‘Osario norte’: la lucha por la memoria de Jorge Rigaud

Es sábado, 13 de abril, y la ciudad de Cádiz se prepara para uno de sus días de gloria. El Cádiz Club de Fútbol se juega la permanencia en el Mirandilla contra el Barcelona; en el Falla, los Grammy dedican un homenaje a la figura de Paco de Lucía, pero en el teatro del Títere, en el antiguo Cómico, se va a proyectar una película documental sobre la figura de Jorge Rigaud, el actor que encarnase a San Valentín en la película El día de los enamorados.

Media hora antes el Títere abre sus puertas y ya hay público esperando. Parece incluso complicado que en Cádiz se den a la vez tres eventos tan emblemáticos y aún siga habiendo gente por las calles, pero en el Títere el público va entrando. Hay quienes se saludan y conversan en la puerta, rostros conocidos van haciendo su aparición y cuando dan las ocho en punto luce este teatro como el Carranza de las grandes citas de Mágico. Osario norte, que así se llama el documental, está dirigido por José Manuel Serrano Cueto, quien a lo largo de muchos años se ha ido granjeando un buen nombre dentro de la cultura gaditana, no sólo por su carrera en el mundo del cine, con el destacado nombre de aquel cortometraje que tituló Pelucas, sino también por el Cádiz oculto, los libros que ponen la piel de gallina a cualquier respetable lector que, adentrándose entre sus páginas, descubre los fantasmas más inquietos de la historia de la ciudad trimilenaria.

Paca Gabaldón, Bruto Pomeroy y José Manuel Serrano, durante el coloquio sobre la película.

Con el público ya sentado, José Manuel toma la palabra para dedicar la proyección del documental a sus padres, especialmente a la memoria de su madre, que en esta misma sala solían presenciar las películas que en su época dinamizaban sus vidas y con las que luego, en un salón del barrio de Guillén Moreno, el director gaditano comenzase a enamorarse del cine.

Tras la breve introducción empieza Osario norte, que no es otra cosa que la denodada lucha de José Manuel Serrano Cueto por mantener viva la memoria y devolver la dignidad a la figura de Jorge Rigaud, que encontró la muerte en Leganés tras ser atropellado días antes en plena Gran Vía madrileña y no ser atendido por los servicios médicos como cualquier persona merecería. Y es que, visualizando el documental, no parece que la vida sea una cuestión de merecimientos, al menos no se merece la figura de Rigaud el olvido al que cayó llegando incluso a celebrarse su propio funeral sin una persona que lo acompañase.

Cartel del documental de Serrano Cueto.

Son incomprensibles las vicisitudes y los “vuelva usted mañana” que recibe el director gaditano en su empeño por que el trabajo y la vida de Rigaud sean reconocidos con una placa en el municipio en el que vivió sus últimos años y terminó muriendo. A lo largo de todo el documental, diferentes agentes del mundo del cine que convivieron con Jorge Rigaud comentan su obra, pero hay un protagonismo especial de Paca Gabaldón, presente en la sala, y, sobre todo, Pedro Casablanc, que encarna la figura de un actor en boga actualmente bajo la amenaza de un olvido social tal como el de Rigaud. Una sociedad que no vela por la memoria de sus artistas es una sociedad enferma de incultura y especialmente cruel con aquellos que nos han hecho evadirnos por un momento y acaso comprender mejor el mundo y sus circunstancias a través del hecho artístico.

También muy significativos son los testimonios de los vecinos del edificio donde Rigaud tuvo su domicilio y de la trabajadora social que lo atendió en la residencia de Leganés donde acabó falleciendo, también el recuerdo a la figura del conserje que quizás fuese la persona que mejor lo acompañara en aquellos últimos días de su vida.

Paca Gabaldón en una escena del documental.

Una ovación cerrada empieza cuando se apagan las cámaras y comienzan los créditos del documental, justo antes de dar paso al coloquio que sobre las tablas del teatro del Títere van a tener José Manuel Serrano Cueto y Paca Gabaldón, moderado por Bruto Pomeroy, y en el que se pone una vez más de manifiesto la relevancia de la figura de Jorge Rigaud y lo injusto de su olvido.

La ciudad de Cádiz, la de Quiñones, Ory, Mariana Cornejo, el Beni, Mágico González, Paco Alba, y otros muchos, ya tiene el deber de dar paso a otra generación de referentes entre las que se encuentra con toda justicia José Manuel Serrano Cueto.

Eso sí, no pierdan la memoria, sólo honrando aquella de quienes han ejercido el oficio antes que nosotros seremos dignos de sucederlos.

Los restos de Jorge Rigaud descansan en el osario norte del cementerio de Leganés después de no haber sido reclamados por nadie. Su obra no, su obra no debe morir nunca.

Autor

  • Paco Ramos Torrejón

    Paco Ramos Torrejón (San Fernando, 1981) es escritor y gestor cultural. Ha publicado hasta la fecha 'El aprendizaje del miedo' (Takara Editorial, 2017), 'Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio' (Huerga y Fierro Editores, 2018) y 'Los muertos de Bilderberg' (Huerga y Fierro Editores, 2022). Ha participado en diversas antologías y revistas literarias y ha sido organizador de "Versalados, Festival de Poesía de la Bahía de Cádiz" desde 2014 hasta 2018.

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