La naturaleza misteriosa de las relaciones humanas

‘La mujer singular y la ciudad’. Vivian Gornick. Traducción de Raquel Vicedo. Sexto Piso. Madrid, 2018. 135 pp.

Muchos escritores han reflejado en sus textos las ciudades en las que vivieron, o las que adquirieron un significado especial para ellos, hasta quedar, en ocasiones, los nombres de unas y de otros íntimamente unidos. Es el caso, por ejemplo, de Pérez Galdós y Madrid, de James Joyce y Dublín, de Alejo Carpentier y La Habana, de Kafka y Praga, de Borges y Buenos Aires, de Murakami y Tokyo, de Dickens y Londres.

En La mujer singular y la ciudad (The Odd Woman and the City en el original), Vivian Gornick nos habla de Nueva York. Pero no de esa fabulosa ciudad mítica, capital del mundo y plataforma de lanzamiento de jóvenes cuya genialidad se verá universalmente reconocida si consiguen triunfar en la Gran Manzana, según cantó Frank Sinatra. “Esa no es mi ciudad”, afirma la autora. “Mi ciudad es la ciudad […] en la que no vamos a ningún sitio, sino que ya estamos allí; nosotros, la gente normal y corriente que vaga por estas miserables y maravillosas calles en busca de un yo reflejado en los ojos de un desconocido”.

Nueva York y el discurrir de la vida a través de la mirada de una mujer “singular”. ¿Por qué este adjetivo para definirse? Sin duda por la multiplicidad de significados del término inglés. Pues “odd” no solo significa “singular”, “raro”, “extraño”, sino también “impar”, y “desparejado”, y “soltero”. Quien habla en estas páginas es una mujer que reivindica su independencia, consciente de la “injusticia social preestablecida” que padece por el hecho de serlo.

Vivian Gornick, nacida en el Bronx en 1935, ha vivido siempre en Nueva York, y su materia humana nutre esta obra. Al igual que Dickens o Victor Hugo (“los dos más grandes escritores de la vida urbana del siglo XIX”), las multitudes con las que se cruza en sus largos paseos diarios le permiten observar, registrar, constatar los cambios sucedidos a lo largo del tiempo y reflexionar. Pues este libro, mitad ensayo, mitad memorias, está plagado de reflexiones inolvidables acerca de la amistad, acerca del amor y del sexo, del paso del tiempo, de la soledad y de qué es lo que define al ser humano.

Tres son los puntos de partida que dan pie a estas reflexiones. Por una parte, interacciones cotidianas en todo tipo de escenarios neoyorkinos (una calle, un bar, un supermercado, la casa de un amigo, el metro, una fiesta, un concierto, un autobús, un museo, la cola de un comedor social), en las que puede ser que Gornick intervenga o simplemente que las observe y anote. En segundo lugar, pequeños relatos autobiográficos que incluyen, entre otras cosas, recuerdos de la difícil relación con su madre, inteligentes diálogos con su amigo gay Leonard (otro “singular” como ella, y su conversador favorito desde hace muchos años), o confesiones acerca de relaciones de pareja, sus incomunicaciones y sus luchas de poder. Y, en tercer lugar, citas y anécdotas literarias por lo general relativas a escritores clásicos de la literatura en lengua inglesa como Keats, Henry James, Samuel Johnson, Coleridge o Wordsworth.

Vivian Gornick.

“La mayoría de la gente está en Nueva York porque necesita muestras —en grandes cantidades— de expresividad humana; y no las necesitan de vez en cuando sino todos los días”, dice Gornick. Una de las más bellas muestras de esa expresividad aparece en la siguiente anécdota. Mientras viaja en el metro, observa a un niño de unos siete años sentado frente a ella. Es un niño deforme, cuya cara recuerda la del Hombre Elefante. El hombre joven que lo acompaña comienza a hablar con él en lengua de signos: “Al principio me da vergüenza observarlos tan fijamente y desvío la mirada una y otra vez, pero parecen tan ajenos a todos los que les rodeamos, que no puedo evitar levantar los ojos constantemente del libro. Y entonces ocurre algo extraordinario: el rostro del hombre destila tanto placer y ternura a medida que las respuestas del niño son cada vez más animadas —la boquita torcida sonríe, los ojos desnivelados se iluminan—, que el mismo niño empieza a transformarse. Conforme las estaciones se van sucediendo y el intercambio va absorbiendo más al hombre y al niño, los dedos vuelan, ambos asienten con la cabeza y ríen, me descubro pensando: ‘Estos dos se están humanizando el uno al otro de un modo asombroso’. Para cuando llegamos a la calle Cincuenta y Nueve, el niño me parece hermoso y el hombre, beatífico”.

En La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick nos ofrece un canto de amor a la vida urbana, a la buena conversación, a las multitudes y al encuentro fugaz con desconocidos. “Nunca estuve menos sola que sola en mitad de una calle llena de gente”, dice. Por eso su libro es una recopilación de voces, de innumerables voces que se apilan unas sobre otras sin reemplazarse. La ciudad y sus habitantes como espejo de las muchas maneras de vivirnos y sentirnos en cuanto seres humanos.

Elena López Torres

Autor/a: Elena López Torres

Elena López Torres es Doctora en Filología Inglesa. Ha sido profesora titular de la Universidad de Cádiz durante más de dos décadas. Ha publicado diversos libros para la docencia, y artículos de tipo académico en revistas nacionales e internacionales. En el campo de la creación literaria, es autora de 'El mueble oscuro y otros relatos' (Renacimiento, 2011), y de la novela 'El yacimiento' (en prensa).

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