Chaves Nogales y un cruzado de la causa antichavista

Hay, por lo que sabemos, dos Joseluises García Martín: uno, el José Luis García Martín ovetense, crítico literario bien conocido en medios universitarios y ágil reseñista semanal de la actualidad literaria; y otro, el José Luis García Martín extremeño, de Aldeanueva del Camino, en la provincia de Cáceres, lector omnívoro y crítico carnívoro de asuntos culturales de amplio espectro, muy activo en las redes sociales —especialmente en Facebook—, antiguo y esforzado antólogo de la poesía española contemporánea y poeta aún secreto, pese a contar con más de una veintena de libros de poesía en su haber, publicados a lo largo de casi medio siglo de insistencia lírica.

Los dos se conocen y mantienen una estrechísima -a la vez que muy alta- relación amistosa, por haber vivido ambos su adolescencia y su primera juventud en la ciudad de Gijón, y los dos mantienen en la actualidad dos prestigiosos blogs literarios cultivados en comandita: Crisis de papel y Café Arcadia. De los dos, el José Luis García crítico literario es quien, al parecer y según todos los indicios, publicó, el pasado 12 de mayo, en su blog Crisis de papel y, en los días siguientes, en varios periódicos regionales de media España, el artículo «Un castillo de naipes sostenido en la fe», sobre mi edición de Guerra Total, los cuentos inéditos de Manuel Chaves Nogales que hay razones serias para considerar una prolongación de A sangre y fuego.

García Martín, el crítico ovetense, empieza en su reseña por preguntarse a sí mismo, para terminar respondiéndose él mismo, sin ninguna intermediación, lo siguiente: «¿Pero es Guerra Total una obra de Chaves Nogales? El minucioso epílogo y los apéndices que acompañan a la edición, casi tan extensos como el conjunto de relatos, nos ofrecen toda clase de pruebas para demostrarlo, incluso el recurso a la inteligencia artificial y a un experto en lingüística forense»… El editor intenta convencernos por todos los medios: «pone todo su esfuerzo en ello, pero no lo consigue».

Las dos principales —o, mejor, únicas— razones para negar la autoría de Chaves Nogales, de acuerdo con lo asegurado por el crítico asturiano (tan contumaz e insistente que no se dejaría convencer ni por la paloma del Espíritu Santo), serían, la primera, que ninguno de los ocho relatos inéditos está firmado por Chaves Nogales, sino por nada menos que cuatro escritores tan escasísimamente conocidos que se les puede llamar desconocidos sin descender a la calumnia: Eduardo Borrás López, Rafael Delgado Almagro, Antonio Ruiz Vilaplana y Fernando de la Milla. Al parecer, para el García Martín asturiano, una firma al pie de un texto es siempre sagrada y, si ocho relatos aparecen firmados —en una misma revista y en el corto espacio de tres meses— por cuatro supuestos escritores, por más que hasta entonces no hubieran escrito un solo cuento, relato o narración, ni fueran a escribirlos nunca en su vida entera, no puede caber duda alguna: Los relatos son suyos y nada más que suyos y «para quitarles su autoría hace falta algo más que la interesada cabezonería del editor». Es decir, que en la «cabezonería» del editor (y lo dice alguien que conoce el sí y tiende a monocultivar el no, pero ignora el tal vez) se resume todo, aunque el estilo, la estructura, la temática y el tono de todos los cuentos —los dos firmados por Chaves y los ocho firmados con seudónimo— sean exactamente los mismos en todos los casos y coincidan a la perfección con A sangre y fuego, el anterior libro de relatos de Chaves Nogales, publicado apenas seis meses antes en Chile, aunque de ello nadie se enterara en París ni en el resto de Europa .

El crítico asturiano no cita, no ejemplifica, no analiza, no comenta ni compara absolutamente nada de los cuentos ni de la revista parisina -el semanario Madrid, que apenas duró trece semanas al inicio de 1938- en que se publican. Para él, lo determinante es que ninguno de los ocho cuentos inéditos esté firmado por Chaves Nogales y que no exista, por lo tanto, ninguna prueba documental, ningún documento escrito, que le obligue a considerar que son, en realidad, obra de Manuel Chaves Nogales.

La segunda gran prueba de que Guerra Total no es obra de Chaves Nogales sería igual de rotunda, pero mucho más alambicada, refitolera y zascandalizante que la primera. Consistiría en proponernos que «también la literatura puede ser cuestión de fe. Y la fe es ciega». Por lo tanto, dado que Chaves Nogales ha sido subido a los altares y está «beatificado» por sus sectarios, cualquier reliquia suya es digna de veneración para los crédulos. Y así es como, hoy en día, al igual que pasó en la Edad Media, pueden inventarse reliquias. De acuerdo con esta formulación cuasi religiosa de José Luis García Martín, los relatos de Guerra Total deberían ser considerados falsas reliquias de un Chaves Nogales hoy en día santificado en exceso y que, por eso mismo, no es ni puede ser santo de la devoción del reseñista.

Portada de ‘Guerra total’.

José Luis García Martín, el crítico ovetense, por la razón que sea, no quiere concederles a los relatos de Guerra Total la más mínima posibilidad real de que estén escritos por Chaves Nogales o por cualquier otro único escritor que colabore en la revista Madrid, en la que aparecieron. Él se atiene berroqueña y heroicamente a su «no es no» y a su «si no están firmados por Chaves Nogales, no son de Chaves Nogales», atribuyéndolos, en la práctica, a cuatro jóvenes escritores gemelos —o clonados de Chaves Nogales— sin la menor experiencia narrativa y apenas obra hasta ese momento. 

Pero una revista es siempre un sistema, un espacio más o menos herméticamente cerrado, y todo lo aparecido en ella tiene obligatoriamente que estar escrito por alguien que colabore en alguno de sus números. De parecida manera, si en una isla apartada fuera asesinado a puñaladas alguien mientras practicaba submarinismo a treinta metros de profundidad, lo razonable sería que, si hubiera algún destacado submarinista en el entorno, ese fuera el principal sospechoso. «Razonablemente» es la palabra clave, pues, si el señor García Martín fuese el encargado de la investigación, preferiría sospechar de todos aquellos que tuvieran unas gafas de buceo, supieran o no supieran nadar.

No quiero extenderme más a cuenta de la reseña sobre Guerra Total, tan disparatada, a mi entender, como entretenida y bien escrita, sino aprovechar lo ya contado para exponer otra reseña, en este caso del José Luis García Martín, poeta extremeño con propensión octosilábica, aparecida el 10 de marzo de 2026 y dedicada al libro Se canta lo que se pierde. Los 50 mejores poemas españoles, comentados, del catedrático y ensayista Andrés Amorós. Bueno, en realidad, lo que quisiera traer a escena es solo un fragmento en el que el profesor y poeta García Martín achaca al ensayista y catedrático Andrés Amorós lo que él se esfuerza en llamar «un error», pero que, a la vez, quizás inadvertidamente, nos da noticia de algo que podría ser bastante más que un mero error, no del prestigioso Amorós, sino del contumaz reseñista.

Así, dice o farfulla don José Luis, el poeta extremeño: «Hay bastantes errores… pero yo me limitaré a señalar uno ciertamente inexplicable: se citan como de Jorge Guillén (pág. 207) unos versos que no son de Guillén, pero que le fueron atribuidos en una entrada de Facebook y luego publicados en libro con el correcto nombre del autor».

El fragmento, además de sospechoso, resultará ciertamente críptico para todo lector que no sepa de qué está hablando realmente el señor García Martín; pero se aclarará bastante si digo que el Facebook aludido es, sin lugar a dudas, el del propio José Luis García Martín, el vate extremeño, y que también el libro al que se alude sin nombrarlo, y no por pudor intelectual,  pertenece a nuestro doliente poeta: José Luis García Martín.

Pero los hechos son los que son. Precisamente por eso son hechos: El 5 de julio de 2025, en el Facebook de José Luis García Martín se reprodujo un poema, «Al margen de Villamediana», firmado por el extraordinario poeta Jorge Guillén, y el mismo poema nos lo encontramos, sorpresiva y sorprendentemente, unos meses más tarde, en un libro de poemas impreso, pero firmado ahora por otro autor poeta bien distinto y de bastante menor rango: el poeta extremeño José Luis García Martín.

El reseñista de Aldeanueva del Camino intenta sostener -y convencernos de ello- que lo que apareció en su Facebook no fue un poema intitulado «Al margen de Villamediana»,  firmado por Jorge Guillén, sino “unos versos”, unos simples versos (Fijémonos en eso, tan despectivo y displicente, de llamarle “unos versos” a lo que es un poema completo), que “le fueron atribuidos» (fijémonos también y muy especialmente en ese “le fueron atribuidos”, en ese “le” que pretende -¿inútilmente?- ocultar con solo dos letras las veinte del nombre completo de José Luis García Martín) a Jorge Guillén. Pero no hay tal cosa. No existe tal atribución. No se trata aquí de un poema «atribuido» a Jorge Guillén por un insomne bloguero, sino de un poema «firmado» por el mismísimo Jorge Guillén. Esa es la cuestión.

El poeta Jorge Guillén.

Dado que el poeta García Martín ha estado muy relacionado, o muy bien relacionado, con una gran cantidad de poetas españoles durante más de medio siglo, no sería imposible —más bien todo lo contrario— que alguien le hubiera regalado el original, o una mera copia o fotocopia, de algún poema desconocido e inédito del gran y no menos prolífico poeta vallisoletano.

Asimismo, estamos autorizados a pensar y a suponer que no hubo ninguna reacción por parte de los desprevenidos lectores del Facebook del señor García Martín ante la revelación de ese poema inédito y que esa falta de reacción pudo molestar a quien tan generosamente lo había dado a la luz —al parecer, no siempre deslumbrante— de las redes. Por eso, no sería del todo descartable que el poco conocido y un tanto escocido poeta José Luis García Martín hubiera sucumbido entonces a la tentación de incluir en una colección propia ese poema, prácticamente desconocido —solo había comparecido en su Facebook—, del ya inmortalizado por la historia de la literatura Jorge Guillén.

Obviamente, si el poeta García Martín se hubiera apropiado de dicho poema, lo habría hecho en la confianza, en la casi absoluta seguridad, de que nadie, una vez pasado el momento, se sumergiría en su muy personal Facebook y bucearía en él hasta encontrar la recoleta ostra negra con perla vallisoletana.

Pero, una vez publicado el libro del muy inquisitivo Andrés Amorós, que reproducía y comentaba el dichoso poema, el poeta García Martín estaría absolutamente obligado a «mantenella y no enmendalla», a insistir en que el poema era suyo y en que era su propio nombre, y no el de Jorge Guillén, «el correcto nombre del autor», aunque no se aportara ninguna prueba documental que corroborara dicha afirmación. Ni que decir tiene que, pillado en falta García Martín, se convertiría Amorós en su inocente y de seguro involuntario denunciante y por lo tanto en el culpable de su desgracia, si está bien llamarle desgracia a la apropiación o robo de un poema de un poeta ya fallecido pero con Fundación.

Tal cosa, la sorpresa, irritación y desconsuelo del poeta extremeño al ver descubierto su juego, explica el que, en lugar de alegrarse de que un crítico de la envergadura de Amorós estudiara y comentara un poema, a fin de cuentas de su mano, aunque apareciera firmado por Jorge Guillén, García Martín se mostrara con él especialmente desabrido, molesto e incluso faltón, como si fuera él el realmente ofendido y atacado, o si se prefiere, como si fuera él, José Luis García Martín -de acuerdo a nuestra escasamente imaginativa hipótesis-, el pillado en falta.

Para el crítico asturiano, la prueba documental inamovible, la madre de todas las pruebas, la prueba reina de que los relatos de Guerra Total no son de Chaves Nogales es que están firmados por otros autores y no por Chaves. Sin embargo, para el vate extremeño quien firme un poema no tiene la menor importancia, porque, cuando a él le convenga, lo firmado será una mera atribución. Y podrá regalárselo, por tanto, a quien él considere y bautice como «el correcto nombre del autor». Hay, por consiguiente, dudas graves de que el poema «Al margen de Villamediana» que incluye el poeta García Martín en uno de sus poemarios sea realmente suyo y no obra de Jorge Guillén, que es quien en verdad lo firma y autentifica con su nombre.

Lo dicho hasta el momento del poema de marras vale sobre todo si lo consideramos un poema bueno o excelente. De ser un poema excelente —al menos es excelente su título, tan guilleniano: «Al margen de Villamediana»—, podría resultar verosímil que lo escribiera en su momento Jorge Guillén y que quisiera apropiárselo García Martín, poeta casi desconocido al que en ningún caso el reconocido crítico Andrés Amorós tendría ilusión alguna en estudiar y antologar.

El pequeño, diminuto problema, al menos desde mi punto de vista, por supuesto discutible, es que el poema no vale gran cosa, si es que vale algo, que no parece. Para mí, lo curioso o, según se mire, lo increíble y hasta lo inexplicable, dejando por fin aparte a Chaves Nogales, es que el poeta José Luis García Martín —porque creo que lo escribió el inocente grafómano José Luis García Martín— haya primero cometido la humorada de perpetrarlo y se haya apresurado luego a publicar en su público Facebook ese pequeño engendro suyo como de Jorge Guillén; que más tarde se haya arrepentido -no de haberlo escrito, como sería natural, sino de haberlo desperdiciado, regalándoselo a Jorge Guillén- y le haya dado acomodo en un libro suyo; y que Andrés Amorós, pese a su enorme conocimiento y pericia literaria, haya tenido la distracción momentánea de creérselo, antologarlo y comentarlo.

¡Vaya por Dios! ¡Qué lío que han armado —y se han armado— con Chaves Nogales y con Jorge Guillén los dos Joseluises García Martín!

Autor

  • Abelardo Linares

    Abelardo Linares (Sevilla, 1952) es librero de viejo y el fundador y director actual de las editoriales Renacimiento y Espuela de plata. Ha publicado un puñado de libros, la mayor parte de ellos a su propia costa. Edita también las revistas literarias 'Calle del Aire', 'Mediodía' y 'Sansueña'.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *