Un remanso tibio

‘De lo terrible’. Ana Martínez Castillo. Chamán ediciones. Albacete, 2020. 108 pp.

Es sabido que las tensiones entre la vida y la muerte generan diferentes conflictos en el ser. En ocasiones es sorprendente lo que el ser es capaz de soportar antes de sucumbir. Bajo los influjos de Rilke, Ana Martínez Castillo compone en De lo terrible (Chamán Ediciones) un libro de poemas que rastrea la capacidad lumínica que hay en lo oscuro, la dimensión de fulgor que puede iluminar una flor yaciente.

La escritora albaceteña ya mostró su interés por los restos del ser y el advenimiento de la muerte en los libros de poemas anteriores, Bajo la sombra del árbol en llamas (2016), La danza de la vieja (2017) y Me vestirán con cenizas (2019). Aunque es en esta última entrega lírica donde tal vez parezca más convincente, con una expresión más libre y evocadora.

El título De lo terrible se extrae de la célebre cita de las Elegías de Duino donde el austro-germano atraía el interés sentido por los románticos en fijar la atención en lo aterrador y sobrehumano. Con una sensibilidad lírica semejante, Martínez Castillo crea un libro de gran consistencia unitaria, con una sonoridad trascendente en imágenes oníricas. Una sucesión de cuarenta composiciones en prosa de dulce sonoridad recorren en sentido contrario dos secciones, como una búsqueda retroactiva de la existencia. Esta estructura, tan bien meditada, encuentra en la propia expresión y en la constante presencia de la muerte los dos ejes sobre los que gira la identidad, y acaso el sentido de la vida.

El título de la primera parte, como en un guiño al lector, lo hallamos en la composición «Treinta y ocho»: «He dicho fin y principio, como si no fuera suficiente el mundo, como si fuera a nacernos en las manos la gran música, como si estuviéramos huérfanos y hambrientos, como si tuviéramos muchos sitios a los que huir y no pasara nada». El decir se asienta con fuerza entre una existencia insatisfactoria, como si la derrota fuese tan adentro que inutilizase nuestros actos. Una necesidad interior que plantea puntos de fuga. Como ya escribiera Olvido García Valdés: «La vida es terrible, / pero el mundo es hermosísimo».

 

Si el lector vuelve al punto de partida, a la composición «Cuarenta», podrá deducir el afán de comunicación de Martínez Castillo pero más bien parece un reto en la lectura: «Podéis desordenar estas palabras si queréis». Es admirable la capacidad sonora lograda gracias a enumeraciones que asocian elementos reales e imaginarios como obtenidos de un sueño; acumulaciones inhóspitas que exploran la belleza en la expresión. A través de una enumeración con polisíndeton nos concita al instante, al hic et nunc: «todos aquí y ahora, quietos y unidos en el absurdo, para que tú –sí tú-, intuyas el hueco y la liebre y el bosque y la vejez y la rueda y el grosero atisbo del viento». La creación de una atmósfera ensoñada, tan de Rilke como de Wilde, en ocasiones de tan tenebrosa casi fantasmagórica llega a producir una respiración profunda, pues el ser queda reducido, como vemos en «Veintidós»: «Te sabes irreal, pequeña, frágil. Te sabes único ser en las aristas inmóviles de la noche». O expresado en tiempos de pasado, como si en el ser coincidiese una parte viva y otra muerta, así vemos en «Seis». Se fortalece una tensión comunicativa que busca la revelación de semejanzas acerca de realidades plurales o contrarias que terminan por mostrarnos el envés semántico.

En la exploración analógica de lo real encuentra lo que figura debajo de la superficie, mediante la fidelidad a lo exacto la intemperie del mundo se abre en todas sus dimensiones, como leemos en «Treinta y cinco»: «Encontraremos el término preciso, la palabra noctívaga que desdeña su plumaje, y diremos entonces envés, cadáver de polilla, hielo blando de la tarde», y lo volveremos a encontrar en «Uno». Aprovechando las asociaciones inesperadas, como un interior pleno de contradicción, («al margen de la aurora o bisturí»), las composiciones ganan en densidad plástica logrando en cada poema un singular impulso de sensorialidad y asombro.

Ana Martínez Castillo.

En todo proyecto de exploración de la identidad siempre hay inseguridades que amenaza con resquebrajar la unidad. En «Dieciocho» se expresan esas dudas: «No sé si serás tu quién acercará el calor». Especialmente delicado y bello es el texto «Dieciséis», donde el uso común del lenguaje empleado por los demás explosiona con el yo. La atmósfera misteriosa se filtra cuando se manifiesta el conflicto interior: «Y no importaba la tormenta. / No importaba la fiebre. / No sabíamos nada de las cenicientas grietas del invierno. Ella siempre estaba ahí» («Catorce»).

Toda esta imaginería no oculta el latido más cercano, el confesional en el conmovedor texto «Dos», que reproduce las palabras testimoniales de una madre a una hija en el caso de que no estuviese; todo un testimonio vital que nos tonifica como seres humanos. Impresiona el poder de la palabra para no caer en un dolor excesivo: «Cuando muera, dile a mi hija […] y luego pero que lo intenté […], para concluir lo único de verdad que hice fue quererla, sobre todo quererla.

En varias composiciones se nos muestra la vida bien como camino fatigoso bien como promesa. En cualquier caso, De lo terrible nos instala en un mundo ajeno al inclemente transitar. El humo se lleva la ceniza, dejando un rastro de pérdida. Como si la autora ahondase en la memoria de otro mostrando una geografía desconocida, lo que nos da muestras de una imaginación crecida. Extrañamiento y poder evocador en estos poemas de Ana Martínez Castillo, como si entrase en un blues lento y enigmático: «Quiero un remanso tibio donde morir soñando pájaros y escaleras» («Cuatro»).

Jesús Cárdenas Sánchez

Autor/a: Jesús Cárdenas Sánchez

Jesús Cárdenas es licenciado en Filología Hispánica, Programa de Doctorado de Ciencias del Espectáculo (Universidad de Sevilla) y Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Es autor de los libros de poemas: ‘La luz de entre los cipreses’ (2012), ‘Mudanzas de lo azul’ (2013), ‘Después de la música’ (2014), ‘Sucesión de lunas’ (2015), ‘Los refugios que olvidamos’ (2016), ‘Raíz olvido’ (2017) y ‘Los falsos días’ (2019). Varios de sus textos se han traducido al inglés, francés, portugués e italiano. Como crítico literario y periodista cultural colabora con diferentes revistas literarias.

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