No dejarse arrastrar

Es difícil no dejarse arrastrar por la incertidumbre y por lo cotidiano. Enfrentarse a ellas no es tarea sencilla, pero no olvidemos que a nuestro favor tenemos la palabra y el amor. Dos buenas armas para no dejarse arrastrar empleadas en Virtudes de la inercia (Lastura), que publicase en el ultimo trimestre de 2022 Miguel Ángel Real (Valladolid, 1965), autor de los libros de poemas, Zoologías (Ediciones en Huida, Sevilla), Como dados redondos (Cisne negro, México), Les rébellions inutiles (Douro, Francia), la selección poéticabilingüe Comme un dé rond (Sémaphore, Francia). Como traductor de poesía contemporánea en francés y español, ha traducido a más de un centenar de autores para diferentes medios en todo el mundo.

Para el autor vallisoletano afincado en Quimper (Bretaña), la lectura es uno de los refugios vitales, y la defensa de la palabra poética, una de las claves con que no deja de aumentar su sed lectora. Prueba de ello es el conjunto paratextual en cada uno de los textos que conforman Virtudes de la inercia. Las citas actúan como complemento de los textos, ofreciéndonos paisajes existencialistas equilibrados y hermosos.

Según las palabras de la poeta jerezana Monica Manrique de Lara, tras la lectura de este libro de poemas sentimos “un lirismo sinuoso que, al mismo tiempo, acaricia y golpea el alma: mensaje rítmico, lúcido, violento, en busca, sin embargo de equilibrio”. Prueba de que se trata de una obra meditada y unitaria puede verse en la proporción semántica en que constituye los dos capítulos, que contienen el mismo número de poemas: el primero representa el afán de mantenerse alejado de la inercia de la propia cotidianidad que simbolizan las ataduras, la hostilidad y el poco espacio para la libertad (“Virtudes de la inercia”), y el segundo, continúa desafiando lo cotidiano para hallar la extrañeza del disfrute del amor, de los viajes, que implican resquicios libres y placenteros (“Hacia la luz”). El puente que une ambos apartados radica en la palabra; su ajuste y precisión que llegan al ser provocan su definición («Heidegger»).

En esa cotidianeidad somos seres demasiado frágiles, así resulta la metáfora equivalente: “mosaicos bizantinos pero deslavados /ladrillos colgantes en las cúpulas / de una basílica en ruinas”. Uno de los poemas más líricos que se corresponde con ese afán de desafiar el espacio doméstico estaría representado por “Objetos maleables”, donde el sujeto describe todo lo conocido con una sensación de apatía y pérdida: «Es lucha vana moldear los objetos / cotidianos, su lastre de pasado / porque, por mucho que me afane, / tu rostro y tus palabras ya lejanas / me golpean, me empujan, me laceran».

Sobre el aspecto metalingüístico y metapoético, la palabra, hay varios poemas en Virtudes de la inercia donde guarecerse, como refugio contra los días iguales. En otro de los grandes poemas de la primera parte, “Por si necesito justificarme”, Real, cuidadosa con la lengua, más aún teniendo en cuenta que traduce poesía española en lengua francesa, dice: “Las palabras siguen siendo encerronas / pero lo que sé es que quiero huir de sus ecos / y dejarme de guaridas y retóricas”. Allí el sentido de nuestra lengua conlleva un tratamiento taimado por los que son capaces de disfrazar el verdadero significado, y con ellas, engañarnos, por lo que el sujeto poético nos propone también a los lectores que nos mantengamos firmes y despiertos ante tal abuso, sin que por ello tenga que descartar una crítica socarrona: “Me pregunto si para ser más claro las oraciones sirven de algo, / yo que nunca he creído en los encantamientos”.

La intuición de que los poemas que ocupan el segundo capítulo son más optimistas puede verse reflejado en el espacio semántico ocupado por nudos temáticos. Adquiere una marcada relevancia el amor en poemas como “Hacia la luz” o “Cero en geometría”; a pesar de que las palabras se muestran insuficientes, como podía verse en San Juan de la Cruz, como puede leerse al final del poema “Incadescendencia 2”: “Me aferro a la obstinación de ver el final de otro cuaderno / que no sabrá recoger tus trazos”. En el poema “Creencias” el efecto de la metonimia basado en la compañera es tan intensamente íntimo como la propia fe: “Sí. La única creencia es tu piel”. De este modo todo lo que queda en los márgenes del poema el poeta lo deja abierto a la sugerencia, recurre a la imaginación, porque la poesía no nos explica a los lectores ni tampoco nos describe exactamente.

Por otro lado, la forma de que el ser se aleje de la futilidad siempre va afilado, de forma depuradamente crítica. Lo vemos en “Contra viento y marea”: “Sobre el paso de los días, / por encima de las predicciones de protestas venales, / tu levedad, y el aire”.

Miguel Ángel Real.

La llegada de la luz es análoga al hallazgo natural o intuitivo de la palabra precisa, de este modo: “Y una palabra certera – que no hace falta buscar- / llega con la misma precisión que esa pequeña nube blanca”. Ahí Miguel Ángel Real coincide con otro místico pero esta vez onubense, Juan Ramón Jiménez. El poeta no es un espeleólogo cuya labor estriba en la búsqueda profunda, sino que se basa en captar y aprehender lo que la intuición y la memoria le dictan. En esa tarea es relevante que no nos dejemos llevar por la corriente diaria, así nos insta a todos: “desafía la torpeza de los días / e insiste en la tarea de reanimar recuerdos”.

Por último, cabe añadir que Miguel Ángel Real es manifiestamente un buen lector de los poetas de la luz (Guillén o Rodríguez), cuya poética es asimilada en poemas como “La claridad” o “Desde las ráfagas”. En Virtudes de la inercia, bien en verso libre bien en sonetos, el doble matiz expresivo no impide que la emoción por experimentar de nuevas sensaciones del sentimiento amoroso y la creencia de la palabra logre renacer, pues el poeta lo lleva a capa y espada.

Autor

  • Jesús Cárdenas Sánchez

    Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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