Cinco poemarios de madurez

Montaña al sudoeste (Antología poética). Antonio Cabrera. Edición de Josep M. Rodríguez. Renacimiento, Sevilla, 2014, 159 pp.

Montaña al sudoeste“Canta el alrededor, no hables de ti”, afirma Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) al comienzo del poema titulado precisamente “El alrededor”, que viene a ser una declaración de principios de la perspectiva desde la que opera su mirada poética. El poeta se erige en observador de la naturaleza, evocada y descrita con una absoluta precisión que no excluye la emoción, pero en la que está proscrito uno de los grandes pecados nefandos de la poesía occidental: la subordinación de la naturaleza a los estados de ánimo del poeta: “Canta el alrededor, no te dibujes”, concluye el mencionado poema. Y la advertencia rige sobre la totalidad de la obra antologada en este libro. Esta actitud, opuesta al designio romántico, recuerda la del heterónimo pessoano Alberto Caeiro, también obsesionado por el afán de depurar la mirada poética.

La abstracción –a la que se alude explícitamente en el poema significativamente titulado “Una poética”– sería el punto límite de este empeño que, llevado a su extremo, casi significaría la condena de la poesía misma a la inanidad. No es el caso de la de Antonio Cabrera: desde ese despojamiento, sus poemas aún conservan, e incluso potencian, la emoción que los ha dictado, o delimitan el espacio insondable donde ésta opera, y que el poema no hace sino acotar. De su utilidad al lector da fe el “Poema de cumpleaños” que el poeta dedica a su hija: “En el dolor, permítele a la luz / que viste el árbol y al objeto hacerte / su promesa lentísima de dicha”. De esas promesas está llena esta poesía.

Serie.Vicente Luis Mora. Pre-Textos, Valencia, 2015. 149 pp.

aquetación 1Como la de los llamados “poetas metafísicos” ingleses del siglo XVII, la poesía del cordobés Vicente Luis Mora (1970) se caracteriza por incorporar al discurso lírico el lenguaje de la ciencia, la tecnología y el moderno ensayismo especulativo, dando a la indagación poética una sorprendente dimensión objetiva y despersonalizadora. Y llama la atención que esta peculiar perspectiva se aplique con éxito a los grandes asuntos de los que se han ocupado los poetas de todos los tiempos: el amor/desamor –véase, en el libro que nos ocupa, “Integración de imágenes ecdóticas”–, la memoria, en su doble vertiente personal y cultural –véanse los tres poemas un tanto oblicuamente dedicados a la evocación de ciudades–, o la metapoesía –“El desanimado”–. Serie es una cumplida decantación de estos intereses y procedimientos; y es la variedad y riqueza de estos últimos, sin duda, lo que lo convierte en un conjunto asombrosamente eficaz, pese a la extrañeza inicial que el lector pueda sentir ante los desusados registros empleados. En “Corazón”,  por ejemplo, el mecanismo de sorpresa y exceso en el que suelen consistir los microrrelatos se convierte en logro lírico; y algo parecido sucede en “Ensayo de ontología”, que declara en su título el género que el autor ha subvertido en aras de la expresión poética. Abunda Serie en estas subversiones y apropiaciones; sin que falte el juego paronomásico –“Me gusta, en ocasiones, la rosa que hay en la palabra prosa”– la aliteración –“lágrima / de lengüeteo y lago”– o el juego de variaciones seriadas, como la sucesión de poemas “decrecientes” –el procedimiento lo empleó ya el poeta Luis Javier Moreno en su libro 324 poemas breves (1986)– que cierra este sugerente poemario.

Los días extraños. Manuel Rico. Valparaíso ediciones, Granada, 2015. 117 pp.

62-los-dias-extranosIncluso el presente –véase el poema “En la calle”, donde el poeta narra una escena contemporánea que, sin embargo, lo remite a “mi edad de muchacho”– es, en este último poemario de Manuel Rico (Madrid, 1952), un acicate de la memoria, que es el asunto al que casi monográficamente se dedica la totalidad del mismo. También el paisaje (“Ermita en el bosque”, por ejemplo) devuelve al poeta un tiempo en el que “fuiste parte de la piedra, tordo o acebuche”; es decir, el tiempo privilegiado del descubrimiento y el asombro, asociado principalmente a la niñez, aunque igualmente haya en este libro poemas que remiten al tiempo histórico del hombre joven que fue uno más entre amigos “adictos a la noche y al gin-tonic, al sexo sin abrigo”, (“Letraheridos”), o trató a esas ”muchachas de los años setenta (…) a las que amamos mal, a las que casi dictábamos / frases de Wilhelm Reich torpemente aprendidas” (“Mejores que nosotros”). Entre estos dos extremos –el tiempo asumido como historia y la intemporalidad de la infancia detenida en el recuerdo– se mueve este poemario denso y descriptivo, abundante en pinceladas certeras y en precisiones de tiempo y lugar, que articulan un relato autobiográfico que atañe no sólo al poeta, sino a toda una generación.

Serán ceniza. Pedro Sevilla. Libros Canto y Cuento, Jerez de la Frontera, 2015. 78 pp.

portada_seran_cenizaLibro tras libro, la actitud poética de Pedro Sevilla (Arcos de la Frontera, 1959) va creciendo en eficacia y capacidad de convicción. No lo tenía fácil: su poesía representa la actitud contraria a la predominante entre muchos de sus coetáneos: nada hay en él, en efecto, de ese descreimiento hacia la poesía del que otros hacían gala; nada, tampoco, de ese aparato de desdoblamientos y espejos por el que otros intentaban conjurar el destino inevitable de todo poema que emocione: referirse al hombre que lo ha escrito y a sus semejantes. Sólo ocasionalmente incurre Pedro Sevilla en esos juegos distanciadores: “Meditaciones del conde Drácula”, por ejemplo, es el único ejercicio de autoironía –el poeta maduro, en trance de contemplar a unas muchachas que bailan, se compara  con el célebre vampiro– que se permite en este libro. El resto no llama a engaño: “Portarme ante el dolor como ese almendro, / que herido por el hacha siente caer sus ramas, / donde no han de volver nunca los trinos”. La humildad de los trabajos campesinos, la claridad de la naturaleza o la intensidad del amor maduro invitan al poeta a pronunciarse con esa misma contundente sinceridad; que, como se sabe, en poesía no se logra simplemente con atender al dictado del sentimiento, sino que exige el conocimiento y dominio de los recursos necesarios. Y aquí reside otro rasgo original del poeta arcense: sus maestros son cercanos, inmediatos, y su acercamiento a ellos es el del buen discípulo que, antes de acudir a otras prestigiadas fuentes de manual, atiende la voz que le habla desde su mismo entorno. Los últimos poemas de este libro, por ejemplo, siguen muy de cerca la lección del también arcense Julio Mariscal en su Corral de muertos: las tumbas descuidadas de un pequeño cementerio de pueblo –que Pedro Sevilla amplía a otras encontradas en Oxford o París– dictan su humilde lección sobre la muerte, el olvido y la perdurabilidad. Libros como éstos, tan cercanos y verdaderos, suman, y no restan, lectores a la poesía que se hace hoy.

Canción del distraído. Vicente Valero. Vaso Roto, Madrid, 2015. 159 pp.

Canción del distraídoEn este libro Vicente Valero (Ibiza, 1963) mezcla poemas antiguos y nuevos para poner en valor la principal línea de fuerza que articula su obra: su condición de relato de búsqueda hacia “una iniciación” –así se titula el segundo poema del libro– concebida, al modo romántico, como el logro de una mirada imaginativa que aporte certeza y claridad. Los escenarios son, por tanto, los que la tradición consagra como más apropiados a esta clase de revelación: los caminos, el bosque, la noche, las cumbres, etapas de ese “viaje a la claridad” al que se refiere, a modo de resumen, el poema que cierra el libro. Los peligros de una poesía de tan alto vuelo –la posible vaguedad, la pérdida de referentes, la deshumanización incluso– quedan conjurados por el empleo de un lenguaje preciso y descriptivo, el recurso a imágenes realistas (“Limpiar el corazón como quien limpia el pescado, con el cuchillo viejo, bajo un chorro de agua pura”) y la sabia alternancia del poema métrico en verso blanco y el poema en prosa, con una dicción controlada que transmite al lector la certeza de que el contenido imaginativo del poema lo está igualmente. La “distracción” a la que alude el título, por tanto, no implica descuido ni arbitrariedad, sino que apunta al estado de conciencia más propicio a la visión imaginativa a la que propende este sugerente  viaje iniciático: el arrebato.

CaoCultura

Autor/a: CaoCultura

Entendemos la cultura como proceso, no como producto. La cultura implica transformación individual y social. CaoCultura es un espacio para la creatividad, la imaginación, el disfrute, la reflexión y la emoción.

Comparte en
468 ad

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *