La trama de los días. Ramón Bascuñana. X Premio de Poesía Juana Castro. Renacimiento. Sevilla, 2024. 68 pp.
Con un mapa intrincado de referentes culturales, el trayecto poético de Ramón Bascuñana (1963) se resuelve desde la raíz misma de la existencia. En su obra, los referentes culturales, literarios y musicales, se erigen como una constante. El viaje introspectivo, hilado a la actualización del tempus fugit, persiste con cercanía conmovedora, estableciendo una comunicación íntima con el lector. Con tono reflexivo, Bascuñana recorre la vida, sorteando las paradojas que la definen. Así, la muerte, el tiempo inexorable y la nostalgia afloran en los versos de su reciente entrega lírica, La trama de los días.
El poeta alicantino ha labrado una trayectoria envidiable, jalonada de publicaciones poéticas que han visto la luz gracias al reconocimiento de premios literarios. La trama de los días fue laureada con el X Premio de Poesía Juana Castro. La obra, cohesionada, se despliega a partir de un poema pórtico homónimo, seguido de tres bloques temáticos. En el poema inicial, escribe: “Un viaje a parte alguna o a ninguna parte, / el ver cómo envejecen nuestros pasos / […] / y que conforman el confuso tapiz / que llamamos la trama de la vida”.
En el primer bloque, “Interior con figuras”, la poesía se transforma en un lienzo donde Bascuñana retrata personajes en instantes de soledad, duda o reflexión. Evoca la esencia de figuras como Nefertiti, Zenobia o Cioran, elevándolos a símbolos de la condición humana. El poema se convierte en un ejercicio de memoria cultural, vivido con intensidad. Destaca el “Díptico de San Petersburgo”, dedicado a Nina Ivanova Petrovskaia y Andrei Biely, así como el sentido soneto en memoria de Julio Aumente, donde resuenan los tercetos encadenados: “Se deslizó feliz –sin otro anhelo / que gozar en la tierra de su cielo– / por la pendiente oscura de la vida / sin dar una batalla por perdida”.
El núcleo temático reside en “Lugares de paso”, donde se describen referentes geográficos de un itinerario sentimental. Los poemas evocan los inicios en “preparativos del viaje”, donde las asociaciones e imágenes se graban a fuego en las propias definiciones: “La ciudad es un mapa desplegado en la mesa”; para concluir: “nosotros también somos como nombres marcados / en el mapa del sueño de un dios conocido”. Estos versos engendran una sensación de incertidumbre, teñida por la sombra del misterio y el acecho del fracaso, pues al final, lo que importa es el proceso. De ahí que el poeta se interrogue y nos interrogue a nosotros: “¿Qué importa que la vida no sea trascendente? / ¿Qué importa que la vida no sea más que un viaje / desde un vientre fecundo a la profunda fosa?”. En estos versos resuena el tópico barroco del «nacer muriendo», que Góngora plasmó con hermetismo. Se deduce, pues, que se trata de poesía existencial. Alejandría, Trieste, Venecia, Lisboa o Citerea (en cuyos versos de elogio hallamos estos: “malos augurios para el sedentario: / solo encuentra belleza / aquel que no la busca”) son lugares evocados a partir de versos y poetas.
En ellos, la belleza se manifiesta con un tono de melancolía acentuado (pese al pasado, perdura lo intemporal). «Viaje a Morón de la frontera con motivo de unas jornadas poéticas», título extenso pero adecuado para describir las sensaciones experimentadas: «La extraña sensación de estar en casa / con amigos que hablan de poesía». Guiado por la intuición o el azar, la escritura simboliza ese punto de unión tan cernudiano entre el deseo y la realidad, como se aprecia en «Carreteras secundarias»: «Vagabundo de un mundo de fantasmas / de tinta y de papel y de nostalgia, / recorro este desierto que es la vida / cruzando carreteras secundarias”.

Finalmente, el poeta reserva las descripciones más personales para el último bloque, “Paisaje con figuras”. En él, se halla la parte más reflexiva, donde la muerte revolotea alrededor de quien la esquiva. En “El puente” se simboliza el trayecto recorrido y el porvenir. Se sabe que la vida puede dar un vuelco en un instante, pero el poeta se muestra dichoso por haber dado el paso hacia delante, sin mirar atrás por mucho que “resulta difícil resistirse / al brillo portentoso de sus llamas / y vivir con la vista en el pasado”. Imprescindible la lectura atenta de «Ted Hughes entre Sylvia Plath y Assia Wevill» para comprender la dualidad inherente a la naturaleza humana. El conjunto culmina con el poema dedicado a Antonio Machado. Siguiendo la senda de los alejandrinos, el poeta nos invita a reflexionar sobre el destino y la voluntad del autor sevillano de escribir a pesar de saberse enfermo, «un verso que resume la trama de la vida: / estos días azules y este sol de la infancia”.
En suma, La trama de los días representa un hallazgo donde los referentes geográficos y literarios convergen en un itinerario sentimental, evocador de belleza, con ritmo pausado. La habilidad de Bascuñana en la disposición de las palabras se manifiesta al hacernos partícipes de reflexiones sobre la existencia. Gracias a su expresión depurada, llegamos a compartir la incertidumbre que transmite.

