El París íntimo de Antonio Serrano Cueto

Una estancia de investigación de tres meses en la parisina Universidad de la Sorbona le deparó al escritor y poeta Antonio Serrano Cueto la posibilidad de tomarle el pulso a una ciudad mágica y mítica. Fruto de sus largos paseos por la capital del Sena es ‘París en corto’, que publica la granadina Valparaíso Ediciones. El autor nos desvela en esta entrevista las claves de uno de sus libros más personales y queridos.

¿Empezó a escribir este libro durante su estancia en París? ¿Cómo se ha gestado?

Lo he escrito después de mi regreso de París, pero el material que hay en el libro lo recopilé allí. Yo tenía una beca en la Universidad de la Sorbona e iba a trabajar todas las mañanas, de lunes a viernes. Pero las tardes, que me quedaban libres, y los fines de semana los dedicaba a recorrer la ciudad durante horas y horas, con mi cámara de fotos y con mi cuadernillo. Me pasaba muchas horas sentado en terrazas de bares que me gustaban. El libro surgió a partir de todas esas fotografías y todas esas notas, e incluso de algunas lecturas que hice sobre París, allí, antes y después, como París insólito de Jean-Paul Clébert, que fue un mendigo de los años cincuenta que se recorría el París sórdido de la posguerra y que sacó este libro sobre sus andanzas.

El libro está estructurado en varios capítulos con títulos muy sugerentes: “El Sena”, “El patrimonio urbano”, “No solo tipos decentes”, “Residentes y visitantes” y “La noche”. ¿Cómo y cuándo se planteó esta ordenación?

Cuando vi el material que tenía me di cuenta de que se le podía dar esta estructura porque había muchos relatos que tenían algo en común. Por ejemplo, toda esta primera parte de los relatos que tienen como protagonista al Sena. Además, la estructuración por capítulos me parecía que podía ser mucho más atractiva para el lector también.

Antonio Serrano Cueto.

Antonio Serrano Cueto.

Algunos de los capítulos llaman mucho la atención sobre diferentes aspectos de la ciudad. De algún modo, el libro es una especie de guía para el que quiera conocer París de una manera diferente.

Sí, de hecho, es algo que no me plateé, pero luego, cuando estaba ya el libro terminado, incluso lo comenté con el editor, que podía ser una especie de guía de ficción. Es verdad que no tiene un itinerario. No se indica para nada por dónde debe ir el visitante, pero sí que hay muchos lugares que no son los habituales del turista y que se pueden ver desde otra perspectiva.

Esta es mi visión de París, pero ni siquiera es mi visión cien por cien, es solo mi visión de una parte de París por la que siento especial cariño. Todos los lugares que aparecen en el libro los he visitado. En algunas de las terrazas he pasado mucho tiempo.

Esa es la gran ventaja de haber estado allí tres meses y, sobre todo, el haber estado los dos primeros meses allí solo, porque mi familia llegó al final.

En este libro aparece un París distinto. París se identifica siempre con la luz, es una ciudad brillante. Aquí no es que no aparezcan estos elementos, pero el libro tiene un carácter más introspectivo. ¿Cambia mucho la visión que puede tener un turista de la de una persona que ha estado como usted viviendo allí?

Hombre claro, esa es la clave: la diferencia entre conocer una ciudad y conocer una ciudad viviendo en ella. Por ejemplo, en un barrio como en el que yo viví los dos primeros meses, el Boulevard de Strasbourg, en el que el ochenta por ciento de los vecinos son inmigrantes. Eso te da una visión totalmente distinta que cuando vas a la ciudad de visitante una semana o cinco día a ver lo que hay que ver. Yo era ya uno más del barrio, tenía mi sito donde comprar, la gente me empezaba a saludar… Esto por una parte, por otra, hay una visión introspectiva como bien dices porque muchos de los cuentos surgen de muchos ratos sentado observando a los parisinos, a la gente. Esto estaba muy condicionado también por la visión que yo podía tener de París a través de mis lecturas, que no son libros convencionales.

Luego aparece mucha lluvia, porque la primavera en París es muy lluviosa. No es que huyera de dar la imagen de un París luminoso, es que esto es fruto de distintos estados de ánimo, de las cosas que me interesaban. Y no olvidemos que es un libro de ficción.

En la mayoría de los relatos aparecen personajes solos. Parece una ciudad con muchas pequeñas vidas que no tienen mucha interconexión.

Eso también es solo mi visión de la ciudad, aunque creo que ese es uno de los males de las grandes ciudades y París no es una excepción. Cuando tú observas, que es lo que yo hacía, me dedicaba muchas horas a observar a la gente, del mismo modo que yo estaba solo, también veía a mucha gente que iba pululando sola, de ahí esos personajes del libro.

Por otra parte, al estar solo, incluso podía estar proyectando esa situación. No obstante también hay luego conexión entre los cuentos. Hay personajes que reaparecen luego en otros relatos, y así, de alguna manera, los ponemos en compañía.

El estilo, en relación a sus cuentos anteriores, no diría que es sombrío, pero sí como más recogido, más concentrado.

Más intimista… Yo creo que la clave es esa. Yo hice aquí un ejercicio de introspección por las muchas horas que tenía para pensar, para reflexionar. Y es una ciudad que se presta mucho a eso cuando se está en las condiciones en las que yo estaba. Te da pie a pensar en la ciudad como un personajes más. Creo que la ciudad es un personaje más en el libro.

Pero quizás sí sea más introspectivo que otros libros míos. Hay humor también, no es un libro sombrío en el sentido de que yo esté huyendo de la ironía e incluso de la sátira, pero sí, quizá sea uno de mis libros más intimistas. También puede haber influido el hecho de que gran parte de él está escrito a la vuelta, desde el recuerdo, y quizás el recuerdo influye en ese sentido también. Es más nostálgico. Es un libro al que le tengo especial cariño porque fue una experiencia muy bonita. Creo que ahora si voy a París la veré de una manera distinta, sin duda.

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La aparición del libro coincidió, además, con los terribles atentados de París. ¿Cómo vivió este hecho?

Salió justo una semana antes. En la primera entrevista que me hicieron tuve que decir que añadieran una nota, porque un día o dos después de hablar con el periodista pasaron los atentados y no quería que pareciera que yo estaba haciendo una frivolidad cuando había ocurrido algo terrible. Curiosamente, yo viví muy cerca de Bataclan. De hecho pasaba a menudo por la puerta y muchas veces, sobre todo los fines de semana, había mucha gente joven para entrar. Y la Rue de Charonne, que aparece en uno de los cuentos, es una calle que estaba cerca de la segunda casa que tuve, que estaba en el barrio de La Bastilla, un barrio muy ambientado.

En algunos cuentos aparece también ese lado terrible y violento de la ciudad. Recuerdo, por ejemplo, “Entre chocolates”, protagonizado por una asesino que podría ser también un terrorista.

Ten en cuenta una cosa, París es una ciudad que tiene sus miserias y sus peligros. Hay un capítulo, “No solo tipos decentes”, que habla precisamente de esos tipos que son infames. Asesinos como los de ese cuento.

Recuerdo que cuando vivía en Boulevard de Strasbourg, diariamente por aquella avenida pasaban continuamente coches de policía camuflados, como si hubiese una actividad delictiva importante.

La chocolatería del cuento creo recordar que es una de las más antiguas de la ciudad y está puesta con tanto primor que siempre que iba allí pensaba que era justo el sitio que a un niño travieso le gustaría destrozar.

¿Calificaría París en corto como un libro de microrrelatos? ¿Se mueve con comodidad en este género?

Yo más que en el microrrelato diría que donde me muevo bien es en las distancias cortas, porque yo creo que en este libro no todos son microrrelatos. Algunos textos están más cerca de una estampa, de un recuerdo. Lo que sí es cierto es que estamos hablando de ficción, pero yo no me planteé hacer un libro de microrrelatos cuando hice este libro.

También se puede leer como dietario.

Sí, porque son cosas que he vivido, e incluso podría haberles puesto fechas. Muchos de estos relatos tienen un punto autobiográfico importante. Al final surgen estas narraciones que por su extensión pueden ser microrrelatos, pero el término, si te das cuenta,  no aparece en la portada del libro siquiera.

Tampoco es un género, si es que le podemos llamar género, que esa es otra discusión, al que me quiera dedicar de manera especial. Me gustan las distancias cortas, como la poesía.

De hecho, ahora tengo otras cosas entre manos: un libro de poemas, que aparecerá en breve, y otro proyecto muy interesante que todavía no puedo desvelar.

Mª Ángeles Robles

Autor/a: Mª Ángeles Robles

Soy periodista especializada en temas culturales. He trabajado en Diario de Cádiz, en la agencia de noticias Europa Press y he sido redactora y fundadora del periódico El Independiente Cádiz. Colaboradora habitual de diversas publicaciones culturales en las que he escrito de teatro, cine y literatura.

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