Olgens Cenejuste: un poeta haitiano perdido en el desierto

Olgens Cenejuste en el Festival Poesías do Mundo. Foto: @ruifernandesphoto.

Olgens Cenejuste (Gonaïves, Haití, 2002) se confiesa “un llamado de la vida: frágil, sensible, pero profundamente real”. En esta entrevista nos adentramos en el particular mundo de un poeta destinado a difundir la cultura de su isla triste, rebelde y esperanzada.

El último lunes de junio de 2025 vi caminar por primera vez, como uno más entre la multitud, a Olgens Cenejuste (Gonaïves, Haití, 2002). No sabía entonces que aquel joven poeta de veintidós años era conocido como Lenini, ni que dentro de él habitaba un imaginario nacido en la fragilidad de una isla que grita hacia el Atlántico las injusticias del colonialismo.

“Un llamado de la vida: frágil, sensible, pero profundamente real”, me confesaría semanas después, cuando a través de correo electrónico quise entender cómo la poesía irrumpió en su destino. Es un hombre de estatura mediana, de una negrura admirable, con una mirada serena que parece ocultar algo, aunque su sonrisa fácil lo desmiente cuando la alegría escasea alrededor.

Durante el Festival Poesías do Mundo —que reúne en Loulé, Portugal, a poetas de diferentes rincones del planeta leyendo en sus lenguas maternas—, Olgens o Lenini aprendió apenas unas palabras en español, pero supo utilizarlas a su favor para cautivar a todos con ellas. Compartimos largas conversaciones entre su creole, su francés, un poco de inglés y mi torpe francés fatigado. Sin embargo, la comunicación no dependía de la gramática: circulaba por otras esferas. “En cuanto a la lengua —me dijo—, diría que la poesía no es ante todo escritura, sino el lenguaje de lo universal. Y dentro de ese universo, todas las lenguas encuentran su voz”.

Me pregunto qué hace un poeta haitiano errante en el desierto, estudiando ciencia política en Marruecos, viajando con la ayuda de la embajada de su país para difundir la cultura de una isla: la primera en rebelarse contra la colonia, la que carga una tristeza conocida por el mundo, y que aun así germina semillas de esperanza. Desde lejos, Olgens convierte a Haití en un sentimiento. “Ese sentimiento se ha convertido en el vínculo más fuerte con mi historia, con mi origen, e incluso con mis heridas”, asegura.


¿Cómo alguien que conoce la pobreza logra escribir con tanta sencillez y, al mismo tiempo, con una emoción desbordante? Sus palabras cargadas de belleza parecen haber nacido de los pies gastados en la calle, donde se respira sensibilidad y honestidad. “Cuando se escribe así, la técnica pasa a segundo plano”, me dijo el poeta temuquense Ricardo Herrera, al leer sus versos traducidos al castellano, hasta hoy inéditos.

En la conversación con Olgens regresamos a ese espacio donde la verdad se roza con el mundo y surge el poema. “En el fondo, escribo para dejar una huella. Para inscribirme en una memoria, en una forma de lenguaje universal. Para no desaparecer sin haber transmitido algo de mí”, sentencia.

En su luminosa juventud, Olgens Cenejuste camina con la certeza de un ciego. Avanza a pasos firmes, en este largo y misterioso camino de la poesía que ha elegido.

¿En qué momento sentiste por primera vez que tenías una voz poética? ¿Fue en creole, en francés o en ambas lenguas?

Sentir que tenía una voz poética es algo difícil de explicar. Mi encuentro con la poesía fue como un llamado de la vida: un llamado frágil, sensible, pero profundamente real. No hubo, propiamente, un solo momento en que lo supe. Pero sí hubo un tiempo en mi vida en que sentí que estaba siendo llamado a ser poeta, o más bien, a vivir desde la poesía. Esa voz se reveló poco a poco, en un proceso interior. Fue entre los 18 y los 20 años cuando entendí que podía, o más bien, que debía ser poeta.
Antes de eso ya escribía poemas, claro está, pero sin la conciencia profunda que hoy me guía. Fue en ese entonces cuando sentí, de verdad, que la poesía era una forma de habitar el mundo, de comprender la existencia, de sostenerse frente a ella.

En cuanto a la lengua, diría que la poesía no es, ante todo, una cuestión de escritura, sino el lenguaje de lo universal. Y dentro de ese universo, todas las lenguas pueden encontrar su voz. Soy un poeta que se expresa en francés y en creole, dos lenguas que cargan mis emociones, mis imágenes y mi memoria.

El poeta haitiano retratado por Ricardo Olave.

Tus poemas son sencillos pero cargados de emoción. ¿Cómo trabajas la escritura? ¿Reescribes mucho o escribes en el impulso del momento?

Siempre es un halago para mí cuando alguien dice que mis poemas son sencillos pero llenos de sentido. ¿Por qué? Porque en mi proceso creativo, la sencillez es un punto de partida fundamental. Siempre busco la simplicidad, sin dejar de estar anclado profundamente en la expresión de toda mi intimidad emocional. Escribir con sencillez, para mí, consiste en elegir las palabras justas para traducir lo sensible.
Cuido que las palabras y las imágenes sean accesibles incluso para el lector más vulnerable, pero sin perder su densidad afectiva. Esta búsqueda de sencillez no es sinónimo de ligereza: busca alcanzar lo esencial, tocar el corazón del otro.

Mi relación con la escritura oscila entre el impulso espontáneo y un trabajo de reescritura, a veces largo. Hay momentos en los que escribo un poema en cinco o diez minutos y no vuelvo a tocarlo. Pero otras veces paso semanas trabajándolo, o incluso lo abandono por completo. Todo depende del instante, de lo que siento, del espacio interior que tengo para escribir.

¿Qué hace un joven haitiano, poeta, estudiante de ciencias políticas en Marruecos? ¿Cómo llegaste hasta allí?

Se trata de un programa de cooperación entre Haití y Marruecos. Cada año, en el marco de este acuerdo, el Reino de Marruecos ofrece becas de estudio a jóvenes haitianos que han terminado recientemente la secundaria. Obtener una de estas becas implica pasar por un proceso de selección organizado por las autoridades competentes. Yo superé todas las etapas necesarias, tanto para el concurso como para los trámites administrativos. Hoy soy beneficiario de esa beca y estoy estudiando en Marruecos desde octubre de 2022.

¿Qué significa Haití para ti hoy, visto desde la distancia? ¿Hubo algún momento decisivo en tu escritura, algún evento, un año, algo que lo cambiara todo?

Desde la distancia, Haití es para mí un sentimiento. Un sentimiento profundo que llevo conmigo, que cuido, que intento alimentar y promover constantemente. Ese sentimiento se ha convertido en el vínculo más fuerte con mi historia, con mi origen, e incluso con mis heridas. Al vivir lejos, me vi obligado a reconstruir Haití desde el exilio. Ya no puedo verla solo como una geografía. Desde esa nostalgia he ido formando un Haití interior, un Haití abstracto pero vivo, que a veces intento reencontrar en una mirada, una sonrisa, un gesto, un recuerdo, una tradición en todo lo que me permita reconectarme conmigo mismo. Haití, hoy, es para mí una presencia afectiva, una resonancia íntima.

En cuanto a un momento decisivo en mi escritura, sí, lo hubo. Diría que el período entre 2021 y 2022, entre mis 18 y 20 años, lo cambió todo. Fue entonces cuando mi voz poética se afirmó, cuando escribir dejó de ser un simple ejercicio para convertirse en un pensamiento, una forma de responder a lo que vivía, a lo que sentía.

En tus versos hay una tristeza suave y una esperanza luminosa. ¿Escribir es una forma de resistir, de sanar, de nombrar?

Escribir, para mí, es una manera de representarse de otro modo, de hacer resonar el silencio, de volverse vivo a través del lenguaje. Es una forma concreta de pensamiento, una manera de traducir la reflexión en palabras, en imágenes, en percepciones sensibles. A través de la escritura se puede compartir lo que uno ha comprendido de un momento, de una duda, de una idea, o incluso de la existencia.

No escribo necesariamente para resistir. Tampoco sé si escribo para sanar, ni siquiera para nombrar. Escribo sobre todo para proponer mi comprensión, o quizás mis intentos de comprensión. Esa propuesta, a veces, puede sanar, puede nombrar heridas, puede sugerir algo de bienestar o de inquietud.
Pero, en el fondo, escribo para dejar una huella. Para inscribirme en una memoria, en una forma de lenguaje universal. Para no desaparecer sin haber transmitido algo de mí.

Cenejuste durante una de sus lecturas en el Festival Poesías do Mundo. Foto: @ruifernandesphoto.

¿Qué papel juega el creole haitiano en tu poesía, incluso si no lo usas directamente? ¿Está presente en el ritmo, en la memoria, en la sonoridad?

Mi escritura está anclada en una base creole, incluso cuando pasa por el francés. Esto se manifiesta en una forma directa de abordar los temas, de ir al grano, con una cierta intensidad y una voluntad de expresar el coraje a través de los versos. Esa tensión entre fuerza y medida la siento profundamente creole. Mi escritura es fundamentalmente haitiana: la lengua, el ritmo, las imágenes que uso llevan esa identidad. Aunque la inspiración pueda venir de otros lugares, la forma que toma está marcada sobre todo por mi pertenencia creole.

En mi poesía hay una voz originaria: una memoria, un ritmo, una forma de vivir las palabras. Haití está siempre ahí, en segundo plano, en cada verso, en cada impulso del lenguaje.

¿Te sientes parte de alguna tradición poética o literaria en particular? ¿Haitiana, africana, francófona, caribeña u otra?

No. En absoluto.

Participaste en el Festival MED, compartiendo tu poesía con personas de distintos países y lenguas. ¿Qué impacto tuvo esta experiencia en tu vida poética?

Ha sido una de las experiencias más hermosas que he vivido como joven poeta. Compartir mi poesía con personas de distintos países y lenguas fue para mí una verdadera fuente de diversidad artística. Lo que más me marcó fue la riqueza de los encuentros: poetas que se expresaban de formas distintas, tanto por su lenguaje como por su pensamiento, su sensibilidad o su manera de interpretar el mundo. Esa diversidad la considero una verdadera riqueza. Es lo que mantiene al arte vivo, vibrante, siempre sorprendente.

Pero más allá del aspecto artístico, fueron los encuentros humanos los que más me tocaron. Nuevas voces, nuevos rostros, nuevas sensibilidades. Doy mucha importancia al encuentro: veo en cada persona una unicidad, una humanidad que no hay que dejar pasar. El Festival MED es uno de los momentos más intensos que he vivido, primero como ser humano, luego como artista. Después de esta experiencia, me siento un poco más yo mismo, enriquecido por las diversidades humanas que crucé, y más habitado aún por esta búsqueda del mundo interior que trato de construir con el espíritu.

Hasta ahora has compartido tus poemas en concursos y lecturas. ¿Cómo imaginas tu primer libro de poesía? ¿Sabes ya qué forma tomará, qué poemas incluirá, en qué lengua lo escribirás?

Estoy trabajando en mi primer libro de poemas, que será publicado en francés. Ya he empezado a escribir muchos textos, tomándome el tiempo de crearlos con el corazón. Mi objetivo es ofrecer un libro muy expresivo, que refleje tanto la evolución de mi escritura como el desarrollo de mi pensamiento y la construcción de mi identidad poética.

Este libro buscará articular una parte importante de mi visión, tanto en torno al poema mismo como a ciertos conceptos esenciales que me atraviesan. No siento urgencia por publicar a toda costa; prefiero dejar madurar el proyecto para que marque una etapa significativa en mi camino artístico. Este primer libro lo veo como un paso importante, aunque no definitivo, en lo que estoy construyendo, lenta pero seguramente, como voz poética. Y llegará muy pronto.

Autor

  • Ricardo Olave Montecinos

    Ricardo Olave Montecinos (Temuco, Chile, 1997). Poeta y periodista. Su estética radica entre la nostalgia y la poesía situada. Ha trabajado en medios culturales aportando artículos y traducciones. Publicó en Chile 'Enclaustro' (Tortuga Samurái, 2022), el cual en 2023 fue traducido al francés. Sus cuentos han sido seleccionados en las ediciones 2021 y 2023 de Araucanía en 100 palabras. En 2024, inauguró el festival Poetas a la Calle en Fundo El Carmen, con la instalación de un memorial al poeta chileno Jorge Teillier. En 2025, recibió la beca de creación literaria del Fondo del Libro chileno por el poemario inédito Portugal Blues. Acaba de publicar el libro digital 'Lo ruiziano: definiendo qué (chucha) es un Raúl Ruiz'.

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