Gritos que en un espejo reflejan sombras


Todos los lugares. Silvia López Ripoll. Ediciones Godall. Barcelona, 2026. 75 pp.

Es curioso el acierto en la estructura y el título del poemario de Silvia López Ripoll (Barcelona, 1969) Todos los lugares, al que las palabras y los poemas se apuntan. La estructura es sencilla. La autora nos presenta un poemario bien ordenadito lo que sugiere mucha seguridad en lo que está haciendo. El título que, a priori, puede hacernos pensar en sitios y espacio, también nos lleva a otra acepción de lugar como oportunidad, tiempo, ocasión.

Todos los poemas tienen por título una palabra en otro idioma y cada uno de ellos en un idioma distinto. Ojo. No estamos ante el típico juego de buscar palabras que no tengan una palabra similar en castellano. Algunos títulos son tan universales como el proveniente del inglés: «Love».

La estructura se completa con una cita al final de cada poema que tiene como protagonista a la palabra del título. Siguiendo con el ejemplo de «Love»:

«sabes / dulce amor / que de ti siempre escribo», Willim Shakespeare.

La apuesta de Silva es sencilla. No hay que buscarle tres pies a este poemario por lo que la autora no puede esconderse tras ninguna complejidad que el lector no pueda advertir sin instrucciones de uso. No hay truco. Cada poema establece una relación emocional entre la palabra del título y el epígrafe que lo sucede. No hay un concepto único que los englobe. Cada poema es autónomo en su sentido, Lo apunta la propia autora en una nota final en la que aclara que la ligereza y la imaginación han vaciado los poemas de conceptos concretos, aunque permanece el deseo de coherencia.

Quizás no es posible leer estos poemas desde la distancia suficiente como para abarcar todos sus lugares, el conjunto global. Pero sí se puede leer desde ciertos lugares, para obtener un punto de vista íntimo:

UNO

El primer lugar desde el que se puede leer el poemario es desde el abrazo.

«¿escuchas el silencio / de la palabra dor / y me abrazas?»

Aunque no faltan versos en los que se poetice el abrazo, no es en ellos en los que vamos a encontrarlo de verdad. Silvia apuesta por lo breve y encuentra el secreto del abrazo en una palabra de una sola letra, la conjunción “o”.

«Y si tú eres un secreto / yo te abrazo /para corresponder».

La “o” se utiliza como conjunción disyuntiva, indica alternativa, separación o elección entre dos o más opciones y sin embargo, la autora la utiliza para que las palabras se fundan en un abrazo que metamorfosea sus significados. Así consigue tener a la vez todo el tiempo:

«cincuenta y cinco años / o más / o no tenerlos».

Todas las lluvias:

«o para escribir que llueve mejor o que llueve diferente o que este día no llueve nada».

Todos los significados:

«o bien eso no eran pensamientos o bien eso no eran símbolos o bien eso era polvo de seda».

Y en ese abrazo en el que se funden las palabras, se dan cobijo, sin saber cuál de ellas es refugio o protegida o consuelo o calma o poesía.

Asiente José Lezama Lima (desde fuera del libro):

«las preguntas se divierten o se cierran al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene»

DOS

El segundo lugar desde el que se puede leer a Silvia López Ripoll es desde la sombra. Desde las palabras-sombra. Lo advierte la propia Silvia en una brevísima nota introductoria: «este libro está hecho de palabras, pero en realidad son sombras que quieren proyectarse» y no es una nota inocua. A lo largo del libro encontraremos qué –después de una referencia (literal o semántica) a las sombras– aparece un verso que parece una proyección de esa sombra. Por ejemplo, en el poema «Süuder», un verso más abajo de «gracias sombras / de una vida», aparece esa proyección, las palabras-sombra: «el derrotero de un espejo».

Otras palabras-sombra serán:

«silencio

el viento que no entendemos

tu desorden

tu llama en danza

mentalidad de rueca

las sedas alborotadas

lo indivisible

todas las gracias de perlas».

La luz y la sombra utilizadas para poner el foco o esconder lo que se quiere contar. A veces, lo que queda en la sombra es lo que resplandece. ¿A qué temen más las sombras? ¿A la luz o a la oscuridad? ¿A qué temen más los pensamientos o la poesía?

«Deseo saber cuál es la sombra de tus pensamientos», dice el poeta mongol Hadaa Sendoo en uno de los epígrafes del libro.

TRES

El tercer lugar desde el que se puede leer Todos los lugares es desde el viento. Sí, el viento también puede ser lugar pese a su escasez de materia y su fluidez. Eso es lo que hace la poesía, convertir en materia lo inasible, lo transitorio.

«Erkin (libre) es un viento fugaz
un ciervo en el bosque
una ola de mar».

A través de varios de los poemas, el viento va a arrastrar hasta el lector estrofas que son formas de la autora de entender la poesía. El viento sopla a un ritmo del que se impregnan los versos. Rachas de viendo cortas y repetidas. El viento entre las ramas de los árboles se convierte en música. ¿Hay un nombre para el vacío entre las ramas?

Portada de Todos los lugares de Silvia López Ripoll. Foto de P. Llanos.

«Con cadencia / nueva y olas sueltas / para deslizarlas al viento».

«El viento atraviesa el espacio sin nombre», susurra el poeta indio Kalidása en la página 65.

CUATRO

El grito también puede ser un lugar, el cuarto, desde el que leer este libro. No es gratuito que Silvia López Ripoll, catalana, elija de su lengua, el catalán, la palabra crit (grito) y pida a Mercè Rodoreda que grite con ella:

«para salvarme de, no sabía qué, lancé un grito infernal».

Este grito, que una a Silvia López Ripoll con una lectura de su juventud, La plaza del diamante, que la une con su Barcelona natal, es un grito que acarrea resonancia.

Un grito ruidoso que encuentra reverbero en la sombra de la tormenta, «oigo el trueno lo oigo bien»; en la sombra de las emociones, «que es el ojo del grito / el odio», y en las sombras del tiempo, «la aceleración del ruido»

Y solo emanando de esos lugares oscuros, el grito puede llegar hasta sitios más luminosos:

«Y entonces / como si hubiera poesía / la poesía repitió.

Cuando por fin alguien gritó / ¡la poesía estaba!».

Desde detrás del poema Poezjia, grita Adam Zagajewski : «la poesía es búsqueda de resplandor»

CINCO

El último lugar desde el que se pueden leer los poemas es desde el espejo. Todos los lugares contienen muchos espejos. Espejos cerrados, invisibles, espejos sombra, espejos crisálida, besos que nos reflejan, abrazos que son espejos, «tu mano en la mía nos convierte en dos espejos», el horizonte que es punto de fuga de la visión, el rectángulo de cielo que se ve desde la ventana. Un espejo es un circuito cerrado de significado. Un círculo.

«El cielo / como un círculo / y al mirar / frente a mí / el circulo / miraba mi cuerpo / y frente a mi estaba / el cielo».

Son espejos las traducciones de cada palabra. Espejos que devuelven un reflejo matizado en cada cultura. La palabra es la misma pero no lo es.

Son espejos los epígrafes que proyectan la misma luz de la misma emoción sobre los poemas de Silvia. Una emoción que ilumina o ensombrece de distinta forma dependiendo del ángulo con el que incida en el espejo.

Son espejos Lorca, Clarice Lispector, Miren Agur Meabe, Kazantzakis, etcétera. Todos los autores que aparecen citados. Espejos de la propia autora. Toda poeta necesita un lugar cómplice donde reconocerse.

La intención de la poeta de colocar un espejo o un poema en todos los lugares para que quien lee se refleje o se quede en su ángulo ciego. No hay espejos sin ángulos ciegos, son sombras.

Y esto es bello y arriesgado, sin ese concepto global que los aúne, deben estos poemas ser refugios en los que las palabras busquen su propio relato o más bien, lo adquieran por el hecho de pertenecer al poema, ya sean abrazadas unas a otras o reflejadas en su espejo o cobijadas en su sombra o gritadas en su viento.

En algún lugar, Federico García Lorca abraza a Silvia López Ripoll y le canta: «El grito deja en el viento una sombra de ciprés».

Autor

  • Pablo Llanos

    Pablo Llanos (Donostia-San Sebastían,1974). Ensaya la crítica literaria en revistas como 'Quimera', 'Culturamas' y 'Moon Magazine' entre otras. Ha participado en las antologías 'Eguratsak /Atmósferas' (Noski, 2024) y es autor de los poemarios 'Manual de Modelado de Corazones para Hombres de Hojalata' (Ed. Cuadranta, 2022) y 'Palabras de paso' (Piezas Azules, 2026).

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