Quien dice toisón dice corona

En esto que estaba yo estrujándome las neuronas para ver qué le regalo a mi sobrina estas Navidades y va El Preparado y obsequia a su primogénita Leonor por su cumpleaños con… ¡El toisón de oro! Y me digo: ¿cómo no se me habría ocurrido a mí? Eso es un regalo y lo demás son cagarrutas.

Ahora que, ya metido en gastos, ¿por qué no se estira a lo grande y le regala a la niña la corona? Que así, a bote pronto, se me antoja que le iba a hacer más ilusión a la chiquilla, porque yo he leído en el Vogue que combinar un toisón con cualquier traje es harto difícil mientras que una corona va con todo.

A ver, entiéndaseme; no estoy proponiendo que El Preparado abdique el próximo 24 de diciembre, entre párrafo y párrafo de su tradicional discurso televisado, y a continuación envuelva la corona en papel de colorines y la coloque junto al árbol de Navidad de su salón con una pegatina encima en la que diga: Leonor. No es eso.

El regalo al que me refiero, y para el que tendría que contar con colaboradores necesarios, es el de la otrora muy comentada reforma de la Constitución que permitiría a su hija heredar la jefatura del Estado aun cuando se diera el caso de que tuviera un hermano menor de sexo masculino. ¿De eso ya no se habla? Pues hace unos años parecía un asunto primordial.

Si nos paramos a reflexionar, parece innegable que el artículo 57 de nuestra ley fundamental que regula la sucesión monárquica es discriminatorio por su preferencia del varón sobre la mujer. Y si se discrimina a la mujer se está discriminando a más de la mitad de la población española.

Ahora bien; puestos a reflexionar, hagámoslo más a fondo y nos percataremos de que la mera existencia de una familia que posee en exclusiva la posibilidad de ostentar la jefatura del Estado discrimina a todas las demás familias del país. O sea, discrimina a más del noventa y nueve por ciento de la ciudadanía patria.

El toisón de oro de la Casa Real Española.
El toisón de oro de la Casa Real Española.

A simple vista, parece mucho más discriminatoria una discriminación que discrimina al noventa y nueve por ciento de la población que una discriminación que discrimina al cincuenta y uno por ciento. No lo digo yo, lo dicen las matemáticas.

Lo que las matemáticas no dicen es lo chocante que resulta, a estas alturas de la España democrática del siglo veintiuno, que para hacerte con el cargo público de mayor rango de la nación el único mérito que necesites es ser hijo del que ostentaba ese cargo antes que tú.

Sería curioso que al jubilarse el presidente del Consejo General del Poder Judicial el cargo pasara automáticamente a manos de su primogénito. O que la hija mayor del arquitecto municipal de Paquetillos de Abajo heredara el cargo al fallecer su señor padre. Que no voy a decir yo que el de arquitecto municipal, aunque sea de Paquetillos de Abajo, sea un cargo de poca monta. Pero para monta la del jefe del Estado. Que no hay otro cargo público en España con más monta que ese. Y ya ven, pasa de padres a hijos como la diabetes, las manías tontas o la tendencia a quedarse calvo.

Que esa es otra. Lo de los talentos que se transmiten con los genes es de lo más aleatorio. Y lo mismo que hay ejemplos de vástagos que han superado a sus progenitores en el mismo ámbito profesional o artístico tenemos muestras de todo lo contrario. Véase sin ir más lejos la evolución del clan de los célebres Payasos de la Tele y cómo cada nueva generación de la familia tenía muchísima menos gracia que la inmediatamente anterior.

Mas ya me parece estar oyendo los reproches de todas esas voces que no se cansan de proclamar a los cuatro vientos que nuestro nuevo monarca es la persona más preparada para ser el rey de España. (Linda cantinela que, mira por dónde, le ha acarreado al de Borbón y Grecia un sobrenombre que le va a acompañar hasta el final de su reinado). Pues a esas voces yo les digo: venga, de acuerdo, estoy dispuesto a admitir que Felipe VI es el más preparado del país para ejercer el cargo de rey; pero ¿sabéis lo que ocurriría si el mismo Felipe fuese el menos preparado? ¡Oh, sorpresa! ¡Que también sería el rey de España!

Autor

  • Miguel Albandoz

    Miguel Albandoz, periodista gadivasco, redactor de Radiotelevisión Española en Cádiz, autor de novelas de humor, cuplés de chirigota y pamplinas de diverso pelaje.

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