Cruce de caminos
Jun07

Cruce de caminos

Aquella tarde de súbita neblina el andén se hallaba repleto de una multitud variopinta y agitada. Las gentes, sus equipajes, partían hacia sus soledades o retornaban a sus compañías, se tropezaban, sonreían, suspiraban y —llevados por la urgencia— perseveraba cada cual en su empeño. Las vacaciones de Navidad habían comenzado. El azar o el infortunio, sin embargo —en aquel océano de vidas y bártulos apresurados— hizo que se toparan,...

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Primera persona
Abr19

Primera persona

—Seguramente fue aquella tarde que estaba con los chavales cuando comenzó todo. A rondarme la cabeza esta cosa. Son los que trabajan para mí en el taller. Los chavales, digo. Unos pipiolos. Los llamo así porque eso es lo que son, aunque ellos se piensen otra cosa. Estábamos de despedida de uno de ellos, ya ve, en un bar del Paseo. A la anciana ya la había visto yo antes. Claro. Voy mucho a ese bar. Tiene terraza y suele dar el...

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Franz Kafka: las cuatro paredes de un adjetivo
Oct25

Franz Kafka: las cuatro paredes de un adjetivo

Entre aquellas cuatro paredes, sentado en su pupitre, un adolescente desea ser Kafka. ¿Cómo es posible que un señor se transforme una buena mañana en un insecto? El profesor esboza unos argumentos turbadores que le resultan inquietantemente cercanos, reconocibles. La angustia, la opresión. Lo absurdo. Aún no ha leído un solo libro del autor de Praga, pero sabe del hombre que nunca llegará a conocer el delito del que se le acusa, de...

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Vecinos
Sep06

Vecinos

(Alguien aporrea el timbre) —¿Sí? —Hola, vecino. ¿Tiene wifi? —No. —¿Seguro? Oh, vaya, qué bonito salón… Qué vistas. ¡Y cómo huele! —Pero… oiga… —No me lo diga. No me lo diga. Eso va a ser un arroz con pollo. —Sí… bueno… Todavía no he echado el arroz, pero… —Bonita casa. Sí, señor. Y muy coqueto el despachito que se ha montado. —Yo… —¿Cuál es la contraseña? —¿Qué? ¿De qué? —Del wifi. —No tengo. —¡Ajá! ¡Eso es! Mire, mire ese aparatito...

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Una araña en el espejo
Jul31

Una araña en el espejo

Las palabras en invisible columna se encaminan hacia la madera cuarteada de las vigas del techo de esta casa. Es hacia allí que oriento el auricular del teléfono, con tal de aventar las frases excesivas, conminatorias, atronadoras, que alguien –que de nada conozco– me lanza desde el otro lado, a saber dónde. Los imagino, a los vocablos, golpeados unos frente a otros contra las traviesas. Después de la risa pequeña que me da, oculto el...

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