Ellen Duthie: “El sistema educativo actual aplasta la espontaneidad y las ganas de descubrir”

Ellen Duthie era una niña a la que le interesaban las preguntas filosóficas porque nunca ha entendido cómo se puede vivir sin pensar.  Si, ante tal afirmación, se imaginan a una persona muy seria que vive encerrada entre libros, se equivocan totalmente, porque estamos hablando de una mujer llena de vitalidad, decidida y divertida, a la que le encanta poner en marcha todo lo que se le pasa por la imaginación, de lo que no anda escasa.

Ellen estudió filosofía en la universidad y siempre ha mostrado un interés especial por comunicar el pensamiento filosófico a públicos sin formación en este aspecto. Tras poner en marcha varios proyectos centrados en acercar la filosofía a los niños, ha creado Mundo cruel: una caja-libro que configura un mapa sobre la crueldad que el  lector-jugador debe ir definiendo.  Mundo cruel es, en palabras de su inventora, “una invitación a pensar juntos”  haciendo uso  “del humor, la exageración y de la inversión de la realidad para enganchar, provocar e interesar en las cuestiones filosóficas”. En esta entrevista Ellen Duthie nos explica cuál ha sido su trayectoria como divulgadora y nos ofrece algunas claves para entender la importancia de educar a los niños en la reflexión y en el debate sobre temas que les ayudarán a ser adultos capaces de elegir y decidir.

¿Cómo nace Mundo cruel y qué es exactamente?

El libro-juego o caja-libro Mundo cruel y el proyecto editorial de Filosofía visual para niños en el que se enmarca (Wonder Ponder) surge de un proyecto de aula llamado Filosofía a la de tres, que realizo en un colegio público en Madrid con niños de preescolar. Normalmente uso literatura infantil como estímulo para los diálogos filosóficos con los niños. De esta manera habíamos hablado sobre la amistad (¿cómo tiene que ser un buen amigo?), sobre el reparto justo (¿siempre es justo repartir a partes iguales o a veces depende?), sobre la felicidad (¿qué necesitamos para ser felices?) y sobre muchos otros temas.

Entonces quise hacer algo sobre la crueldad pero no encontraba libros que me convencieran o que nos permitieran abordar la crueldad en un sentido amplio y lo suficientemente lleno de matices.  Le comenté a una amiga ilustradora, Daniela Martagón, que lo que buscaba realmente era una serie de escenas ilustradas que mostraran distintos aspectos y ángulos de la crueldad y que provocaran preguntas al mirarlas. Daniela me pidió que le enviara una descripción de las escenas que me imaginaba, y a la mañana siguiente las había ilustrado todas.

Cuando las vimos, y cuando las usé con los niños en el aula, entendimos que habíamos creado algo muy novedoso y que funcionaba como estímulo para el diálogo con una inmediatez poco usual. Y así nació el proyecto de Filosofía visual para niños, al que se incorporó la editora Raquel Martínez Uña poco después, y para el que lanzamos el sello editorial Wonder Ponder en noviembre de 2014.

Mundo cruel es literatura infantil. Mundo cruel es material educativo. Mundo cruel es un juego, para niños y para adultos. Mundo cruel pretende proporcionar las piezas de un mapa sobre la crueldad, que el lector/jugador debe ir completando, definiendo, refinando según lo va mirando y pensando. Una caja con catorce escenas que nos provocan pensar sobre la crueldad, con más de cien preguntas en total, dispuestas sin orden ni dirección “correcta” al dorso de las tarjetas. Es una invitación a pensar juntos.

Ellen Duthie piensa que la filosofía puede ser muy divertida.

Ellen Duthie piensa que la filosofía puede ser muy divertida.

¿Cómo comenzó tu interés por introducir a los niños en el mundo de la filosofía?

A mí de niña siempre me interesaron mucho las preguntas filosóficas. La primera vez que me topé con la filosofía formalmente en la escuela secundaria, recuerdo haberme reconocido en ella como nunca me había reconocido en ninguna otra cosa con la que me topé en la escuela. ¡De esto trataba la vida! ¡Cómo no hemos hecho esto antes! ¡Cómo podemos vivir sin pensar en la vida que vivimos y en qué suponen nuestras acciones, nuestras decisiones y nuestros posicionamientos! Pasé a estudiar filosofía en la universidad y desde el principio y durante toda la carrera me interesó comunicar el pensamiento filosófico a públicos sin formación filosófica.

Desde la convicción de que la filosofía es una de las actividades más vitales que existen, me interesaba siempre depurar al máximo posible los argumentos y los planteamientos para que cualquiera pudiera leer lo que escribía. De hecho, solía pedir a amigos que estudiaban otras carreras que leyeran mis ensayos. Era una especie de prueba. Si les resultaba interesante y comprensible, había hecho algo bien. Recuerdo haber leído la breve y estupenda introducción a la filosofía de Bertrand Russell y pensar que ahí había algo que me interesaba. Hacer accesible la filosofía e invitar a filosofar, sin simplificar. De ahí viene una parte del interés.

Por otro lado, siempre me ha interesado la literatura infantil, sin haber pasado nunca por una etapa en la que tuviera la sensación de que ya era grande para ciertos libros. Siempre he seguido leyendo –y posteriormente escribiendo también- literatura infantil.  Parte de este interés lo plasmo en el blog de reseñas de literatura infantil Lo leemos así.

A estos dos intereses, se le une otro: el de la educación y específicamente, el de la innovación en educación, un interés que se intensificó con el nacimiento de mi hijo hace casi seis años.

Estos tres intereses: por invitar a filosofar, por la literatura infantil y por la innovación dieron lugar a los diversos proyectos de filosofía con niños que vengo impartiendo desde hace unos años ya.

¿Cómo afecta al desarrollo de los niños su entrenamiento en la reflexión y el pensamiento crítico?

El efecto más notable del entrenamiento en la reflexión y el pensamiento crítico tiene más que ver con la percepción de sí mismos como personas independientes con capacidad y responsabilidad de pensar por sí mismos, que con ningún otro parámetro evaluable tradicionalmente en el sistema educativo.

El simple hecho de que se te haga una pregunta donde realmente importa lo que tienes que contestar tú (y tú en particular) puede llegar a cambiar bastante tu relación con el aprendizaje, con el mundo y contigo mismo.

Otra parte importante de  la forma en que se entrena la reflexión y el pensamiento crítico en la práctica de la filosofía para niños es que se trata de una reflexión particular, pero también de una reflexión en grupo, donde se construyen y se someten a pruebas las respuestas entre todos. También esto hace que cambiemos la forma en la que tradicionalmente se suele ver el aprendizaje en la escuela, por ejemplo, y lo veamos como un proceso de construcción en el que, para avanzar en la profundización de la reflexión, yo puedo ser útil para el grupo y el grupo puede serlo para mí.

¿Crees que el sistema educativo actual promueve que nuestros niños se conviertan en adultos que piensan por sí mismos?

Desgraciadamente, el sistema educativo actual no solo no lo promueve sino que hay que preguntarse si siquiera se lo propone.

La evaluación de los niños no tiene nada que ver con pensar y menos aún con pensar por uno mismo. No hay sitio en la mayoría de las aulas para las preguntas espontáneas (en algunas sí, pero son las pocas). Sencillamente, no hay tiempo para las preguntas y, si lo hay, estas preguntas son accesorias, pero lo principal es cubrir el temario obligatorio. Es un sistema que por naturaleza aplasta la espontaneidad y el aprovechamiento del interés natural de todos nosotros de pasar de una cosa a otra, de ir enlazando intereses y seguir un camino de curiosidad y ganas de descubrir.

Es un sistema donde las disciplinas no se interconectan apenas y donde los conocimientos se enseñan más como paquetes sólidos aislados que como fluidos entremezclados. Recuerdo un profesor de universidad recién llegado a su puesto que me contaba horrorizado que sus alumnos se habían quejado porque en el examen había incluido preguntas “de relacionar”. No es serio que nos imponga respeto tener que relacionar. Que solo sepamos recitar paquetes estancos de conocimiento para los exámenes.

No creo que sea el único modo, pero la práctica de la filosofía con niños desde edades tempranas les enseña a disfrutar de “relacionar”.

11051010_10152593903971512_1374752803_n¿Qué pueden hacer los padres en este sentido?

Los padres pueden hablar mucho con sus hijos. Preguntar mucho a sus hijos. Esto no quiere decir sentarles y machacarles a preguntas. Pero cuando un niño o niña nos pregunte, es bueno devolverle la pregunta. No sé, ¿y tú qué piensas? Así le hacemos ver que no tenemos respuesta para todo y que no somos una autoridad en casi nada. En muchos asuntos, las opiniones de los niños son tan válidas y tan basadas en la experiencia como las nuestras.

Otra cosa que podemos hacer es tomarles en serio. No reírnos cuando hacen una pregunta o un comentario que desde el punto de vista adulto nos parece precoz o repelente. “Gracioso”, “mono” o “repelente” es lo que los adultos suelen llamar a los niños cuando hacen determinados tipos de preguntas o quieren hablar de ciertas cosas. Les debemos escuchar de veras. Y dialogar genuinamente con ellos.

Esto quiere decir tratar de dejar atrás la agenda de imponerles lo que nosotros pensamos constantemente que es mejor para ellos. Si nos paramos a pensar, miles de las cosas que pensamos que son mejor para ellos, son absolutamente subjetivas y es nuestra opinión, nuestra personalidad y nuestros intereses lo que guían nuestras indicaciones o recomendaciones. Los niños son personas. Con derecho a hablar, a no sentir lo mismo que sus padres, a no querer lo mismo ni pensar que el mismo modo de resolver conflictos es el mejor. Recuerdo que mi hijo con tres años me contaba de un abusón del patio, dos años mayor. Yo, sin pensarlo, inmediatamente empecé a darle consejo. Pero él me dijo, con tres años, que puede que eso me funcionara a mí, pero que él prefería hacerlo de otra manera. Y tampoco estaba mal. Y también “funcionaba”.

En definitiva, los padres pueden pensar e indagar con sus hijos, no desde la autoridad de tener las respuestas, sino desde la humildad de no tener demasiadas.

¿La filosofía puede resultar divertida?

La filosofía no solo puede resultar divertida sino que tendría que serlo. Para que alguien sienta interés por participar en una discusión filosófica, debe resultarle atractiva la puesta en escena.

Por eso en la práctica de la filosofía con niños, solemos usar estímulos que provoquen interés. Y el interés es, por definición, divertido.

Nuestra caja de Mundo cruel hace uso del humor, de la exageración y de la inversión de la realidad, por ejemplo, para enganchar, provocar e interesar en las cuestiones filosóficas en torno a la crueldad que suscitan las distintas imágenes. Se trata de jugar pensando y de pensar jugando.

¿A qué personaje público le recomendarías “jugar” un poquito con Mundo cruel?

Yo creo que sería muy divertido sustituir los soporíferos y estériles “debates” electorales por un buen juego de Mundo cruel de Wonder Ponder.

¿Es cruel hacer a alguien pagar una deuda que no puede pagar? ¿Es cruel no pagar a un acreedor algo que le debes?  ¿Es cruel obligar a un niño a sentarse durante seis horas al día en la escuela? ¿Es cruel hacer que una pareja de ancianos sin educación formal firme un contrato para un producto bancario que no comprende y que le hace asumir un riesgo que nunca asumiría si lo comprendiera? ¿Es cruel no atender a alguien en la consulta médica porque no tiene la tarjeta de salud? ¿Lo cruel debe ser ilegal? Se me están ocurriendo ya unas escenas muy interesantes específicamente para este diálogo preelectoral.

Tras el éxito de Mundo cruel, Wonder Ponder ya prepara la publicación de dos nuevas cajas-libros: en mayo, saldrá Yo persona, que tendrá como tema central las diferencias entre las personas y los robots; y en octubre, se lanzará De pies y manos, sobre la libertad.

Mª Ángeles Robles

Autor/a: Mª Ángeles Robles

Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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