Búnker

Magda abrió con sigilo la puerta. Tras ella, sus seis hijos aún seguían jugando con Blondi. Les había regañado tantas veces, odiaba que la perra se subiese encima de las camas, pero sobre todo, detestaba los pelos que ésta desprendía cada vez que se restregaba contra las sábanas.

Desde la divertida risa de la mayor hasta la inocencia de la benjamina, todo eran pruebas, obstáculos, hermosos motivos para hacerle cambiar de opinión. Aún estaba a tiempo de echarse atrás. Tal vez debería reconsiderar la oferta de Albert Speer y huir con Joseph y los niños. Pero… ¿Y si alguien daba la voz de alarma? ¿y si los descubrían? Nadie estaba a salvo, cualquiera podía sucumbir a un soborno con tal de librarse de una muerte segura. Además, ¿qué sería de ella? Seguro que acabaría violada, o peor, bajo las aguas del Spree. La sola posibilidad de que sus pequeños corriesen la misma suerte disipó cualquier atisbo de duda. Una madre no flaquea, no muestra debilidad, simplemente actúa, por el bien de su familia, por el bien de su país.

La primera en tomarse la medicina fue Helga, seguida de Hildegard, Helmut, Holde, Hedda y Heidie. Todos salvo Holde, cuyo endiablado carácter estuvo a punto de truncar el plan de Magda, bebieron saborearon el amargo sabor del somnífero. En cuestión de minutos, los seis angelitos cayeron sobre el colchón. Sus cabelleras rubias eran el orgullo de su padre, pero también de quien durante todo este tiempo estuvo a su lado, protegiéndoles, velando por sus derechos. Un hombre que, por razones de seguridad, habían ordenado aislarse en compañía de Eva.

A fuera, las ordas rojas arrasaban la ciudad. Dentro, Madga se apresuraba. Los caramelos de cianuro no tardarían en surtir efecto. Había hecho lo correcto. Helga, Hildegard, Hermunt, Holde, Hedda y Heidie no encontrarian su lugar en el mundo que estaba por llegar, en una Alemania gobernada por los sucios comunistas. Estaban mejor en el cielo, con sus abuelos, lejos del caos, de la desesperación, de la derrota final.

— No os preocupéis. —sollozó Magda—. Pronto estaremos todos juntos.

Ilustración: Manuel Martín Morgado.

Andrea Moliner

Autor/a: Andrea Moliner

Andrea Moliner Ros (Valencia,1993). Graduada en Historia y Máster en Historia Contemporánea por la Universidad de Valencia. Es la única administradora del blog de reseñas literarias 'Jimena de la Almena'. Así mismo, ha colaborado con diversos artículos para revistas digitales como 'EmBLOGrium', 'Blasting News' o 'La Soga Revista Cultural'. Perteneciente al colectivo Las Mujeres del Libro, lucha por visibilizar el papel de las mujeres en la creación literaria.

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