La realidad distorsionada

Los medios de comunicación tienen por objeto informar de la realidad. Ocurre que cuando se abusa de tanta información, lejos de revelar la verdad, produce un efecto sobre ella. En narrativa vimos como la distopía se apoderaba de la vida de los seres en torno a Gilead, en la novela más célebre de Margaret Atwood, El cuento de la criada. En nuestra poesía tenemos casos en que las relaciones del individuo con la sociedad son palpables, en el que el individuo se siente ahogado por la alienación. Vimos esa descripción de asociaciones ilógicas de la realidad y la imaginación de Lorca en Poeta en Nueva York. Y es que el tema de la muerte ha sido tan manido en todos los medios, que se ha convertido en mero espectáculo, tal vez bochornoso con pasillos repletos de hospitales y médicos con celofán; un contexto opuesto a la poesía. Lo comprobamos en la última entrega lírica de Diego Vaya, tras Pulso solar (XXVIII Premio Andalucía de la Crítica), Streaming, Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, publicado exigentemente en 2022 por la editorial Reino de Cordelia.

Como dijimos en otra ocasión, la trayectoria poética del poeta sevillano sigue un camino bien trazado: Las sombras del agua (2005), Un canto a ras de tierra (2006), El libro del viento (2008), Circuito cerrado (2014), Game over (2015), además de Esto no acaba aquí (Antología poética 2005-2015).

A diferencia del último libro, Pulso solar, en que Vaya seguía un proceso intimista del amor como fuerza, aunque el poso pasional persiste latiendo con fuerza, el asunto lo lleva a detenerse en su relación con los medios, en concreto, la forma tan atrozmente cotidiana en que mencionan la muerte.

El volumen se conforma en dos secciones “Pantalla vacía” y “Extinción”. El primero se construye novedosamente sobre treinta y tres estrofas, aproximadamente, sin titular. Una sucesión coherente y bien cohesionada por dos motivos: primero, el asunto, la atmósfera mortal origina imágenes surrealistas, pues contrasta el daño que tenemos con el que nos muestran, paradoja similar a la antítesis entre la urgencia y lo lento, entre tecnología y naturaleza (“Todo muta tan rápido que soy un amasijo / de datos inconexos. El móvil se ha apagado. Oigo / cómo crece la hierba”). Se degrada el número de bajas y no se produce una asimilación sino que se desconfía del grado de realidad vivido, pues (nos) da(ba) la sensación de que todo era lo mismo, el mismo día: “Las noticias que llegan son fragmentos / que no loro ordenar para volver al mundo”. Y el segundo viene motivado por el empleo magistral del ritmo versal así como de los recursos de repetición empleados (repeticiones léxicas, anáforas, paralelismos, estructuras polimembres…), cuyo valor poético refuerza o intensifica la confusión en que se envuelve su propia identidad; un valor que termina fortaleciendo una expresión cadenciosa y directa, con el sesgo de la intuición aunque haya sido fruto de una sosegada reflexión.

 

Además del amor a los suyos, remontarse al pasado emerge una emoción que lo salva de la distopía. Así, la salida es el sueño que no se consigue, por lo que el sentido de qué es real y qué no se retoma del Barroco de un modo similar a que lo construyese el poeta granadino, resuelto en la metáfora visionaria: “las nubes pasan como si la noche / se desangrase, como si en lugar / del goteo metálico de un aire acondicionado / fuese la sangre de las estrellas degolladas / llamando en los cristales”.

En segundo apartado aglutina siete poemas que tienen un desarrollo más o  menos extenso. A pesar de la extensión de la página y de versos tendidos, el discurso no se concentra sino que se licúa en el continente. La imagen es desoladora en “Dentro la noche”, en la apóstrofe al hijo, que, debido al pesimismo originado, trata la confusión tan quevedesca de la eliminación de fronteras entre nacimiento y muerte, donde Vaya se nos muestra poseedor de un oído excepcional: “Tú no lo sabes aún, pero entre nacer y morir / todo es fiebre de golpes y fuerzas turbulentas / en todas direcciones de la carne y el espíritu”. Contiguo al anterior es “Pasillos”, donde siente que su hijo está a salvo, bajo el amparo materno: “Pero ahora duermes junto a tu madre, / y sé que nada de esto importa, hijo mío, / porque nunca más estaremos solos”. La realidad en el río, el puente y la parada de bus transmiten una sensación de que todos nos encontramos a la intemperie, confundidos, de ahí que el poeta sevillano se dedique a contrastar lo que parece ser y lo que es. Muy sugerente es el poema titulado “Los pasos hacia el lago”, donde describe una jornada laboral de un modo lírico con intervenciones de otro sujeto: “ella”. Podría interpretarse que no es real, aunque la descripción es detallista en todos los pasos que dan. Pero al intercalar ese otro sujeto, parece como si una voz emergiera desde otros confines, lo que nos llevaría a emparentarla con la leyenda artúrica de la dama del lago traída a nuestros días. Lo que dice ella: “sé que soy un error en el sistema, / y quizás, resetearme, es la única salida”. Para el final Diego Vaya nos tiene reservado un posible desenlace oculto en la paradoja, recurso tan característico del Barroco, puesto al día en estos versos donde tanta desazón se resuelve con la figura femenina sumergida en el agua: “nunca ha estado tan cerca de sí misma”.

Pese a haber comentado diferentes recursos que ejemplifican que los versos de Streaming son alardes técnicos (en ningún modo artificiosos), estos mantienen una estrecha vinculación con la expresividad. Diego Vaya nos salvaguarda también a los lectores con estos álgidos versos, filtrados tras una tensión cruzada –como se obtiene el buen licor–, entre lo que es y la realidad distorsionada que nos permiten ver.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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