Para Antonio Rodríguez Agüera cada exposición es un reto. Con cada nueva muestra da por finalizado un ciclo y se impone el deber de comenzar otro. Con setenta y seis años cumplidos, Agüera sigue siendo un joven pintor dispuesto a plantearse retos continuos.
Al maestro ubriqueño no le gusta exponer cuadros que ya ha mostrado en otras exposiciones: “Entonces no mido por dónde voy, ni intento aprender. Porque mi forma de aprender es trabajar, trabajar y volver a trabajar. Pensando no realizas, aunque se aprenda también”, ha comentado en alguna ocasión. Por eso cada año recopila el trabajo realizado durante ese periodo para enseñarlo al público.
El pasado fin de semana se inauguró en el claustro del Convento de Capuchinos de Ubrique la exposición “Homenaje al olivo. Después de la muerte surge la vida”, en la que el veterano pintor muestra su trabajo del último año.

En esta muestra, que estará abierta durante los meses de junio y julio, Agüera nos presenta una veintena de obras de gran formato que reflejan olivos centenarios de Mairena del Aljarafe (Sevilla), árboles que, a pesar de haber sido arrancados y replantados en parques públicos, florecen cada año. Además, como suele ser habitual, Agüera incluye en esta exposición un autorretrato en el que el pintor se transforma en olivo para mimetizarse con el resto de los cuadros que componen la muestra.
El periodista Antonio García Barbeito, gran amigo y admirador de Antonio Rodríguez Agüera y encargado de inaugurar la muestra, asegura que la mirada pictórica del pintor ubriqueño encierra “la osadía de la montaña y la calma reposada de la cal”. En estos cuadros de Agüera, según García Barbeito, “los olivos centenarios tiene alma, y respiran, y se quejan”.
Troncos retorcidos y ramas que elevan al cielo sus brotes nuevos sobre un fondo geométrico, que simula los jardines en los que los olivos han sido trasplantados tras ser arrancados de la tierra en la que han permanecido durante largos años, son recreados por este pintor, que dota a los árboles de nueva vida a través de la expresividad de su pintura de gruesos trazos negros llenos de movimiento.
Como señala Antonio García Barbeito en el texto que preparó para la inauguración de la exposición, “Fueron olivos ayer. Tocados por la mano del artista son personas. Agüera se hizo olivo para pintarles el alma”.

