Nunca hemos vuelto a prestar atención a las hormigas desde aquellos días de la infancia, en los veranos calurosos, cuando su caravana nos hipnotizaba por su inexplicable obstinación. Por entonces ya nos habían dado lecciones sobre los animales superiores y una confusa y simplificada historia de Darwin —de cuya teoría sólo quedó constancia en los años del franquismo en las etiquetas de Anís El Mono— que siempre reforzó los argumentos a favor de la competitividad, el individualismo y la autoestima como valores supremos del neoliberalismo. Aquello de “sólo sobrevive el más fuerte” venía cargado de otras influencias e intereses muy acordes con las necesidades productivas y la economía neoclásica que consolidaron en el darwinismo social e incluso en la eugenesia.
Entonces no se prestaba gran atención a las hormigas ni a los demás insectos, a cómo estas comunidades diminutas prosperan y sobreviven a tantas adversidades en cualquier rincón del planeta. El tamaño microscópico de sus cerebros nunca mereció la atención de los científicos. Así que ahora que buscamos soluciones para un modelo agotado, nos toca aprender y mucho de las hormigas y de otras colonias de insectos que son una fuerza inagotable de la naturaleza. Su capacidad no se encuentra en la resistencia individual sino en la organización y comunicación que, ahora ya sí, se consideran habilidades superiores porque pueden sacar el máximo partido a los recursos disponibles en contextos hostiles.
La teoría que explica cómo los insectos se coordinan y colaboran sin una planificación previa ni un poder central se conoce como estigmergia, y resulta útil para cualquier actividad porque sus resultados son coherentes y eficaces incluso si los individuos no se conocen o no hay una comunicación directa. El código de esta colaboración es comunicativo, ya que las huellas, las feromonas, el rastro o la acumulación de residuos dan pistas sobre las rutas más sencillas y cortas. Cada una de las decisiones de una hormiga contribuye a la solución del problema marcando itinerarios, señalando espacios y generando atracción. En la Universidad de Harvard ya han experimentado con robots que copian la actividad de las termitas y pueden completar una tarea bajo los principios de la estigmergia.
Para afrontar situaciones complejas, la estigmergia se ha mostrado tan eficaz que ahora los investigadores se están volcando en conocer sus patrones o algoritmos, reglas que también se aplican al mundo digital, a las huellas que dejamos en Internet para simplificar procesos y contribuir a nuevas soluciones que, en ocasiones, superan a las que aportan los expertos. Grandes empresas del sector utilizan fórmulas basadas en la inteligencia del enjambre, en la coincidencia de las palabras que utilizamos en nuestras búsquedas, en los enlaces que compartimos o en las recomendaciones que hacemos.
Ahora se trata de afrontar tareas colaborativas, como son por ejemplo las wikis; no olvidemos que el proyecto Wikipedia y las transformaciones digitales llevaron al fin de las ediciones en papel de la Enciclopedia Británica hace ya tres años. Pronto veremos el impacto del Big Data, la acumulación de datos de la Web, que nos muestra una nueva realidad sobre nuestras vidas y formas sociales.


Maravilloso artículo. La belleza de lo insignificante. Gracias
La razón por la que las hormigas obreras no se reproducen es puramente egoísta, un intento de maximizar su éxito reproductivo, como ocurre en la naturaleza generalmente. Ya sé que el artículo no va sobre eso exactamente, solo lo digo por la introducción esa tan bonita e irreal que le has puesto.
Hola, Karraspito. No sé si he entendido bien: que no se reproducen por trabajar más. Gracias por la lectura y por el comentario
Los individuos «obreros» de las comunidades de insectos sociales en muchos casos son estériles (solo la reina se reproduce). Hace tiempo se creía que esto era una especie de esclavitud por parte de dicha organización social, una especie de imposición biológica. Pero no, resulta que por el tipo de reproducción dentro de la colonia, una hormiga o abeja obrera comparte más genes con cada una de sus hermanas que los que compartiría con una hipotética hija. Así que aunque no fueran estériles tampoco se reproducirían, y si lo hicieran, estarian más «dispuestas» a sacrificarse por una hermana que por una hija, porque así es como maximizarían su éxito reproductivo.
Un saludo.
Gracias, Karraspito. Qué bueno que estés por aquí, cuánto aprendo
Siempre aprendo contigo. Muy interesante .
Gracias, Jesús, es mutuo. Me encanta que sigamos conectados aunque sea por esta vía. Besos
Que hermoso!!! Sencillo, amable, pero sobre todo claro y sorprendente. Gracias. Eres un lujo!!!
Otra forma de ver el mundo. Nos enseñaron que, sin mando, el mundo estaría abocado al desastre y somos más intuitivos e inteligentes cuando se trata de solucionar problemas. A lo mejor, la cuestión no estaba en que buscáramos un superhombre, vamos que también podemos ser una colonia, como las hormigas.
El lujo es tu lectura, los mensajes se construyen también en la lectura.
Gracias!