“Sin habitación propia es algo mío, un proyecto que empezó a hace seis años cuando leí la Antología de poetas suicidas de Gallero. Solo aparecía una mujer, creo recordar, pero pensé que las razones históricas por las que hombres y mujeres se suicidan son muy distintas. Me interesó mostrar esas diferencias”, explica Carmen Moreno, escritora y directora de la editorial Cazador de Ratas, que acaba de cumplir un año de vida.
Seis años en los que ha pasado largas horas encerrada en la Biblioteca Nacional, leyendo biografías, “al menos tres de cada una” de estas escritoras de diferentes épocas y procedencias unidas por el nexo común de la desesperación, de la enfermedad mental, en la mayoría de los caso, y de la incomprensión del mundo que las rodeaba.
La edición de este libro es una iniciativa de La Fundación Novoneyra, a la que le interesó mucho el trabajo propuesto por Carmen Moreno: “Este es un proyecto sobre mujeres escritoras que acabaron con su vida, pero también sobre la relación entre la locura y el mundo literario, el mundo de la creación y la disconformidad con lo que nos rodea”.
El objetivo de Sin habitación propia es “acercar al lector los últimos momentos de estas dieciséis mujeres que acabaron suicidándose, acuciadas por la presión social, las enfermedades, las penurias. Dieciséis relatos que intentan meter al lector en la vida de estas creadoras. Un repaso por la historia de la literatura del siglo XIX y XX que menos se ve, que menos se estudia: la femenina”.
Safo, Karoline Günderrode, Teresa Wilms Montt, Sarah Teasdale, Florbela Espanca, María Polydouri, Charlotte Perkins Gilman, Alfonsina Storni, Antonia Pozzi, Karin Boye, Marina Tsvietaieva, Elise Cowen, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Marilyn Monroe son esta dieciséis mujeres escritoras “marcadas por un sistema, más que patriarcal, machista”.
“A la mayoría de ellas les estaba prohibido el acceso a la cultura. Es el caso, por ejemplo, de Teresa Wilms Montt: su marido la recluye en un convento y le retira la custodia de sus hijos para que no escriba. Son mujeres machacadas por una sociedad machista en general y por algunos hombres en particular. Casi todas acaban con una enfermedad mental, acaban matándose. Menos Safo, que según creo recordar, fue Catulo quien crea la leyenda de su suicidio. Pero es la única. Todas vivieron en sociedades en las que se les hacía la vida insoportable. Menos soportable sobre todo cuando llega al poder la Iglesia Católica, que defiende la anulación de la mujer”, comenta Moreno.
La inclusión de algunas de estas escritoras ha sido “algo arriesgada”, como es el caso de Marilyn Monroe, “una mujer que quizá tuvo la desgracia de ser demasiado guapa, pero que está aquí por su calidad literaria”. “Hay mucho escrito sobre ella, muchas biografías, pero todas se centran en su parte más erótica, más corporal. En este libro se la trata desde otro punto de vista”, añade la autora.
Carmen Moreno se ha encargado de la mayoría de las traducciones de los poemas incluidos en el libro. “Tan solo las traducciones del ruso y del alemán han sido prestadas”, puntualiza.
Pero Sin habitación propia no es una antología: “Me interesaba recrear los últimos momentos de la vida de estas autoras, los datos biográficos concretos ya estaban publicados. Mi trabajo ha sido crear una biografía ficcionada, pero bien documentada. Además, se han incluido cinco poemas de cada una de ellas. Menos en el caso de Elise Cowen, que únicamente se incluyen tres. Ella era una de las pocas mujeres de la Generación Beat, que, pese a su calidad, fue excluida por el falocentrismo dominante. Ella era muy admirada por Allen Ginsberg”.

La publicación de este libro se hará gracias a aportaciones de particulares bajo la fórmula del crowdfunding, que se inició hace unos pocos días y que ya ha logrado reunir más del sesenta por ciento de los 6.000 euros que cuesta la edición y publicación de esta obra.
Carmen Moreno explica que se ha elegido este sistema porque tanto a ella como a La fundación Novoneyra les pareció interesante medir de algún modo “el grado de implicación que la gente podía asumir frente a un proyecto de estas características”. “Queríamos saber qué ocurriría. Queríamos saber si interesaba o no y, de paso, hacer un pequeño estudio sobre a qué tipo de personas les parecía importante que se publicase un libro así”, señala Carmen.
Moreno reconoce que la visibilidad que se le da a las mujeres escritoras es menor que la que se le da a los hombres incluso en nuestros días y admite que, como editora, le llegan “menos manuscritos de autoras que de autores” y que publica “pocos libros escritos por mujeres”, pese a que “las mujeres consumen más poesía que los hombre” y que “ellas participan más” en eventos culturales.
“Las mismas mujeres han sido a veces las causantes de que estemos más ocultas. Ha habido una especie de acuerdo tácito para permanecer así y, por desgracia, eso vuelve con más fuerza. Cada vez hay más chicas jóvenes que piensan que han nacido para estar en casa”.

