Tres poemarios y dos cofres con sorpresa

Amadís y el explorador. Ángel Crespo. Edición de José Luis Gómez Toré. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2015. 121 pp.

amadisIncluido en la Poesía completa publicada en 1996, este libro póstumo de Ángel Crespo (1926-1995) no había conocido edición exenta hasta hoy. Los diez poemas que lo componen –cinco monólogos dramáticos y otros tantos poemas dialogados– fueron escritos en un intervalo de más de veinte años y compendian las obsesiones y preocupaciones del autor en ese periodo: el contraste entre la modernidad y una ambigua herencia cultural mal comprendida y no siempre valorada, la apelación a la imaginación visionaria y la necesidad de la revelación, en un contexto de crisis espiritual y de civilización. Ocasionalmente oscuros, y también ocasionalmente tocados de un soterrado sentido del humor –el que opone a interlocutores tan dispares como “Perseo y el cowboy” u “Odín y la ragazza” en los poemas así titulados–, el sentido del conjunto se aclara en clave existencial en el emocionante poema final, el titulado “Eduardo Chicharro”, puesto en boca del fallecido poeta postista, que se dirige a sus amigos y compañeros de lucha literaria para ofrecerles una especie de apología de la permanente indagación en el misterio en que debe consistir la tarea poética.

Presente continuo. José Luis García Martín. Impronta Editorial, Gijón, 2015. 127 pp.

cubierta-presente-continuoDice García Martín (1950) que, en este libro suyo, los poemas “no están muy a gusto”, pues sería mejor destino para ellos andar de boca en boca e incluso ser recordados por quienes ignoran el nombre de su autor. Destino más propio, quizá, de un tipo de poesía menos consciente de la tradición de la que viene, tan palpable en este poemario: la sonetística de resonancias barrocas –Quevedo, sobre todo (“Sólo he vivido lo que no he vivido / y amado a quien no amé de ningún modo”), pero también los más cercanos Alberti y Víctor Botas–, la poesía meditativa y moral en la línea que aclimataron Cernuda o Gil de Biedma (véase, por ejemplo, “La tempestad pasó”); y, sobre todo, la tradición epigramática y minimalista que tiene su antecedente más cercano en Borges y otros, pero que encuentra su verdadero fundamento en la faceta diarística y viajera del propio autor, bien entrenado en caracterizar lugares y situaciones en breves anotaciones que captan un detalle o destello (véase este “Hotel Majestic”: “La Avenida Kléber, eterno blanco y negro. / El torturado grita, Ernst Jünger lee a Montaigne”). Completa el libro, abonando el gusto de García Martín por las heteronimias y la ficcionalización de la historia literaria, un cuaderno de poemas presuntamente escritos por Marilyn Monroe. Toda una declaración de principios a favor de un modo de entender la literatura en el que el empeño autoral no es incompatible con un cierto deseo, que también tiene algo de juego, de diluirse en una tradición en la que resonancias y ecos cuentan más que los nombres.

La puerta entornada. Jesús Montiel. Libros Canto y Cuento, Jerez de la Frontera, 2015. 80 pp.

la_puerta_entornadaLa enfermedad de un ser querido, sobre todo la de un hijo (…), desgarra la costumbre y pronuncia la pregunta de la muerte y su sentido”. En el breve prólogo del que extraemos esta frase enuncia Jesús Montiel (1984) lo que el lector encontrará en este libro: un exacto registro, escrito con toda la precisión y eficacia de la que es capaz un poeta dueño de sus recursos, de esa dolorosa realidad. Que, sin embargo, no sería aún verdadera poesía si no encontrara el modo de plantear, a partir de este angustioso referente, las grandes preguntas que atañen a la gran poesía de todos los tiempos: el contraste, del que ya se ocupaban los salmos bíblicos, entre “el hombre cotidiano” ajeno al dolor y el que lleva sobre sí esa carga; el significado del tiempo como portador de estos cambios; el origen del miedo y el dolor; el parvo y, a la vez, noble consuelo que ofrece la literatura de otros que han escrito sobre circunstancias semejantes –véase el hermoso poema dedicado a Francisco Umbral–; el valor del recuerdo en un entorno radicalmente alterado por la enfermedad; la posibilidad de la esperanza. Todo ello, insistimos, desde un repertorio expresivo que no rehúye llamar a las cosas por su nombre, pero que esquiva igualmente el patetismo y hace gala de una eficaz contención expresiva, así como de ese sentido del detalle que caracteriza y define al poeta certero.

Anáfora (creación y crítica). Nº 5, julio 2015. Coordinación: Cristian David López y Pablo Núñez.  Impronta Editorial, Gijón.

page_1Pocas revistas literarias tienen tanto que leer como este nuevo producto de esa especie de intangible factoría asturiana que, desde Jugar con fuego hasta la veterana Clarín, pasando por Reloj de arena y otras, lleva cuarenta años defendiendo una idea de la literatura que no es del todo incompatible con la diversión, el juego, la generosidad de incorporar nuevos talentos y el empeño en mantener formatos que, como es hoy el caso de las revistas literarias en papel, hay quienes se empeñan en considerar cosa del pasado.

Este último número de Anáfora se abre con un espléndido poema de Miguel d’Ors y se cierra con una sugerente especulación, firmada por Saúl Borel, sobre la consistencia lógica de la infinita “Biblioteca de Babel” que imaginó Borges y cuya posibilidad ya refutó José Luis García Martín en un ensayo de 1973. Por el camino, poemas de Javier Almuzara y Marcos Tramón, entre otros, una magnífica traducción de tres poemas del romántico inglés John Clare a cargo de Antonio Rivero Taravillo, unos recuerdos viajeros de Francisco Rodríguez Adrados que evocan un mundo no mejor que el actual, pero sí menos imprevisible, unos fragmentos –con algún dardo cargado– del diario de Laura Freixas y unos aforismos o “chiribitas” de Miguel Floriano. Una verdadera fiesta de la lectura.

Centrifugados. Primer encuentro de literatura periférica. Ediciones Liliputienses, Isla de San Borondón, 2015. 

Logotipo de Centrifugados - copiaTambién hay quienes no han perdido todavía la fe en ese aspecto gregario que ofrece la literatura cuando se aúna con juventud y entusiasmo: de esa conjunción surgió este “primer encuentro de literatura periférica” que se celebró en Plasencia en marzo del presente año, y que, bajo esta etiqueta quizá un tanto desconcertante, quiso encarnar una cierta voluntad de oponer desparpajo y espontaneidad a la encorsetada rigidez del establishment literario. El caso es que este libro, como el mencionado encuentro, reúne a poetas curtidos y reconocidos (Jordi Doce, Juan Carlos Mestre, Álvaro Valverde, Javier Sánchez Menéndez) con otros menos nombrados pero muy capaces de alzar la voz sin complejos para poner en pie requisitorias tan dignas de atención como el poema –más bien, monólogo dramático– titulado “Paroxetina”, de Manuel del Barrio Donaire, la “Adaptación al miedo” que firma Víctor Peña Dacosta” o el “Soliloquio de un joven votante de la democracia” del que es autor Ángel Manuel Gómez Espada” y que empieza: “A veces me pregunto si no estaríamos mejor bajo el gobierno de Darth Vader”. Hay motivos para preguntárselo, desde luego.

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Autor/a: CaoCultura

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