Sonia Aldama: “Afrontar cualquier circunstancia desde la alegría se convierte en un acto político”

“Bajo el sudor de esta piel / teje el deseo / de mirar desde sus ojos / y conocer dudas”. Resuenan estos versos de “No soy lo que ves”, poema que abre Sostener la alegría, el cuarto poemario de Sonia Aldama. Por obvio que parezca, nadie es exactamente lo que otro piensa que es. ¿Hasta qué punto nuestras acciones, las palabras que elegimos o incluso el color de la ropa que vestimos consiguen expresar aquello que se esconde detrás de esta masa de huesos y carne?

Dentro de nosotros habitan tantos mundos posibles que la imaginación y la búsqueda artística se convierten en caminos para explorar nuestra inquietud y tratar de comprendernos. Escrito por la poeta madrileña y publicado por la editorial Baile del Sol, Sostener la alegría invita a mirar más allá de las apariencias. Como señala Aldama en esta entrevista, la escritura del libro supuso “un ejercicio de retracción del ‘yo’”, un gesto que considera fundamental en el proceso poético.

Dividido en tres secciones, el poemario transita por la observación del presente, el autoconocimiento y el erotismo. Sus versos revelan la vulnerabilidad de una voz que se enfrenta a los días aciagos, las noticias inesperadas y el paso del tiempo, circunstancias que a menudo nos empujan a volver la mirada hacia el pasado.

Sin embargo, Aldama rehúye la nostalgia como destino y apuesta por la esperanza. No es casual que la alegría sea aquello que sus poemas buscan cuidar y proteger a través de estaciones, vuelos, equilibrios, rezos y plegarias.

Tras compartir una lectura en Alcalá de Henares, Sonia Aldama respondió a las inquietudes nacidas tras leer Sostener la alegría.

-Tu poemario nos impulsa a mirar nuestra terrenalidad y existencia, a develar nuestros misterios. ¿Qué sensaciones persisten en ti luego de haberlo publicado?

Llevaba seis años sin publicar poesía, aunque no he dejado de escribir. Durante este tiempo he participado en el evento internacional EmpoderaLIVE dentro de su sección Acción Poética, una experiencia en la que pude desarrollar mi labor poética creando versos en directo mientras escuchaba las ponencias.

Sin embargo, Sostener la alegría ha sido una verdadera catarsis; una necesidad de reclamar la identidad del ser humano más allá de la propia poesía. Es un ejercicio de retracción del ‘yo’, algo que considero fundamental en el proceso poético. Con este libro quería reivindicar la escritura en sí misma y el tiempo que requiere la gestación de un poema.

A menudo vamos desapareciendo y nuestra identidad se borra porque hay quienes dejan de vernos como somos y proyectan sus propias miserias en los demás. Por eso, mi intención era apelar a la identidad desde un lugar universal, empatizando con la naturaleza humana. Todas y todos nos hemos sentido así en algún momento: como si hubiéramos perdido nuestra esencia y habitáramos dentro de un propio extrañamiento.

Portada de ‘Sostener la alegría’.

-La etimología de la palabra sostener remite a mantenerse firme. En el poemario, la hablante afirma, evoca y convierte esa acción en un rezo, incluso cuando la mente está en desacuerdo. ¿Cómo conviven la voluntad y la duda en esa búsqueda?

La voluntad y la búsqueda conviven en el propio poema, en la manera de encontrar cada palabra y en lo que significa para mí la poesía. El proceso creativo tiene diferentes vertientes. En mi caso, los poemas no surgen de forma espontánea, sino que son el poso de experiencias vividas, a veces a lo largo de un solo día, a veces durante años, que al final se convierte en un borrador que hay que pulir

Un poema, en su origen, nace de una manera y evoluciona: desde la primera versión hasta la definitiva puede haber más de veinte variaciones. La poesía posee esa dimensión combinatoria, un juego de palabras que buscan el equilibrio exacto hasta dar con un significado preciso, con el ritmo y la cadencia adecuados. Es un trabajo minucioso que guarda un vínculo con el ajedrez, las matemáticas o la música. En esa composición, la voluntad se reafirma sobre la duda.

-Sabemos que la alegría no siempre está en nosotros. En tus poemas aparecen la paciencia, las formas de evocarla y el cuidado de los recuerdos. ¿Cómo se aprende a sostener la alegría en los momentos difíciles?

No creo que sea algo que se aprenda. Lo que trato de evocar en estos poemas es que, cuando la alegría ha sido tu forma de estar en el mundo desde la infancia y te has mantenido firme en ella a pesar de los reveses inevitables de la vida, su desaparición resulta desconcertante.

Todas las emociones son válidas y necesarias, incluida la tristeza. Sin embargo, a veces dejamos de brillar, de crear o de reivindicar nuestro oficio no por un motivo personal ni por una experiencia trágica, sino por un proceso de pérdida de identidad provocado desde fuera. Ante esto, afrontar cualquier circunstancia desde la alegría se convierte en un acto político: en la decisión de no dejar de ser tú misma. Eso es, en el fondo, lo que necesitaba escribir.

-A lo largo de los poemas se repite el concepto de «palabra», casi como una acción que permite tocar aquello que parece intangible. ¿Qué cambia en uno cuando logra ir más allá de nuestra voz, más allá de expresarlo en papel?

La palabra trasciende cuando el libro ya está escrito. Se transforma cuando alguien comparte una reseña, cuando en una presentación un lector o lectora se emociona, o cuando mi propia voz se quiebra al recitar.

Me pasa con el último verso del último poema del libro, que dice: “Jamás dejaron de sostener la alegría”. Por algún motivo, esa catarsis con la que cierro el libro, rompe una contención que durante años había hecho que mi poesía fuese más bien hermética. En ese punto, el texto se abre, se expande, y surge una emoción inesperada.

En ese momento la palabra cobra vida,  la poesía  conecta con el lector, con la lectora, a veces con tus propias emociones. Al final, eso es lo que significa la poesía y la razón por la que resulta tan necesaria.

Sonia Aldama. Foto: Eduardo Cano.

-A la par de Sostener la alegría, pude leer Cuarto solo, tu primer poemario, publicado en 2013. Noté que algunas búsquedas se mantienen, como la observación del presente, el autoconocimiento y el erotismo. ¿Cómo dialogan estos libros en tu trayectoria?

La observación del presente que observas en los dos libros, responde a una necesidad de huir del pasado, que tanto afecta y deprime a la gente: demasiada nostalgia, y también del futuro, conectado a la ansiedad. Si logramos permanecer en el aquí y el ahora evitamos que la mente se desborde, vivir el presente es lo único que nos libera de la angustia y el miedo. De ese ejercicio del presente nace el autoconocimiento como búsqueda poética.

Por otro lado, la presencia del erotismo en mi obra, tiene que ver con cualquier vida, con la pulsión entre Eros y Tánatos. A las mujeres se nos ha negado históricamente esa dimensión en la vida y en la literatura, en la poesía tradicional hemos sido siempre objeto y no sujeto, nos han querido despojar de humanidad al ser convertidas en musas de los poetas. Sin embargo, nosotras también somos poetas. Recupero esa intuición de Frida Kahlo, o de una frase que se le atribuye, cuando decía ser su propia musa, para explorar el erotismo tenemos que reinventar el lenguaje, descolonizarlo y crear nuevas metáforas, liberarnos de comparaciones cosificadoras como los clásicos ‘dientes como perlas’.

Esta exploración erótica recorre tanto mi poesía como mi narrativa. Reivindico que cuando las mujeres escribimos tengamos claro desde qué lugar emocional y político lo hacemos. En mi caso, la escritura pertenece a un lugar que convive con mi conciencia de clase y de género y con una búsqueda de la verdad y de la identidad humana.

-Tienes una conexión con Chile, no solo por el copihue que aparece en la portada, sino también porque citas versos de Guido Eytel, escritor de Temuco fallecido en 2018. ¿Qué recuerdas de su figura? ¿Sabías que un festival de poesía lleva su nombre?

Sí, tengo una conexión profunda con Chile. No solo por el copihue, que nace de una maravillosa ilustración de la cubierta del pintor Enrique Parra en la que un colibrí sostiene con delicadeza una flor de copihue, imagen que conecta con el título Sostener la alegría, también conecto con Chile por los lazos que me unen a esa tierra. Hace más de veinte años viajé allí junto a Carlos, mi pareja, para conocer en persona a Guido Eytel. Nuestra amistad había nacido a través de la lista de correo del taller de escritura de Enrique Páez, un espacio digital donde coincidí con grandes autores y autoras con los que sigo manteniendo contacto.

Aquel viaje fue una experiencia maravillosa. Tuve la ocasión de conocer a Guido, a su mujer, Chabela, a la poeta Maribel Lacave, y también al poeta Patricio Riquelme, quien ha sido uno de los grandes impulsores de la biblioteca que hoy lleva el nombre de Guido. Guardo recuerdos extraordinarios porque fue uno de mis mejores amigos y le echo muchísimo de menos. Extraño nuestras conversaciones. Con él aprendí no solo sobre poesía, sino sobre cómo vivir de forma coherente con lo que piensas. Fue un hombre comprometido, que luchó por la democracia de su país, que nunca se vendió al capitalismo y que siempre tuvo claro que quería una vida rodeada de libros, de poesía y de naturaleza.

Me encantaría volver a Chile, y pienso en la posibilidad de que nuestra hija Muriel conozca ese país. Carlos y yo fuimos desde Santiago de Chile hasta la isla de Quinchao.

-Hoy impartes talleres de poesía. Si pudieras susurrarle algo a tu yo de hace unos años, ¿qué le dirías?

Le diría, un poco en broma, pero con firmeza: «¡No escribas con rima consonante, a no ser que escribas un soneto!». Y, también que no dudase en buscar siempre el camino de la poesía.

Autor

  • Ricardo Olave Montecinos

    Ricardo Olave Montecinos (Temuco, Chile, 1997). Poeta y periodista. Su estética radica entre la nostalgia y la poesía situada. Ha trabajado en medios culturales aportando artículos y traducciones. Publicó en Chile 'Enclaustro' (Tortuga Samurái, 2022), el cual en 2023 fue traducido al francés. Sus cuentos han sido seleccionados en las ediciones 2021 y 2023 de Araucanía en 100 palabras. En 2024, inauguró el festival Poetas a la Calle en Fundo El Carmen, con la instalación de un memorial al poeta chileno Jorge Teillier. En 2025, recibió la beca de creación literaria del Fondo del Libro chileno por el poemario inédito Portugal Blues. Acaba de publicar el libro digital 'Lo ruiziano: definiendo qué (chucha) es un Raúl Ruiz'.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *