Re-generación. Antología de poesía española (2000-2015). José Luis Morante (ed.). Valparaíso Ediciones. Granada, 2016. 311 pp.
Si algo no se le puede negar a José Luis Morante (Ávila, 1956) es el conocimiento de causa: más de treinta años de carrera literaria en los que, además de cultivar su propia obra, ha tenido siempre bien abiertos los ojos a lo que ocurría a su alrededor y ha sabido reflejarlo en puntuales reseñas, que en la actualidad encauza a través de su blog Puentes de papel. “Lírica y tecnología caminan de la mano”, afirma al principio de su introducción a esta antología de la poesía española más reciente, apuntando al fenómeno de que muchos de los poetas seleccionados cultivan la sociabilidad literaria –esa flor un tanto espinosa, ay– en el medio digital y saben sacar partido a las posibilidades de éste. Más allá de esta coyuntura tecnológica, lo cierto es que un buen número de los poetas aquí incluidos demuestran un pleno dominio de esa otra técnica no menos compleja y de probada eficacia que es el repertorio métrico y de recursos literarios consagrado por la tradición; y, en ese aspecto, esta antología sorprende muy gratamente al lector con oído entrenado y aprecio por el oficio. No significa eso que incumpla la necesaria petición de principio que exige variedad: la hay, y muy amplia, en los poetas seleccionados, entre los que cabe encontrar desde clasicistas tan notorios como Javier Vela o Rodrigo Olay –véanse el habilidoso poema asonantado “Orácula en pijama” del primero, o el muy fluido soneto que abre la selección del segundo– a poetas versiculares de largo aliento, como Aitor Francos, u otros que privilegian eficazmente los juegos de repetición (véase “Museo de cánceres” de Luna Miguel) o los efectos gráficos en la distribución del verso (Elvira Sastre); aunque lo más frecuente es que, desde un demostrado dominio del oficio, muchos de estos poetas combinen recursos y efectos procedentes de distintas tradiciones. El resultado es una de las antologías más equilibradas y razonables entre las muchas que han visto la luz en los últimos meses. Todo un logro.
La cuarta persona del plural. Antología de la poesía española contemporánea (1978-2015). Vicente Luis Mora (ed.). Vaso Roto Ediciones. Madrid, 2016. 546 pp.
Hay en el docto prólogo que Vicente Luis Mora pone a esta antología dos momentos en los que la acerada precisión del filólogo cede su lugar a la declaración franca de intenciones: cuando justifica su empeño afirmando que “no se puede estar toda la vida fiscalizando las antologías de los demás y escurrir el bulto cuando te llega el turno de justificar tus preferencias” (p. 15) y cuando declara abiertamente, después de largos preámbulos, la intención purificadora de su selección: “Los discursos fáciles en literatura están condenados a desaparecer, porque los desarrollos simples que interesan al público han pasado (…) a los medios audiovisuales, que hacen mejor el trabajo de enunciar lo mínimo e intrascendente” (p. 87). Hace bien el antólogo en descubrir sus cartas: estamos ante una antología que excluye los “discursos fáciles”. Otra cosa es acertar a caracterizar qué sea lo contrario de esa denostada “facilidad”. ¿Lo serán estos versos del vasco Rikardo Arregi –y discúlpesenos el fácil recurso a la cita parcial–: “Puesto que no me es posible follarte, / pueda escribir al menos un poema”? Valga el ejemplo sólo para dar idea de la dificultad del propósito al que quiere aplicarse el antólogo. Pero, como él mismo nos dirá, que un empeño sea difícil no significa que no deba intentarse. A eso se aplican estas más de 500 páginas que, como no podía ser menos, sí incluyen mucha buena poesía, alguna incluso disimulada tras una muy loable apariencia de “facilidad”: ahí están los versos de José Ángel Cilleruelo, Jesús Aguado o Vicente Valero, para confirmarlo. O estos de Álvaro García, tan a propósito: “esta tarde / con avenidas rápidas y a las seis es de noche / descubro la vergüenza / de no saber llegar al centro de otras vidas / si no es mediante pobres abstracciones”.
Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960). Raquel Lanseros y Ana Merino (ed.). Visor Libros. Madrid, 2016. 978 pp.
Las antólogas no han creído conveniente indicar que estos “poetas” son “estas”, suponemos que por un prurito de no aplicar delimitaciones que parezcan postular un ámbito restrictivo para eso que otros llaman (véase la reseña que sigue) “poesía escrita por mujeres”. Hacen bien, porque basta abrir el libro para que todas esas difíciles consideraciones se vuelvan irrelevantes. Lo importante es que, a medida que la mujer se ha ido incorporando a los ámbitos de decisión y trabajo intelectual hasta hace no mucho reservados casi en exclusiva a los hombres, un número creciente de mujeres poetas ha ido enriqueciendo esa obra colectiva que llamamos “poesía en español”; y que, si bien hay tramos de este recorrido que parecen justificar los peores tópicos que suelen aplicarse a la poesía escrita por mujeres –véase, por ejemplo, la pobre ejecutoria femenina en el periodo modernista–, hay un claro impulso ascendente y una clara constatación de que, pongamos en torno a 1950, hay ya un puñado de importantes voces femeninas que compiten en igualdad con los mejores logros de la poesía de su tiempo: la mejicana Rosario Castellanos, por ejemplo –que puede ser para muchos lectores la revelación de este volumen–, la cubana Dulce María Loynaz o las españolas Ángela Figuera o Pilar Paz Pasamar, entre otras. Merece la pena recorrer, de manos de las mujeres poetas representadas en este volumen, ese difícil camino hacia la plena visibilidad.
(Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016). Marta López Vilar (ed.) Bartleby Editores. Madrid, 2016. 375 pp.
A diferencia de la anterior, esta antología sí incluye en su portada la necesaria aclaración de que se trata de “poesía escrita por mujeres”; por más que, en la introducción, la editora afirme que “estas páginas no pretenden mostrar una nueva antología de género, sino una antología de poesía, sin más”; y abonada, por tanto, al propósito pragmático de “visibilidad” que parece haber sustituido, en este tipo de muestras, las concepciones de género propiamente dichas. Pero como una antología –las incluidas en esta página lo demuestran sobradamente– no es más que la plasmación del gusto personal de un lector –el antólogo– en confluencia con el sentido de la oportunidad de un editor, tampoco hay que darle demasiada importancia a los criterios aducidos para justificarla. Como dice la editora (p. 25), “hay poetas malas y poetas malos, poetas importantes que son mujeres y poetas importantes que son hombres”. No diremos que aquí pueda haber algún ejemplo de “poeta mala” –es cuestión de gustos–, pero sí que hay varios, y rotundos, de “poetas importantes que son mujeres”, desde Aurora Luque a Érika Martínez, pasando por la jerezana Josefa Parra o la gerundense –y, para nosotros, una de las revelaciones de esta muestra– Susanna Rafart, a quien quizá perjudica el hecho de que las versiones castellanas de sus poemas aquí incluidas no respetan la magnífica sonoridad y perfección rítmica de los originales: “Corda ortigada, llum de far, els bous / solars sostenen núvols buits de somni / i la ciutat s’allunya com un nàufrag”. No es el único ejemplo de poeta dueña de su oficio, en un panorama en el que también abunda el versolibrismo inane, sin tensión musical ni semántica –el gran peligro de la poesía en la era del desprecio consentido de las reglas–. Pero, como demuestra la desenfadada Esther Giménez, que se atreve incluso con el soneto tradicional, incluso desde una actitud francamente iconoclasta se le puede sacar partido al viejo oficio y sus normas.
Por lo demás, no hay antología sin exclusiones; y a las ausencias justificadas a las que alude el prólogo –Amalia Bautista, Elena Medel– habría que añadir las inexplicables de Raquel Lanseros, Olga Bernad, Mercedes Escolano, Rosario Troncoso, Inmaculada Moreno y un largo etcétera.
Sin habitación propia. Carmen Moreno. Fundación Uxío Novoneyra y ithcrowdfunding.org, 2016. 210 pp.
Recoge este libro una muestra de poesía escrita por mujeres suicidas. Dicho así, parece un libro ceñido a un morboso marbete que aúna el discurso de género con el sensacionalismo. Pero el caso es que la selección realizada es excelente, las versiones –cuando se trata de poesía traducida– están cuidadas y el libro se adorna, además, con un claro aporte autoral: cada una de las muestras incluidas va precedida de un texto en prosa de Carmen Moreno que, a mitad de camino entre la semblanza, la estampa lírica, el relato y el reportaje, sitúan al lector ante la circunstancia exacta de la poeta cuyos versos va a leer a continuación. La muestra incluye, además de las previsibles –e imprescindibles– Safo, Alfonsina Storni, Sylvia Plath, etcétera –astros con luz propia en el universo de la poesía escrita por mujeres–, otras autoras no tan conocidas, pero que el lector celebrará descubrir: desde la misteriosa Antonia Pozzi –recientemente traducida excelentemente al castellano por Herme G. Donis– a la casi ignota Teresa Wilms Montt –que logró huir de un convento con ayuda de Vicente Huidobro– o la beatnik Elisa Cowen. A medio camino entre el libro propio y la antología de obra ajena, este libro de Carmen Moreno delimita un universo literario personal y aporta una mirada de reconocimiento a poetas que con toda seguridad merecen ser mejor conocidas.

