salud de posibles acusaciones de deslealtad religiosa, puntualiza que sus memorias no tratan del mormonismo ni de ninguna otra religión; que aparecen en ellas toda clase de personas, algunas creyentes y otras no, algunas amables y otras no, sin que eso implique correlación positiva o negativa entre ambas. En el prólogo introduce lo que justifica el título del libro mediante el recuerdo de algo sucedido cuando contaba siete años de edad. La anécdota es la siguiente: de pie, junto al granero de la granja en la que vive con sus padres y hermanos en una remota región montañosa del estado de Idaho, ve pasar de largo el autobús escolar, que no se detiene a recoger a nadie. Porque, en efecto, los padres de Tara han decidido que ninguno de sus siete hijos recibirá educación reglada. “La escuela es una estratagema del gobierno para alejar a los niños de Dios”, opina Gene Westover, el cabeza de familia (el nombre propio es un seudónimo), auto proclamado profeta y figura omnipresente a lo largo del relato. Para evitar que el Estado los obligue a escolarizarlos, los últimos cuatro hijos del matrimonio, nacidos en casa con ayuda de una partera, carecen de partida de nacimiento.

Si el lector podría empatizar con unos padres que desean encargarse personalmente de la educación de sus hijos, le resulta más difícil hacerlo cuando se da cuenta de que la vida de esos niños ha estado marcada por un estado de alarma permanente, por una larga lista de terrores de cuyo alcance Tara, la menor de sus hermanos, solo tomará conciencia años más tarde. Así, por ejemplo, la convicción en la inminente llegada del Final de los Tiempos y la consiguiente necesidad de almacenar enormes reservas de comida, combustible y armas, estas últimas para defenderse de quienes vendrán a robarles cuando se haya instaurado el caos. O la historia, narrada por Gene a sus hijos con todo lujo de detalles, de una familia (parecida a la suya en su rechazo de la escolarización obligatoria), abatida a tiros por agentes del FBI. O la negativa a tratar cualquier enfermedad con otra cosa que no fueran plantas medicinales y fe en Dios, sin contar la continua exposición de los miembros de la familia a peligros físicos, en numerosas ocasiones materializados en espeluznantes accidentes.

Tara Westover.

La primera mitad del libro se centra en las vivencias de Tara desde su infancia hasta que, pocos días antes de cumplir los diecisiete, se marcha de su casa para estudiar en la universidad. ¿Qué la mueve a tomar una decisión tan contraria a la voluntad paterna? Por una parte, el deseo de no volver a trabajar en la chatarrería de su padre, en la que había comenzado a manipular hierros y a convivir con maquinaria pesada a la edad de diez años. Por otra, el ejemplo y la insistencia de su hermano Tyler (a quien, por cierto, dedica el libro), que ya había dado ese paso unos años antes. Gracias a él, Tara busca horas en su apretada jornada laboral para llenar los vacíos de la raquítica educación recibida en casa, y finalmente consigue superar las pruebas de acceso a la universidad.

A partir del momento en que, por primera vez en su vida, pone el pie en un aula, empieza a producirse en ella un cambio que acabará con el descubrimiento de algo tan importante como la fe en sí misma. Gracias a la ayuda desinteresada de distintas personas, Tara consigue becas para ampliar estudios, que la llevarán desde la Universidad Brigham Young (una universidad privada estadounidense perteneciente a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), hasta la lectura de su tesis doctoral en la Universidad de Cambridge (Reino Unido) años más tarde. En ese largo trayecto interior y exterior, Tara comprende que la capacidad de poner en tela de juicio ideas, historias y puntos de vista diferentes está en el corazón de lo que significa crearse a uno mismo, y que no se puede renunciar a la custodia de la propia mente sin renunciar a aquello que uno es. Una necesidad de autoafirmación, en suma, que tendrá para ella un alto coste personal.

Es difícil encontrar un libro que produzca en el lector un impacto tan fuerte como estas memorias. Varias son las razones. En primer lugar, el tono de absoluta naturalidad (tal vez la naturalidad con la que los niños, a falta de otros referentes, viven las cosas) con el que se nos cuentan comportamientos de los padres, aterradores por el fanatismo que dejan traslucir. En segundo lugar, los propios hechos narrados, que van desde las heroicas actuaciones de Tara en su intento por ganar su libertad hasta todo lo que se refiere al paranoico estilo de vida de los Westover en su granja de Idaho, a su relación con el entorno y a su evolución a lo largo del tiempo, en una muestra más de que la realidad siempre supera a la ficción. En tercer lugar, las lúcidas reflexiones de su autora, la disección que hace de su vida con un lenguaje preciso y sencillo, exento de adornos, con la mirada inteligente y tranquila de una mujer que, sometida a situaciones extremas de violencia física y sicológica, ha tenido que plantearse muchas cosas respecto a sí misma y a su familia. Y, por último, las hermosas visiones de una infancia en contacto con la naturaleza y sus ritmos estacionales, en aquella granja al pie de las montañas en la que el tiempo adquiría una dimensión cíclica y su familia se revestía de una apariencia de inmortalidad.

Educated es muchas historias en una. Es, sin lugar a dudas, una historia épica de superación personal. Es también un relato acerca de la dificultad para ubicarse en el mundo. Es un intento de recordar para entender, para reconciliarse con el pasado, para perdonar. Es un acto de resistencia. Y es, sobre todo, un homenaje al valor de la educación, una historia acerca de la reconstrucción del yo con las armas del conocimiento y la inteligencia.

Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

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