Celebrar la literatura por todos los poros

Hace tres décadas que la casualidad consciente de un emprendedor gaditano parió, al compás del coro de la Viña La Plastilina, una decidida apuesta por vender cultura en la capital del ingenio y el verso certero: la librería papelería Plastilina. Juan García Sánchez, uno de los responsables de ese hito del comercio en Cádiz, recuerda con un café los comienzos del negocio familiar en un cada vez más complicado sector.

Cultura que se nutre de cultura y empapa las calles gaditanas sin necesidad de que jamás se sequen. Se suda creatividad a diario por estos lares, en cada esquina, y ese calor reconcentrado brota por todos sus adoquinados poros de forma incontrolada y, especialmente, cuando asoma el frío febrero. Se palpa, se exhala, te rodea y finalmente se comparte aunque intentes escapar. Inspira, en definitiva, para la eternidad.

Fue precisamente un mes de febrero del año 1986, hace tres décadas, que la casualidad consciente de un emprendedor gaditano parió, al compás del coro de la Viña La Plastilina, una decidida apuesta por vender cultura en la capital del ingenio y el verso certero. La jugada le salió redonda y el nombre sonaba a pelotazo, como las grandes coplas del Carnaval de Cádiz. A finales de ese año abría sus puertas la Librería Papelería Plastilina, sita en la avenida Cayetano del Toro, 22.

Hoy, con el concurso de agrupaciones carnavalescas sudando tablas en una televisión cercana y desde otro gélido febrero, Juan García Sánchez, uno de los responsables de ese hito del comercio en Cádiz, recuerda con un café los comienzos del negocio familiar en un cada vez más complicado sector en el que se han perdido casi setecientos establecimientos por todo el territorio nacional, según los últimos datos de 2013 ofrecidos por el informe La lectura en España, publicado el pasado año por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).

Juan García Sánchez, uno de los responsables de Plastilina.

Juan García Sánchez, uno de los responsables de Plastilina.                                 Foto: Julio Sampalo.

Plastilina sobrevive a este aciago panorama. “El establecimiento ha cambiado mucho desde que mi padre lo compró. Al principio ocupaba el local que actualmente es una tienda de juguetes y cuando el negocio empezó a funcionar se pasó al local de al lado. En ese tiempo solo era papelería”, explica García. Además, “por aquel entonces no había muchos establecimientos de este tipo, salvo la librería papelería Cominero -que cerró sus puertas en 2010 tras casi también tres décadas de ferviente actividad-”, cuenta.

No solo en la fisonomía del negocio, también Plastilina ha ido amoldándose como la sustancia de la que toma nombre a los gustos de los lectores. A vueltas con el compás del febrero gaditano, los consumidores vacían los estantes de bibliografía acerca de temas locales. “Historias, anécdotas, cocina… Todo lo relacionado con Cádiz se vende”, afirma García. Por el contrario, “la literatura adulta va cada vez a menos; lo opuesto a la infantil, que se mantiene porque los padres fomentan la literatura en sus hijos”, relata.

En cuanto a los gustos que triunfan entre el público adulto hay un repunte de la novela negra y policíaca con los libros de Dolores Redondo, y, aunque resulte extraño, “la poesía. Está de moda. Hay una editorial llamada Frida y está arrasando”, dice el librero.

Para la conmemoración de este treinta aniversario, Plastilina dedica especialmente sus esfuerzos a atraer al público más menudo al fascinante mundo de la literatura a través de una infalible herramienta: los cuentos. Otro acierto de estos emprendedores culturales, unos visionarios que supieron atisbar que la lectura, asumida a edad temprana, moldea creativamente –como se hace con la plastilina- la imaginación de los más pequeños.

Así han dado forma a una interesante programación infantil que se da cita de tanto en cuando en sus instalaciones y que se va a extender durante casi todos los sábados de 2017. La librería papelería está desarrollando una serie de cuentacuentos muy especiales donde los niños son los protagonistas y los libros el vehículo mediante el que conocidos autores crean al calor de su voz un encuentro inolvidable.

Belén Peralta

Belén Peralta cuenta un cuento a los niños en la librería Plastilina.                                 Foto: J.S.

La oferta se completa con la entrega anual del Premio Plastilina & Bloggers al ‘Mejor Álbum Ilustrado’ y otras actividades como ‘Continúa el cuento’ o el Club de Cuentacuentos en el que padres e hijos interactúan gracias a la cultura tejiendo redes que la convierten en una experiencia única y compartida.

De un negocio tan añejo y compartido brotan, inevitablemente, numerosas anécdotas que recorren generaciones. “Recuerdo que cuando era pequeño intentaba tirar los muñecos que estaban en el escaparate dándole golpecitos. Ahora soy yo el que le compra a mi hijo allí”, recuerda Juan García que le contó un antiguo cliente acerca de su relación con Plastilina. “Satisfacción” es el primer adjetivo en la mente del librero al hacer balance en este aniversario. El lema ’30 años viajando entre libros’ –obra del ilustrador sevillano Raúl Guridi– elegido para conmemorar la efeméride ha traspasado sin duda los poros de varias generaciones de gaditanos.

La supervivencia de la lectura está garantizada. La de las librerías en continuo entredicho. “Han cambiado los formatos. No es que la gente no lea ni compre libros, sino que lo hace de otra manera, les regalan libros electrónicos por ejemplo y de vez en cuando compran uno en papel que les gusta mucho. Se consume la misma cantidad pero en formato digital”, explica María del Carmen Abollado, compañera de Juan García. La FGEE corrobora en su informe que dicha tipología de consumo supone más de la mitad de la que se practica en España, tanto a través de la pantalla del ordenador como las de los e-books.

Sin embargo y paradójicamente, la tendencia en la literatura juvenil corre a la inversa, “se compran más libros en papel de este tipo. Se fomenta también mucho desde los colegios, las familias y las propias librerías”, comenta Abollado, aunque en Primaria “ya no existen las lectura obligatorias debido al cheque-libro; así no se fuerza a los padres a comprar material extra. Es una medida negativa al final porque debería haber opciones, que los niños lean lo que les guste, no lo que les obliguen”, añade García. Los niños “son el futuro, en Plastilina lo vimos claro y desde mi experiencia en magisterio nos lanzamos a ello”, explica Abollado.

A este respecto, reitera García, Plastilina apuesta claramente por el público infantil tanto en su catálogo como en sus actividades. “Desde que informatizamos la librería y reorganizamos el local, realizamos los cuentacuentos con buenos ‘cuenteros’ con los que los niños disfrutan mucho como Pilar Redondo, presentaciones de libros, títeres e, incluso, música clásica y medieval. Es impresionante. Queremos traerla de nuevo a Plastilina”.

Ambos coinciden en afirmar, además, que “con cada actividad cultural infantil que se realiza en Cádiz, el público se vuelca porque no existe una variedad ni oferta dirigida a los pequeños, con excepciones como la web Con los peques”. A falta de un tejido literario en la capital, son los propios libreros, según cuenta Juan García, los que “nos tenemos que poner en contacto con las editoriales para organizar actividades. Yo iba hace unos años a Madrid y a Sevilla y las presentaciones de libros eran lo más normal del mundo. Nosotros empezamos, por ejemplo, con la presentación de la obra Cádiz Oculto de José Manuel Serrano Cueto, la primera que hizo en su ciudad”.

Luis García Gil

El escritor Luis García Gil participó el pasado sábado en el ciclo de cuentacuentos.      Foto: Fernando Fernández.

Al encarar el futuro del negocio editorial, García se muestra sensato. “Una librería por sí sola no puede mantenerse, tiene que haber un sector complementario como la papelería, los juegos educativos – Plastilina también posee una zona destinada a este ámbito- o los regalos”. Aparte “el libro deja un porcentaje muy escaso de ventas, alrededor del 25 por ciento y bajando dependiendo de la facturación”, apostilla Abollado. “El futuro no es ser un almacén para las editoriales sino conseguirle el libro al cliente en el menos tiempo posible. Las editoriales quieren que cada vez les pidamos menos libros pero si no están, los clientes lo buscan en otro sitio”, coinciden.

Como producto, “el libro en papel está muy caro pero el precio ahora empieza a bajar tímidamente. El digital vale la mitad. El cacho más grande lo pilla la editorial y el autor aproximadamente un cinco por ciento de los beneficios”, declara García. Y sin embargo el público lee. Más de un 80 por ciento de los españoles lo hace todos los días o una o dos veces por semana, según la FGEE. A pesar de todo, claro queda que el lector sigue exudando pasión por historias negro sobre blanco.

Entre sus gustos presentes, García reconoce sentirse atraído por las lecturas sobre marketing. Abollado admite devorar “todo lo que cae en mis manos”. Para los dos ese futuro anteriormente citado pasa por “seguir ofreciendo en Plastilina un trato más personalizado y cercano al cliente y evolucionar con los cambios en los próximos treinta años. Quizá no seamos los mejores pero buscamos implicar al lector y, sobre todo, a los niños. Es fundamental la cultura para que el futuro sea mejor de lo que es”, manifiestan.

Como El Principito o Caperucita en Manhattan, hay lecturas que traspasan la piel en un determinado momento e impregnan nuestra vida para siempre. Y también realidades que aspiran como Plastilina, al menos por el momento, a seguir traspasando el día a día de un territorio con sus mejores armas, el compromiso y el amor por la literatura.

Entrevista con Jesús Maeso de la Torre

“Conociéndonos es como aprendemos a amarnos”

Jesús Maeso de la Torre

Jesús Maeso de la Torre.                                                                                                     Foto: Julio Sampalo.

Ama Cádiz aunque a veces duela y se implica a conciencia en la vida literaria de su ciudad de adopción cada vez que se le requiere. Por esta razón Jesús Maeso de la Torre (Úbeda, 1949) es uno de los autores que pondrá voz a las historias más hermosas y fascinantes que la librería papelería Plastilina ha programado dentro de su ciclo de cuentacuentos en el 30 aniversario de su inauguración.

“Mi padre era un lector de préstamo en la biblioteca del pueblo. Él me llevaba allí y el cuento fue mi puerta de entrada a la literatura. Fue el principio de todos los principios”, recuerda el escritor sobre sus primeros pasos en el arte de narrar y degustar lo narrado.

Convertido desde hace muchos años en novelista de referencia para cualquiera que se inicie en el género, asegura Maeso de la Torre que “de cuentista lo tengo todo. Mis novelas son 80 por ciento de ‘cuentismo’ y fantasía y un 20 por ciento de Historia. Y sobre todo mucha imaginación. Los escritores somos, fundamentalmente cuentistas y mentirosos”, asegura con humor.

Con más solemnidad, admite el autor ser un “enamorado del orden”. Así, el cuento como producto literario brota al comienzo “en la cabeza del escritor” y continúa su andadura “con unos aliados muy importantes: unos personajes que entren, una trama al menos espectacular y un final que sea creíble, lo que da paso a la moraleja”. Si lo traducimos en porcentajes, si es que algo como la literatura puede cuantificarse, y en ese orden requerido sería “un 60 por ciento de fantasía, un 20 de personajes, un 10 de trama y otros 10 de moraleja aceptable”, dice.

“Voy a intentar hasta las últimas consecuencias que mi nieto ame la literatura”

A Jesús Maeso el cuento le ha regalado el oído desde niño. De hecho fueron las historias de la radio de su infancia las que sembraron su mente de relatos e inolvidables personajes. Voces desconocidas pero ciertamente cercanas que “recuerdo de memoria, cada día escuchaba cuatro o cinco cuentos”. Ahora “soy yo el que se los cuenta a mi nieto”. La cercanía de la literatura compartida, la experiencia de un bagaje cultural desde bien temprana edad. “Quiero que le vaya cogiendo amor a las leyendas, a la Historia. No sé si lo conseguiré pero lo voy a intentar hasta las últimas consecuencias”, asegura.

Maeso de la Torre viene de darle los últimos retoques a un cuento-relato por encargo sobre la Casa de Contratación en Cádiz. No distingue entre géneros “porque cuento y relato proceden del mismo tronco. Vargas Llosa me dijo una vez que no sabía cuál era la diferencia. Esta historia en realidad es un cuento y también un relato corto”. La historia de un Cádiz de esclavos –un hecho muy desconocido–, a petición de la Diputación Provincial con motivo de la conmemoración del Cádiz 2017, que se vehicula a través de una esclava filipina perfumista y le sirve al escritor para contar, de nuevo, una ciudad con sus “virtudes culturales pero también con sus defectos mayúsculos en cuanto a libertades se refiere”. El libro colectivo, aún sin título, se publicará seguramente en verano y versa sobre diferentes aspectos del Cádiz de 1717. “Conociéndonos es como aprendemos a amarnos”, asegura. Cuentos o relatos que nos cuentan cómo éramos para proyectar lo que contaremos en el futuro.

“El mundo de las editoriales está plagado de mentiras”

También tienen algo de cuentistas, en un sentido mucho menos amable, “las editoriales que nos engañan mucho, enmascaran el número de ediciones de los libros y las listas de los títulos más vendidos. ¿Con qué criterio se hacen? A los autores nos venden como a frigoríficos. El mundo de las editoriales está plagado de mentiras”, asevera Maeso de la Torre que además reclama “más apoyo y protección de los gobernantes, los libros tenían que valer cuatro euros para que los compren más gente. A ellos no les interesa la cultura. Que Hacienda te quite la mitad de lo ganado con un premio literario es una barbaridad. Yo he recomendado a lectores míos que vayan a la biblioteca a leer mis obras. Hay mucha gente que no puede acceder a libros que, como los míos, cuestan 21 euros.”

Y no es por falta de difusión de lo que se cuece en la literatura pero Maeso de la Torre asegura que “tenemos que entrar en los nuevos medios digitales” para llegar más directamente al lector, un complemento absolutamente necesario a las actividades literarias que, como el cuentacuentos en el que participará el escritor, se realizan con intermitente continuidad en los diversos ámbitos culturales existentes. En este sentido, el escritor reconoce perder la compostura y ese orden del que hace gala cuando “un niño se le acerca para que le firme un libro para su padre o abuelo. Me pasó en Madrid y le regalé al pequeño un libro infantil. Ese es el futuro de la nación, un niño que compra un libro”, opina.

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La última novela de Maeso.

Dicho cuentacuentos al que acude en breve de la mano de la librería Plastilina y la supervivencia del propio local durante tres décadas le parecen a Jesús Maeso “una rareza que me encanta. Es como si la biblioteca de Alejandría no se hubiese quemado. Me parece encomiable que hagan actividades para niños, es lo que más me gusta, y hablar con personas mayores, algunas han aprendido a escribir y leer con mis libros. Niños y ancianos me atraen mucho”.

“Realidades como Plastilina son una rareza, como si la biblioteca de Alejandría no se hubiese quemado”

Por último, el novelista desgrana sutilmente el leitmotiv de su próxima creación. Las lágrimas de Julio César (Ediciones B), prevista para octubre. Novela que parte de una anécdota inserta en la historiografía romana y acaecida en Cádiz para mostrar al público “al Julio César romano e hispano, cómo amaba esta tierra que ahora no sabemos muy bien lo que es. Todo es cambiable en este mundo, no hay que preocuparse”, opina el autor haciendo indiscutible referencia a los conflictos territoriales que se viven en España. En este nuevo libro, los “personajes históricos no son los importantes, sino la sacerdotisa del templo de Melkart y una danzarina de Astarté”. De nuevo personajes femeninos porque “me entusiasma el mundo de la mujer. Los hombres somos como un eje de abscisas y coordenadas, no tenemos aristas”, declara.

Admite Maeso de la Torre, con algo de pesar, que “nadie me ha propuesto aún llevar ninguna de mis novelas al cine. Solo me llamó Manuel Iborra para hacer Al-Gazal, el viajero de los dos orientes pero quería quitarle casi media novela por temas de producción. Así se quedó hasta hoy. Creo que todas mis novelas son unos thrillers clavados” en los que el concepto de poder está siempre muy presente. “Es cuestión de suerte. Ver mi nombre en una película… Sería el hombre más feliz del mundo”.

De ese Cádiz del pasado admirado por los poderosos Césares y que le sirve de constante inspiración hasta la ciudad que habita hoy, Jesús Maeso de la Torre hace un balance agridulce, como el ambiente que siempre gravita sobre este rincón del sur. “Me hace llorar las enormes dificultades que tienen algunas familias en Cádiz para vivir y que el gaditano se conforme con lo que tiene, que no sea nada emprendedor. Pero también me hace feliz saber que vivo en una ciudad con una historia irrepetible, con la que me traslado al siglo XVIII sin problemas, y con un mar con una atracción enorme. Ahí está la riqueza de Cádiz. Teniendo el mar cerca soy feliz”.

Julio Sampalo

Autor/a: Julio Sampalo

Julio Sampalo (Cádiz, 1983) es periodista, fotógrafo y licenciado en Publicidad. Durante más de una década, ha desarrollado su labor profesional en la prensa local de su ciudad, con una especial pasión: el ámbito cultural y sus protagonistas.

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