Nostalgia y temblor

‘Hábitat’. María Jesús Ortega Rodríguez. Prólogo de Pedro Sevilla. Ediorial Lastura. Colección Alcalima. Madrid, 2020. 60 pp.

En un espacio interior se escribe la poesía; un ejercicio donde se explora la identidad del ser humano. Explorar los interiores actúa como mecanismo catalizador de la creación poética. En la segunda entrega lírica de María Jesús Ortega, Hábitat (Lastura), se constata el óxido de la vida y se reafirma la voz de una poeta que logra emocionar con versos armoniosos. En su discurso poético logra validar los adentros en los huecos, recovecos y caliches desde un tono doliente.

La poeta de la Línea de la Concepción canta en Hábitat la voz perdida y el tiempo muerto, empleando un universo simbólico propio, “un mundo sin muros a merced del dolor y la angustia, pero que se salva mediante la memoria del paraíso infantil” según expresa Pedro Sevilla en el prefacio, y añadiría en torno al cual sobrevuelan “pájaros”. De manera similar Cernuda perseguía en Ocnos los recuerdos de la primera niñez, como edén lejano. María Jesús Ortega ofrece a sus lectores la pulsión existencial, busca la imagen congelada del paraíso de la infancia tanto en la casa (azotea, patio) como en las afueras, añadiendo uno de los elementos nostálgicos preferidos por la poesía urbana, las farolas. Sus poemas evocan la existencia; nadan en contra de la apatía.

En la reseña escrita por el poeta y crítico, Jorge de Arco, se podía leer: “Poesía aquí y ahora de pensamiento, de dialéctica, que exige una continuidad lectora que atienda el hilo y la emoción de su proceso”. Y es precisamente en la ambivalencia emocional, en el decir contenido, donde María Jesús Ortega obtiene sus mejores logros, como ejemplificaremos en adelante.

El conjunto está constituido por veintidós poemas agrupados en cuatro apartados más un poema-epílogo. La asimetría de las tres partes con respecto a la última tal vez venga dada por una parte más extensa que busca amparo, un refugio ausente. En cualquier caso, la cohesión de las partes se procura mediante el uso de un mismo campo semántico, un universo simbólico vinculante.

 

La memoria busca unas coordenadas espaciales que las temporales ensombrecen. La incertidumbre no niega la desazón, tampoco el tono pesimista que infunde al libro. El intercambio de versos de distinta medida nos reproduce el fluir vital, caída y elevación. Los versos parecen columpios que nos conducen a otro tiempo, al arraigo de una noche dominical de septiembre, como se lee en el poema “LA NOCHE de los grillos”. Con motivo de la distancia, el sujeto retiene imágenes que la palabra (la voz) no logra elevar: «El espíritu indaga en las simas que urdieron / la trama turbia / de esta voz embozada que clama desde lo hondo, / buscando abrazos altos / entre las azoteas de sal».

Todos los rasgos del universo simbólico de los primeros apartados pueden verse sintetizados en el magnífico “Aljibes comunicantes”, con resonancias machadianas incluidas. Allí son los pájaros quienes buscan hueco en los “caliches”, metáfora de su propia actividad en busca de la edad de la inocencia.

Los poemas intitulados priorizan sobre los titulados. Con una expresión peculiar y un estilo pulcro en recursos literarios (el símil, la metáfora y la imagen visual figuran como los más empleados), la poeta nos regala textos de gran contenido emocional, como el poema que comienza con el endecasílabo “LA MADRE aún ensarte las agujas”, que transmite con pasión la labor materna: “Sobre el hule en silencio de la noche, / la madre / recontaba los pazos / para los trajes nuevos de la feria”. Es también bello el titulado “Instante”, en realidad, reúne varios momentos que dan valor a la vida y evocan el refugio seguro de la familia, adonde van a parar todas las emociones y la misma vida en los actos cotidianos que se comparte: la tertulia con el hijo o la época en que compartía labores domésticas con la madre. La lectura de estos poemas nos traen el esplendor vivido y la amargura de apartarnos de esos periplos existenciales.

La tristeza de Hábitat vira al desamor en el último apartado, a ese barco hundido en que la poeta se sumerge, en busca de alguna muestra de afecto, en busca del refugio corporal del otro, aunque la distancia temporal hace de la tentativa un casi imposible: “En tus labios el vaho se detiene, quisiera / atravesar los charcos, dormitar / de cara a la indolencia”. Cuando la asunción de la falta de refugio se evidencia es, paradójicamente, el momento en que espejea otra proporción de abrazos, otra oportunidad para sentir el amor, en el poema que tiene como telón de fondo una frase de Los puentes de Madison County (“Durante todos estos años he estado cayendo hacia ti”). Así concluye Ortega: “Y será […] / en otro sur / la que se abrirá como un libro “. Como un acto de plena trascendencia.

Los mejores cierres de Hábitat se hallan en los poemas finales. En ellos concentra María Jesús Ortega la nostalgia de los días evocados con temblor, junto con su buen hacer poético, la emoción derramada, donde se evoca la chispa de la vida, y nos impregna de una congoja de la que logra expiarse gracias a la escritura poética. Así, dejamos paso a la lectura de este libro con sugerente final: «Una por una, voy abriendo estancias como quien / oreara aleteos de antiguos paisajes, / dejándose caer en el solaz / de este silencio, /de esta nueva intemperie».maria

Jesús Cárdenas Sánchez

Autor/a: Jesús Cárdenas Sánchez

Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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1 Comentario

  1. María Jesús Ruiz

    Hábitat es un libro fascinante, conmovedor, de una honradez estremecedora

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