Ana Rossetti, una poética del deber

Durante la década de los 80, en la que se inició su trayectoria literaria, Ana Rossetti fue calificada como una autora de literatura erótica. Contribuyeron a ello sus primeros poemarios y la publicación de su libro de narrativa Alevosías, que en 1991 ganó el premio La sonrisa vertical.  La aparición de Punto Umbrío, en 1996, marcó un punto de inflexión en su obra, que vino a evidenciar el error de ese encasillamiento, revelando de forma palmaria la concepción de la poesía como acto de conocimiento que de todas formas, pero quizá de manera menos reconocible, latía ya en toda la obra anterior de Ana Rossetti. Algo que viene a refrendar en todo lo que ha venido escribiendo hasta ahora, que revela, junto a ese afán de conocimiento, un culto sagrado al instrumento que solo el hombre posee para expresar sus pensamientos, sentimientos y emociones. Y un cuidado en su cultivo que hace de nuestra autora una amorosa y exigente jardinera de la palabra. La Ordenación, publicada en 2004 por la Fundación Lara y que reúne su obra poética hasta esa fecha, lo demuestra. La palabra y la poesía son las protagonistas de su penúltimo poemario, Llenar tu nombre, aparecido en 2008 de la mano de Bartleby. Una hermosa e interesante muestra de los intrincados recovecos escrutados por Ana Rossetti en esa incesante búsqueda de la esencia que caracteriza su obra. En él nos cuenta el esfuerzo por “atrapar el caudal y retenerlo en la página” y, a través de la acertada metáfora de la “mesa del relojero”, “escoger cada pieza con fervor” y con “artesana paciencia ensayando engranajes y sistemas”.

deudas contraídas

Ahora Ana ha sorprendido de nuevo a una parte de la crítica con estas Deudas contraídas, un libro estremecedor de poemas en prosa en el que la  escritora fija su mirada y dirige la nuestra, la de sus lectores, hacia la realidad del sufrimiento humano en estos tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir. La autora nos sacude y nos advierte ante el adormecimiento, la indiferencia que provoca el tener esa realidad ante los ojos cada día, convertida en algo cotidiano, aceptado como inevitable; nos alerta, en fin, del peligro de volvernos cada vez menos humanos.

Y lo hace por las claras, sin concesiones a la galería, empezando por ella misma, que es ella y somos todos, en esa especie de examen de conciencia que constituye el poema que abre el libro: «Sunt lacrimae rerum«. La asunción de la propia responsabilidad, de la necesidad de la denuncia  —“es mi deber” dice uno de los poemas— corre pareja con la compasión, la indignación, la admiración por los resistentes, la comprensión hacia los rendidos y el rechazo a las maniobras de los poderosos.

Pero si estas Deudas contraídas de Ana Rossetti nos dejan sobrecogidos es sobre todo por la sensibilidad y el certero dominio del lenguaje con el que su autora transforma este duro alegato en auténtica poesía cargada de emoción, sentimiento, desgarradas imágenes y bellas metáforas y símiles que sin embargo no ocultan ni disimulan, y esa es la intención de Rossetti, su verdadero sentido. Así, en los poemas “Arrebatadas” y “Halladas” se acerca con delicada ternura a las cosas que esperan inútilmente a la joven desaparecida en Juárez, en Nigeria o en cualquier otro lugar y, después, al débil alivio del reconocimiento de su cadáver; nos hace transitar también por la ciudad atacada y profanada como si fuera un cuerpo: “y de esta suerte se clausuran los paisajes: se arrebata el hogar, la escuela, la tumba, los rincones queridos, los lugares de las historias de las gentes, como si se arrancara la piel de los huesos”…

Ana Rossetti.
Ana Rossetti.

Hacemos la travesía hacia la “Ciudad prometida” donde se esfumarán las falsas esperanzas de un futuro mejor. Y en “Traficantes de sueños” nos encontramos con algo parecido a un pequeño relato de las mil y una noches pero al revés. Conmovedora la visión de las mujeres saharauis u otras desplazadas “Hacedoras de ciudades” allá donde vayan, que “edificando en la desgracia la firmeza, consiguen permanecer en la tierra perdida como si no se hubieran marchado jamás”.

En “Desarraigo” Ana Rossetti indaga en la experiencia de los que viven en “el inasible limbo del exilio”, donde “entre la realidad y el deseo, el olvido pugna por levantar su casa”. La vulnerabilidad del hombre contemporáneo en general, su decepción ante el mundo y ante sí mismo se reflejan en “Existencias agotadas”, con una acertada trasposición de esta experiencia a términos financieros. Incisivos y no por ello menos bellos son los poemas que Ana dedica a la tragedia de los desahucios, el suicidio como solución, las diversas tiranías, incluida la de la moda —en una mirada entre irónica e indignada— o la pena de muerte. Un tema éste que trata en varios poemas entre los que destaca, por el sugerente contraste de la utilización de las figuras del jardinero y la rosa, el titulado “Nada personal”, en el que aquel y ésta vienen a ser el verdugo y la víctima. Un libro, al fin, necesario, tanto por lo que tiene de luz que ilumina tanta injusticia y desgracia olvidadas a fuerza de estar presentes, como por su hondura poética y sus hallazgos de lenguaje. Y que en su último poema, “Atrévete y sucederá”, nos regala con una llamada a la esperanza.

Imagen de portada: Abstracto rojo de  Antonio Villena Quiliche.

Autor

  • Ana Rodríguez-Tenorio

    Ana Rodríguez-Tenorio Sánchez (Cádiz 1953) es periodista, licenciada en la Universidad Complutense de Madrid, y ha desarrollado su labor profesional en Diario de Cádiz desde la década de los 70 hasta 2005, con especial dedicación a la cultura. Una actividad que sigue ejerciendo, con la participación en libros colectivos, impartiendo talleres y colaborando con diversas publicaciones. Como miembro de la Asociación Qultura, coordinó entre 2007 y 2012 el ciclo de conferencias Voces en el Museo, encargándose de la edición y prólogo de los dos volúmenes de mismo título que recogen dichas conferencias.

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