La bohemia en el Madrid de entresiglos

‘La Cochambrosa’. Pedro Luis de Gálvez. Edición de Javier Barreiro. Renacimiento. Sevilla, 2018. 167 pp.

Entre el 1 de noviembre y el 20 de diciembre de 1905 se publicaron en el Heraldo de Cádiz las treinta y seis entregas que conforman La Cochambrosa, novela de Pedro Luis de Gálvez (Málaga, 1882 – Madrid, 1940) cuya existencia era conocida por los estudiosos, pero de la que no se conservaba ningún ejemplar. El mérito del descubrimiento corresponde a Javier Barreiro quien, tras una exhaustiva y paciente labor de búsqueda en diversas hemerotecas gaditanas, dio con el feliz hallazgo en la Biblioteca Provincial de Cádiz. La editorial Renacimiento, en su colección Biblioteca de Rescate, ha sido la encargada de publicar ahora esta novela, que aparece precedida de un excelente prólogo, una lista de las obras de Pedro Luis de Gálvez y una exhaustiva bibliografía, todo ello realizado por Javier Barreiro, el cual se ha encargado igualmente de modernizar la ortografía del original, corregir erratas y añadir notas aclaratorias. 

La Cochambrosa fue escrita en la cárcel de Cádiz, en la que el autor se hallaba encerrado a la espera de juicio por presuntos insultos a la monarquía y al ejército vertidos en el transcurso de una conferencia. Se trata de la primera novela de Pedro Luis de Gálvez, paradigma del conjunto de escritores que constituyeron el mundo de la bohemia española durante el primer tercio del siglo XX. A lo largo de siete capítulos, se narra el nacimiento de la vocación pictórica del joven Elías Jiménez (probable alter ego de Pedro Luis de Gálvez, que también en su juventud se sintió atraído por la pintura), y su inmersión en la cohorte de pintores y literatos que pululaban por Madrid en las fechas inmediatamente anteriores al Desastre del 98.

Elías, estudiante en el Seminario de Málaga, lo abandona cuando su familia se traslada a la capital del reino desde una pequeña aldea a orillas del Mediterráneo. Una vez allí, comienza a desarrollar su vocación pictórica mientras se ve asaltado por dudas recurrentes, algunas propias de la juventud y otras achacables a un temperamento tan sensible como débil. Inmerso en un ambiente familiar y social asfixiante, el protagonista fluctúa entre el deseo de consagrarse al culto a la Belleza y la ausencia de la voluntad necesaria, entre el apasionamiento estético y el recelo del inútil papel que juega el Arte confrontado a la imbecilidad del género humano.

Dos personajes encarnan estas contradicciones, fundamentales en el planteamiento de la novela: la viuda de Almeida, una anciana pintora que desea ayudar a Elías a producir su gran obra, y el bohemio francés Henry-Albert Cornuty (figura real y pintoresca, propagandista de Verlaine en España y muy conocido en los ambientes bohemios madrileños durante los dos o tres años que residió en la capital), para el que la vida no merece vivirse. La dialéctica entre las dos posturas ocasiona un profundo malestar en el joven pintor: “Estaba poseído de terror instintivo, de sobresalto infundado. Cornuty, con su cínica filosofía, envenenó los primeros alientos del soñador exquisito. Su vieja amiga, la viuda de Almeida, heríalo también con la descripción de ese otro mundo del Arte inmortal, más grande mil veces, por el esfuerzo supremo que había de concebirlo, que la obra de un Dios todopoderoso. Las dos fuerzas que atraerlo querían triturábanlo de un modo brutal, destrozábanlo todo él, produciendo en el cerebro enfermo de Elías una desorganización de muerte”.

Gálvez con sus hijos.

Junto a los detalles costumbristas que salpican el texto destacan en La Cochambrosa las numerosas digresiones de carácter estético o filosófico, fiel reflejo de la época en la fue escrito. Elías discute con amigos y conocidos acerca de la pintura de Böcklin, de Murillo, de Velázquez, de Rubens y de los grandes maestros cuyos cuadros se exponen en el Museo del Prado, donde él ejerce de copista. La viuda de Almeida defiende que, para alcanzar el triunfo, la voluntad debe extirpar del corazón los afectos que aparten al artista de su entrega absoluta. Cornuty, por su parte, discursea sobre la necedad del género humano, sobre el odio como el mejor sentimiento posible y sobre la función educadora de las novelas, que deberían ser como “un latigazo, una saliva arrojada al rostro de la sociedad”.

Pero probablemente el aspecto más interesante de la obra es el retrato fidedigno de la bohemia en aquel Madrid de los últimos años del XIX, con referencias a personajes históricos como el citado Cornuty, Pedro Barrantes, Valle-Inclán, los hermanos Baroja o el propio Picasso, quien fuera vecino de Pedro Luis de Gálvez en la Málaga de su primera juventud.

En esta novela de iniciación, una tragedia familiar aboca finalmente a Elías hacia el nihilismo. Y así, en las páginas finales se nos aclara el extraño título, cuando su protagonista concluye que todo es basura, ruina, estiércol, y que la vida no merece otro nombre que el de Cochambrosa.

Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

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