Kintsugi

‘La música me hacía llorar. Cuentos de sueño y de vigilia’. María Jesús Ruiz. Versátiles Editorial. Huelva, 2022. 72 pp.

Kintsugi es el arte japonés de reparar los objetos de cerámica rotos con oro. El artesano, convertido en artista, rellena delicadamente con el noble metal las estrías que unen los pedazos de la pieza fracturada, que cobra así un nuevo valor estético y se constituye como inesperada metáfora de otra forma de afrontar la pérdida y la desolación. El kintsugi se puede entender también como una actitud vital porque, más allá de ocultar la verdadera naturaleza de lo sucedido cuando un objeto muy querido para nosotros se ha partido en mil pedazos, propone la aceptación, la asimilación y, como diríamos ahora, la “puesta en valor” del terrible acontecimiento. La destrucción se transforma en belleza.

Ejemplares de ‘La música me hacía llorar’ en la librería Plastilina de Cádiz.

La música me hacía llorar. Cuentos de sueño y de vigilia, primer libro de relatos  de María Jesús Ruiz, se constituye como una suerte de kintsugi literario en el que la autora utiliza la palabra certera para iluminar las heridas que produce el amor, que es vida y muerte. Como en este arte japonés, Ruiz se enfrenta al doloroso proceso de la pérdida desde el reconocimiento y la memoria. Así, la narración alcanza un efecto catártico y sanador. La palabra constituida en narración adquiere un carácter transformador.

La música me hacía llorar incluye un elocuente subtítulo, “cuentos de sueño y de vigilia”, que nos adelanta el verdadero carácter de un libro que se mueve en el delicado e inestable terreno de lo rememorado. A ras de suelo, como ocurre en “Diego y Renata”, o traspasando los límites de la ensoñación onírica, como en el turbador “El anillo”, la mayoría de estos cuentos participan de la doble condición que les imprime su posible carácter testimonial y su evidente condición de piezas de ficción. Esto permite también una doble lectura: la literal y otra en la que los elementos secundarios se revelan  como una suerte de código íntimo. Como apunta Iván Blanco en el prólogo del libro, María Jesús Ruiz “prefiere presentarnos los negativos de la foto para que la positivemos nosotros mismos”.

Somos memoria y somos, sobre todo, reconstrucción de esa memoria. Como apunta la cita de Simone de Beauvoir que María Jesús Ruiz incluye en el libro, “uno nunca puede reconocerse, sino solamente narrarse” y sobre ese empeño, a veces desesperado, se construyen estos cuentos que, finalmente, son la única verdad posible para su autora. Encontramos esa verdad en la niña protagonista de relatos como “e de elefante”, “La gallina de los huevos de oro” o “Acelgas y café”, inquietantes remembranzas del desconcierto y del desamparo de la infancia. También en la mujer que se adentra en una terrible aventura interior, sutilmente narrada, para reencontrarse con la sombra de un dromedario (“Un dromedario en Manhattan”) o con los gritos impertinentes de las aves marinas (“Las gaviotas de Portimao”).

María Jesús Ruiz.

Este libro, como admite la autora en el epílogo del volumen, “Ritual”, nace de un intento de “exorcizar el dolor”, que adquiere en estos cuentos afiladas estrías. La pérdida se constituye en leitmotiv de estas narraciones, la pérdida de la persona amada, sobre todo, pero también de los espacios compartidos, de las rutinas avivadas por los encuentros cotidianos y, sobre todo, el menoscabo de uno mismo imbuido en el laberinto de la soledad. Es por eso que estos relatos trascienden lo personal para constituirse como vivos espejos en los que el lector puede reconocerse con poco que se atreva a abrir bien los ojos.

En La música me hacía llorar. Cuentos de sueño y de vigilia, María Jesús Ruiz nos presenta la realidad desnuda de artificios. Su prosa, sustentada por igual en la sensibilidad y la inteligencia, es delicada y contundente. La emoción de estos relatos, pedazos de una sola vida, nace del trazo delicado con el que están concebidos, pero también de la evidente valentía con la que están construidos.

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Autor/a: CaoCultura

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