Lléveme a Macondo

No tiene pérdida. Macondo está en el espacio Iberdrola Música, al sur de Villaverde Alto (Madrid), delimitado por la Laguna Dalga, la avenida Real de Pinto, la M-45 y el Camino de la Rabia. Así que resulta que Madrid no sólo es España -como dice Ella-, sino que además es Macondo.

Cuando los ministerios de educación de toda Europa afilan sus navajas para meterle mano al espinoso (y poco lucrativo) asunto de móviles versus menores, cuando la televisión se llena de debates (casi siempre de poca inteligencia natural) sobre las dichas y desdichas que nos puede traer la inteligencia artificial, cuando padres y madres han llegado a prestar más atención, tiempo y energía al control parental que al control fecal de sus hijos… En medio de toda esa guardia pretoriana desplegada en torno a lo virtual, llega Shakira y planta su Macondo en España, con la misma naturalidad que los del 15-M acamparon en la Puerta del Sol, igualmente cargada de razones para explicar su lógico porqué: ya no hace falta que salgáis a la búsqueda de Macondo, Macondo ha venido a vosotros. ¡Alabado sea dios! ¡Alabado sea Dios!, exclaman las cincuenta y siete mil personas que acuden al recinto en cada evento, porque lo que verdaderamente parece seducirnos en estos tiempos son los predicadores: que me lo expliquen clarito, que me lo den hecho, que yo aplaudo, que yo me lo como, que yo lo pago (lo ha entendido muy bien ese predicador andaluz, Manu Sánchez, pero eso es materia para otro artículo y no me quiero desviar).

Macondo ya no es Macondo, es Macondo Park. Atención a la gran capacidad de la arquitectura moderna para des-localizar, y de ese modo eliminar la frustración que para los ciudadanos supone no tener recursos para viajar a su lugar soñado. Arquitectura especializada en no-lugares, espacios que eventualmente pueden albergar un sueño, espejismos de una experiencia. Si lo pensamos bien, Macondo Park no está tan lejos del Poble Espanyol de Barcelona, nacido al calor de la Exposición Internacional de 1929, llamado originalmente Iberona y pensado, en principio, para existir sólo durante seis meses. Concebido, pues, para lo mismo que Macondo Park: ya no tiene usted que arriesgarse a conocer España, se la traemos aquí y se la mostramos enterita. ¡Qué pensaría Ella si supiera que Barcelona un día fue España!

Macondo, según Shakira.

La astucia comercial se basa, en realidad, en un simple desplazamiento semántico: si mostramos Macondo a un millón de personas, todas desistirán de buscar Macondo; Macondo dejará de ser un sitio imaginario (inútil para el mercado, por tanto) y, haciéndose físicamente real, podremos ponerle un precio. Los desplazamientos semánticos suelen ser muy trágicos, lo habitual es que contribuyan decisivamente a procesos de aculturación irrecuperables. Fíjense, por ejemplo, en lo que pasó con la palabra liberal cuando se acomodó en el vocabulario de la derecha capitalista (pero eso es materia de otro artículo y no me quiero desviar).

El desplazamiento semántico conlleva también la desaparición de palabras que ya no sirven (recordemos que la economía lingüística descarta los términos en desuso). En tal sentido, no habiendo Macondos que buscar, ese verbo (“buscar”) y su lógica posibilidad futura (“encontrar”) desaparecerán de nuestro vocabulario. De esto son responsables otros muchos productos similares a Macondo Park, por ejemplo, La Odisea, la reciente película de Christopher Nolan, que nos ha aligerado mucho el esfuerzo vital de preguntarnos cuál es el camino para llegar a Ítaca. Se acabó: ya no tenemos que comernos más el tarro leyendo a Kaváfis. ¿Quién se acuerda de Kaváfis, por el amor de Dios?

Así que con inventos como este de Shakira Factory podemos vislumbrar un futuro bastante cómodo, todo muy próximo, todo muy accesible, muy funcional, muy localizado. Ya lo digo: no tiene pérdida. Coges un taxi en Madrid y le dices al taxista: lléveme a Macondo, y él te planta allí en un plis plas.


Autor

  • María Jesús Ruiz

    María Jesús Ruiz (Día de San Juan de 1962) es profesora de la Universidad de Cádiz, investigadora y escritora. Colabora en CaoCultura desde sus inicios con artículos sobre patrimonio cultural inmaterial, muchos de ellos recogidos en los volúmenes 'El mundo sin libros' (Lamiñarra, 2018) y 'Lo contrario al olvido' (Lamiñarra, 2020). 'Culantrillo llama a la puerta, poética del romancero infantil' (UCLM, 2023) y 'Poética del buceador' (Garvm, 2025) recogen sus últimas investigaciones sobre literatura de tradición oral. Ha editado parte de la obra teatral y poética de Alejandro Casona, y es autora del libro de relatos 'La música me hacía llorar' (Versátiles, 2022) y de la novela-ensayo 'Higinia: Pardo Bazán, Pérez Galdós y el Crimen de Fuencarral' (Huerga y Fierro, 2024). Más información en: https://asonante.webnode.es/

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