Martín y Musta
Sep02

Martín y Musta

Martín se quemó los dedos con la colilla que acababa de recoger del suelo. Por eso la arrojó con violencia, como quien comete un acto de venganza. Luego, miró sus manos. Grandes y largas. Curtidas y encalladas. Fuertes e inservibles. Sentado en el banco de la plaza, justo debajo de su portal, aquel mediodía de julio quiso recordar la última vez que las estrechó con orgullo. No se acordaba. Se remontó hasta la noche de otrora, cuando...

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